Los animales de laboratorio, esos desafortunados ratones, cobayas, monos y demás mamíferos que nacen en una jaula, viven una jaula y suelen morir tras unos cuantos jeringuillazos entre divertidos síntomas estudiados cuidadosamente por los científicos, creen seguramente que ese ambiente que les rodea es el mundo. No tienen capacidad de pensar que otro mundo existe fuera de las paredes del laboratorio, lleno de plantas, acogedoras madrigueras, hermosas noches a la luz de las estrellas, frutos jugosos y peligrosas aves rapaces. Para ellos, todo eso no es. Sólo creen (o creerían si tuvieran esa capacidad) en el mundo-laboratorio. A veces me pregunto si no nos pasa a nosotros lo mismo (y que conste que sé que esto ya lo propuso Platón hace 2.500 años con la parábola de la caverna, lo que indica mi escasa originalidad). ¿No asumimos como normales cosas y hechos extraordinariamente raros? Pensemos un poco: - ¿Tiene realmente sentido un mundo en el que millones de personas dedican el 4% de su vida a observar y oír los aportes de alguien como Belén Esteban? - Asumimos que podemos obtener información sobre cualquier tema (y convertirnos en lo suficientemente expertos para emitir opinión sobre todo), simplemente tecleando unas palabritas en una cosa llamada “buscador” que dos niñatos de Standford crearon hace doce años, y damos validez a cualquier resultado que nos dé. ¿No somos un poco creídos?. - Y a su vez, nos creemos cualquier información que nos llegue en medio escrito o televisivo, siempre que haya una introducción en la que aparezca la mágica palabra “expertos”: Los expertos afirman, los expertos vaticinan… Da igual la barbaridad que afirmen: que se va a infectar de gripe A el 60% de los españoles, que el nivel del mar va a subir treinta centímetros (o un metro, o va a bajar), que el crecimiento del paro se desacelera, que vivimos en la sociedad del bienestar… si lo dicen los expertos, es una verdad insobornable. - Se han creado unas asociaciones para defender los derechos laborales de los trabajadores. Para ello estas asociaciones cuentan en España con 300.000 personas cuya función es cobrar por no trabajar. Muy lógico, ¿no?. - Pensamos que tenemos nuestros derechos garantizados por una entelequia llamada poderes públicos y caminamos con la cabeza bien alta como orgullosos miembros del mundo desarrollado occidental, seguros de nuestra integridad física y moral. ¿podemos realmente ser tan ingenuos? - Y cuando nos sentamos a la mesa, podemos comer tranquilamente, sin que ni siquiera repararemos en ello, pescado de Vietnam, tomates de Argelia y manzanas de Argentina, todo al alcance en el Eroski más cercano… ¿No es raro? El mundo en el que vivimos, que aceptamos como inevitable y/o perfectamente racional se muestra, a poco que reparemos en él, como algo sin demasiado sentido en muchas ocasiones, un lugar lleno de realidades absurdas pero que asumimos como si no hubiera otra forma de ser o existir. ¿No seremos todos cobayas de un experimento sociológico gigante? ¿o como afirman muchos, tan sólo el simple sueño-pesadilla de un dios menor? ¿Existe la pastillita roja de Morfeo que nos haga ver las cosas como son realmente, o como deberían ser? ¿La necesitamos realmente, o tal vez es mejor no pensar con claridad sobre nuestra realidad diaria?
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Cualquiera puede ser conspiranoico
La seguridad es una de las necesidades básicas del ser humano y a ello nos plegamos todos aunque signifique, en muchas ocasiones, vivir sumidos en la alienación. Lo sabemos, y por eso las metáforas tipo Matrix tienen tanto éxito últimamente (aunque la idea, seguramente, es anterior a las Mil y Una Noches).
Nadie puede vivir constantemente poniendo en cuestión el sistema, como decía Big Brother, por una simple cuestión de salud mental, pero no deja de ser triste que hayamos perdido esos ojos que miran el mundo como si fuera una novedad permanente.
O tal vez lo que hemos perdido ha sido simplemente la mirada propia del sentido común.