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En Busca de la Identidad Perdida (Salvador Bayona)

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No acabo de comprender cómo la defensa de la naturaleza humana que hacen los que se llaman a sí mismos (en un osado alarde de incultura) "humanistas", excluya tan fácilmente las aspiraciones trascendentes del hombre.
Porque la procedencia de sus postulados tiende a inyectarnos sin que nos demos cuenta  consignas útiles para el sistema ("consuman", "progresen", "trabajen"…) consignas que en sus versiones refinadas nos imponen un modelo de familia, unas pautas de comportamiento, un lenguaje políticamente correcto, etc.
Incluso la libertad es obligada, siempre que no se utilice para oponerse al discurso oficial.  De manera que tener una concepción no oficial, no ya del bien y el mal, sino de los comportamientos, admisibles o no, es tachado inmediatamente de totalitario.
Como consecuencia de esto, el individuo, convertido en marioneta y desarraigado de su propia naturaleza, es impulsado por esas mismas consignas oficiales a buscar su identidad de pueblo, de lengua, de Rh, de tendencia sexual, sus preferencias culturales, muchas veces utilizando la historia (real o no, eso no importa) como argumento.
Sin embargo, una de las cosas que distingue al ser humano es obviada, ridiculizada, y hasta proscrita: su ansia de trascendencia.
Provocada o no por el miedo a la muerte, lo cierto es que la espiritualidad del hombre le ha acompañado desde los albores, ha sido motor social, ha influido más que ninguna otra cosa en la organización social, ha producido las mayores obras salidas de manos humanas.
Debería ser, por tanto, más propio que desde el aparato estatal se incentivara el desarrollo de la espiritualidad como signo de identidad en lugar de invertir en recuperar lenguas, bailes regionales, o en convertir en héroes del hecho diferencial a papanatas que no destacarían por méritos propios en una convención de mediocres.
Y sin embargo se niega sistemáticamente la espiritualidad. Como si no existiera, como si creer en Dios en cualquiera de sus manifestaciones fuera propio de subnormales (nótese que no he dicho disminuidos psíquicos), como si para encontrar nuestra identidad tuviéramos que negar esta parte tan importante de nosotros.
Pero hay una explicación:
Ni los bailes regionales, ni la lengua propia de mi comarca, ni mi tendencia sexual me crearán nunca una conciencia crítica.
Aunque tal vez me conviertan en un borrego trisexual vestido de lagarterana.

Pos-post: Espero que no se molesten los colectivos de plurisexuales, de borregos o de lagarteranas.
 

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20/01/2009 ir arriba
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