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Los pueblos que olvidan su historia... están condenados a maquillarla (Salvador Bayona)

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Tercer día.
Hora Nona.
Guillermo de Baskerville y Adso, inmersos en la investigación de la muerte de dos monjes en una abadía italiana hablan acerca de la herejía y otros temas.
En un momento determinado, casi de pasada, el maestro deja caer en la conversación que los sistemas de poder asimilan a la ortodoxia las desviaciones que pueden someter a su control o aquellas que han crecido de tal modo que un enfrentamiento podría suponer un peligro.
Nunca ha sido tan cierta esa aseveración como en nuestros días.
En una sociedad de pensamiento uniforme como ésta toda diferencia observable no hace más que aportar valor añadido al propio sistema: es decir, lo enriquecen sin cambiarlo. El propio sistema, en sí, es la suma de los valores añadidos que estas pequeñas diferencias han ido aportando a lo largo del tiempo.
Así, la sociedad occidental actual no es la evolución de la sociedad generada a raíz de la evolución francesa y las revoluciones industriales, sino el refinamiento de aquellas mediante los añadidos "conceptuales" a que se han visto abocadas. Como maletas de viajante que, a fuerza de soportar las pegatinas de los destinos donde estuvo han perdido su forma original (es más, ahora mismo pesa más el continente que el contenido).
En definitiva, hemos ido regulándonos cada vez más, imponiéndonos límites, matizando las libertades a las que aspirábamos, maquillando las buenas intenciones sobre una sociedad más justa y próspera hasta vernos envueltos una vez más (como a lo largo de toda la historia de la humanidad) en una simple y burda lucha de vecino contra vecino.
Esos matices o maquillajes no son otra cosa que los añadidos que hemos aportado al sistema como consecuencia de los hitos "históricos" que hemos vivido: no somos la evolución de lo que éramos antes de la segunda guerra mundial sino, desgraciadamente, lo que éramos antes más lo que fuimos después. Aplíquese a los grandes acontecimientos del siglo XX y XXI y se comprobará que tengo razón: la revolución rusa, la crisis del 29, los totalitarismos, la segunda guerra mundial, mayo del 68, la guerra fría, el desarrollismo, la creación de las áreas de libre comercio, la caída del muro de Berlín, el 11 de septiembre, la crisis financiera mundial: ninguna de estas cosas nos ha hecho evolucionar realmente, puesto que no hemos querido renunciar a los errores o circunstancias que nos llevaron a ellas, sino que, una vez superados estos hitos, hemos establecido medidas para que no volvieran a suceder.
Pero si no se eliminaron las causas, tampoco se eliminarán las consecuencias. Por eso estamos condenados a repetir la historia.

Pos-post: Las diferencias observables en la sociedad actual no buscan tampoco la eliminación de las causas, sino su propio nicho de mercado: si el pantalón está roto nadie se plantea dejar de llevarlo, volver a la túnica, toga o falda sino el color del parche que habría que aplicar. Éso es valor añadido y eso es cambiar para que nada cambie.

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14/04/2009 ir arriba
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