No soy muy amigo de dejar comentarios en los blogs que suelo visitar. Aunque sí acostumbro a leer los comentarios dejados por otros en los post que me han resultado interesantes. Dejando a un lado los trolls de turno, no me dejo de sorprender de hasta qué punto los comentaristas se enroscan en discusiones sin sentido sobre temas en las cuales, por su carácter del todo subjetivo, no sólo es imposible tener razón, sino, como consecuencia de ello, demostrar de forma racional al adversario dialéctico su error.
Pero eso no importa, la gente utiliza horas y horas rebatiéndose unos a otros en espirales interminables, consumiendo buena parte de su vida en discusiones que no les van a aportar ningún beneficio material ni espiritual, ni siquiera la pobre satisfacción de haberse impuesto dialécticamente al “contrario”.
¿De dónde viene esa obsesión por intentar imponer nuestro propio criterio, de tener razón por encima de todo, y de además, siempre “decir la última palabra? ¿Qué nos aporta realmente? ¿Por qué es tan escasa en la web la lógica actitud de dar nuestras opiniones y criterios, pero saber valorar la postura de los otros e incluso encontrar en la misma nuevas visiones que amplifiquen la nuestra?.
Pensando sólo un poco, creo que esta actitud tan "humana" seguramente esté siendo utilizada por políticos de toda ralea para sus objetivos irrenunciables de captar votos bovinos e irracionales, con una reflexión parecida a ésta: “Preparemos un mensaje populista, es decir, que se adapte a las opiniones previas e inamovibles de los posibles votantes, y obtendremos su apoyo. Porque si intentamos incitarles a una reflexión real para que vean que nuestras propuestas son honestas y con el único objetivo del progreso social, no vamos a conseguir un solo voto".
Ergo... ¿los componentes de la sociedad son (somos) cada uno de ellos (de nosotros) dogmáticos en estado puro, pero adheridos a un dogma en último termino personal e intransferible?
Uf, creo que lo mejor será olvidarme por un tiempo de los blogs, de sus post y de sus comentarios, e irme a tomar una cañita con los amigos.
Seguro que les convenzo para que hoy inviten ellos.
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