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El Estado, la Opción Política y la Felicidad (S. Bayona)

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La felicidad en el ser humano es algo más complejo que la simple satisfacción de los instintos primarios, debido al componente espiritual del que hablábamos en un post anterior, (componente que cabría considerar también un instinto humano primario).
Pero, con la misma fuerza con la que el hombre se ve impelido a la búsqueda de la felicidad, se ve abocado, en sentido contrario, a encontrar un culpable de su infelicidad.
La forma de concebir y enfrentarse a esta marea acción/reacción determina, en el fondo, el modelo de sociedad que cada uno de nosotros defiende. Me explico:
- Aceptar la propia espiritualidad implica una visión trascendental de la felicidad, en tanto en cuanto establece una relación con una cierta colección de parámetros éticos, normalmente relativos al "bien ajeno" y/o a la vida eterna.
- Negar, por el contrario,  la propia espiritualidad, circunscribe la felicidad a la posibilidad de consecución de objetivos "inmediatos". Por tanto los medios que se utilicen para alcanzarlos son responsables en último término de haberlos o no conseguido.
Traducido al lenguaje político: mientras los primeros pueden considerar el estado como un mero garante de los mínimos de la convivencia cívica, los segundos no tienen más remedio que volcar sobre él sus esperanzas de felicidad, y éstas relacionadas directamente con la cantidad de recursos que puede proporcionarles.
Por eso, en función de quién ostente el gobierno de un país (y en función de su aceptación o negación de la espiritualidad antes comentada), el aparato del estado tenderá a crecer o a menguar (o, al menos, a no seguir creciendo), es decir a aumentar el déficit público o no, a asumir cada vez más y más competencias (incluso las propias del ámbito personal) o no, a desear el totalitarismo como forma ideal de gobierno o a... Bueno, eso lo desean todos.
Aunque uno no sea del todo consciente de ello y ésta no sea una regla universal, existe una relación directa entre la propia espiritualidad y la tendencia política ejercida. Por ello, además,  hay una tendencia política más proclive que otra al ateísmo, y (más que al ateísmo), a la persecución de la natural tendencia espiritual del ser humano.

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16/02/2009 ir arriba
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YO DISCREPO DE LA DISCREPANCIA
El post hace una sugerencia, no busca establecer un dogma. Pero fíjate bigbrother, que eres tú el que menciona por primera vez la religión, el post no lo hace, de hecho habla sólo de la dimensión espiritual del hombre (y de la mujer, que diría un ministro). Y yo sí que creo que existe relación entre espiritualidad y tendencia política, pero si uno quiere hablar de ello en diez líneas tiene lógicamente que simplificar...
invitado - [18/02/2009 14:00:12] - ip registrada
Esta vez discrepo. Me explico:
1.Aceptar la propia espiritualidad no tiene por qué tener relación alguna con la noción de vida eterna

2. De hecho, la noción de vida eterna no tiene por qué tener nada que ver con los parámetros éticos, pues es más propia de la religión

3. Mezclar espiritualidad, tendencia política y ateísmo buscando una relación entre tales conceptos lleva a una generalización simplista

4. En fin, que los valores morales pueden conducir nuestra vida por un itinerario virtuoso sin tener que subir al tren de la religión
BigBrother - [18/02/2009 13:26:51] - ip registrada
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