Kundera ha escrito de ello en varias novelas: la memoria es selectiva, pero tremendamente caprichosa en sus criterios. Mientras momentos clave o especialmente brillantes de nuestra vida quedan pálidamente registrados en nuestras neuronas, por contra pequeños detalles, instantes a priori sin importancia, son grabados a fuego en nuestro cerebro de forma que podemos evocarlos décadas después como si los hubiéramos vivido ayer. Esto es más evidente (y en cierto modo más traumático) para quienes hemos vivido en distintas ciudades del mundo: estamos trabajando, conduciendo, o leyendo tumbados en nuestra cama, y de repente vuelves a sentir (porque no sólo es evocación) un instante de hace seis años, una esquina perdida en un barrio de Buenos Aires que una lejana tarde transitaras, o un café tomado en un perdido bar de el Rompido… Cuando tu situación actual es dinámica, agradable, la evocación no es agresiva, más bien placentera o entretenida. Cuando atraviesas momentos malos, esas vívidas ensoñaciones involuntarias te arañan el alma, y te hacen sentir que el pasado siempre fue mejor… absurda frase que con irritante frecuencia se nos hace un poco real a todos.
Esta web no se hace responsable de los comentarios escritos por los usuarios. El usuario es responsable y titular de las opiniones vertidas. Si encuentra algún contenido erróneo u ofensivo, por favor, comuníquenoslo mediante el formulario de contacto para que podamos subsanarlo.
best is yet to come
Parafraseando o cantando con Frank, soy de la opinión de que si no pensamos que lo mejor aun está por llegar probablemente no nos levantariamos de la cama ningún día, ni palnificariamos actividades ni viajes ni reuniones con amigos..aunque estos amigos sean del pasado, de un pasado estupendo pero del pasado.