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Libros digitales: La Pérdida de las Sensaciones

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Los medios electrónicos nos facilitan como nunca antes en la historia de la humanidad el acceso a la información, a las opiniones, a las creaciones literarias. Un Kindle o un Reader de Sony pueden almacenar las novelas que cabrían en decenas de librerías. Las hemerotecas virtuales nos permiten el acceso a las ediciones de periódicos y revistas de los últimos veinte, treinta, cuarenta años... Y todo ello al alcance de una tecla o un movimiento de ratón.
Sí, es verdad, pero... Pero por contra, pronto, si no ya, estaremos perdiendo algo romántico, inefable  evocador. Me refiero a todo lo que nos proporciona  un libro como objeto en sí, sobre todo si ya  tiene algunos años encima: ese olor acre pero familiar del papel viejo; la pátina amarilla sobre las páginas desgastadas, a veces incluso quebradizas; las misteriosas anotaciones dejadas por anteriores lectores en los márgenes;  los dobleces de las esquinas testigos de otras lecturas; las tipografías antiguas y pequeñas que ponen a prueba la vista; el tacto suave y blando de las ediciones de bolsillo cuando andamos con ellas en la mano; la posibilidad de interrumpir la lectura momentáneamente utilizando el dedo como marcapáginas, mientras sentimos el tacto de las palabras…   en fin, todo aquello que nos fascina a los amantes de los libros (que incluye pero no es lo mismo que los amantes de la lectura). Tengo entre mis pequeños tesoros una edición argentina de Jane Austen de 1949, un fanzine de 1995, incluso una entrada para ver en vivo a Prince en 1989… Todo eso lo podría tener escaneado, pulcramente digitalizado para garantizar su inviolabilidad y permanencia en el tiempo. Pero no me valdría, porque perdería la corporeidad, el tacto, el peso, la posibilidad de acariciar el papel rugoso, de sentir o imaginar las historias anteriores de justo ese ejemplar que el destino ha querido que yo tenga ahora entre mis manos.
Ahorra papel y cartuchos de tinta o toner para impresoras y no imprimas este artículo si no es realmente necesario.
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11/11/2009 ir arriba
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Lo que me encanta
Propongo que entre todos los bibliófilos y bibliófagos hagamos una lista de aquellas sensaciones que nos proporciona tener un libro en la manos:
- Me encanta mantener el dedo marcando la página mientras me acomodo en el sillón.
- Me encanta leer a hurtadillas la última página, medio oculta por la contraportada.
- Me encanta el olor a nuevo del papel y la tint fresca
- Me encanta el olor a viejo, a experiencia impregnada en las páginas de un libro de lance
- Me encanta abanicarme con las hojas, haciéndolas pasar rápidamente con el pulgar
- Me encanta doblar las esquinas de las hojas allá donde encuentro algo digno de recordar
- Me encanta hurgar en el texto de una página con la esquina doblada, intentado recordar qué era lo importante.
- Me encanta el ruido que hace la última página
- Me encanta el ruido que hace en la mesa cuando lo dejo caer desde lo alto al acabar de leerlo.
- Me encanta encotrar viejos papeles entre las páginas
...
...
maranzano - [12/11/2009 19:18:14] - ip registrada
Cierto
Es cierto que existe algo romantico en la lectura de un libro en papel, como usuaria habitual de un lector digital reconozco que en ocasiones necesito sentir el tacto y el olor de un libro, pero la comodidad y la accesibilidad de revisar distintos libros es impagable. No sabría decidirme por uno de los dos, pero porque no dejar que convivan ambos formatos, tendemos a excluir cuando deberiamos integrar. Aunque también echo de menos las cartas y las postales de vez en cuando, creo que alguien nos deberia enseñar a conjugar todas las opciones.
invitado - [12/11/2009 12:00:37] - ip registrada
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