Vamos a hacer un ejercicio de imaginación histórica (que seguro ha hecho alguien antes). Imaginémonos al europeo (o americano) promedio de hace doscientos años. No me refiero a los que vivían en las grandes urbes, porque aunque ya por entonces existían eran muy escasas, sino al sujeto que podía personificar la moda demográfica o valor más frecuente. Planteémonos (y contestemos) las siguientes cuestiones, todas ellas formuladas sobre el horizonte temporal de su esperanza de vida por aquel entonces: - ¿Cuánta gente habría conocido al cabo de su vida? - ¿Cuál es el viaje más largo que podría haber hecho? ¿Con qué frecuencia viajaría más de 20 km? - ¿Cuántos periódicos habría leído en dicho periodo? Si lo hacía,¿Con qué frecuencia? - ¿Leería libros? ¿Cuántos al año? - ¿Cuánto tiempo dispondría habitualmente para el ocio creativo? - ¿Cuántos gastos suntuarios (no de primera necesidad) realizaba cada mes? - ¿Cuántas opciones tenía a la hora de comprar cualquier bien o insumo?
Una vez contestadas estas cuestiones para ese hipotético hombre promedio, podemos asumir (esto no es un estudio científico) que las respuestas son aplicables a los 500.000 años anteriores que como mínimo lleva el homo sapiens sobre la tierra. Bien… Contestad ahora las mismas preguntas para el hombre occidental promedio actual (para vuestro caso, si es que os consideráis promedio :-). Poned unas cifras al lado de otra. Pensad ahora que nuestro sistema cerebro se ha moldeado a lo largo de la evolución, estando por tanto preparado y adaptado a la primera situación, que supone el 99,95% de la historia del ser humano como tal. No a la segunda Y pensad en la capacidad de adaptación que alberga nuestro sistema nervioso frente al radical cambio de situación, es decir, la avalancha de estímulos y desafíos de la realidad circundante.
Dato adicional: La mayor incidencia de enfermedades en las sociedades desarrolladas no corresponde a patologías clásicas, ni siquiera a la obesidad. Corresponde a afecciones del sistema nervioso central: Depresión. Ansiedad. Trastornos de adaptación. Trastornos obsesivos (el dato me lo dio un compañero de trabajo). La pregunta es: ¿puede sobrevivir relativamente sano nuestro delicado sistema nervioso al exagerado y repentino nivel de estímulos visuales, sensitivos, comerciales, publicitarios, informativos, que nos rodea? ¿Y al nivel de presión laboral, social, mediática que nos envuelve?
¿Realmente lo estamos soportando bien? ¿U os están volviendo un poquito locos??
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