Hoy corroe mis entrañas cierta añoranza del pasado. Pasado que no viví y que no es idílico, ni tal vez mejor que el presente, pero sí, seguramente, más ingenuo. De niño me decían que no aceptara caramelos de ningún extraño (y menos aun irme con él, claro). Tal vez mis padres sólo pensaban en la “gente rara” que hay por ahí. Tal vez no se preocupaban de más. Hoy, ahora, los telediarios de seis cadenas distintas nos hablan cada semana de la desarticulación de una nueva red de pornografía infantil. De pederastas que tres años después vuelven a estar fuera de la cárcel (si es que el juez se preocupó de ejecutar la sentencia). Cada cuatro días nos anoticiamos de un nuevo ajusticiamiento sin proceso previo perpetrado contra su pareja por cualquier canallita de los que habitan el mundo, por no hablar de los respetables padres de familia, de los que nos enteramos de repente que han embarazado a sus hijas con consentimiento de su esposa.
Estoy convencido que el mundo no es peor ahora que antes. Hijos de puta los ha habido y los habrá siempre. La cuestión es que ahora nos enteramos de ello mucho mejor que antaño. Sí, pero… tal vez hace tres o cuatro décadas la gente mala se quedaba más en su guarida, no se atrevía a llevar a la realidad sus bajos instintos. Tenía más temor que ahora al posible castigo. ¿Estoy haciendo apología de un código penal más duro? No. Sólo constato que los padres de ahora actuamos hoy de una manera distinta a nuestros padres, y que, a veces, la angustia penetra en nuestra almas, y nos quita parte de nuestra felicidad. Y si añadimos la sensación de que todo es mudable, de que nuestros empleos son más inseguros que nunca, de que quizás mañana no habrá bancos, de que el stress nos puede producir cáncer… Quizás entonces se haga necesario volver un poco al pasado, y ser un poquito autistas. No ver tantos telediarios. Acercarnos a nuestros amigos. Disfrutar del día a día. Planificar, pero no preocuparse. Ojalá fuera tan fácil.
Actualización 23/03/09: Reproduzco el comentario dejado por Maranzano en este post, por su interés:
Somos lo que vemos "Hasta que no lo presenció, mi hija pequeña creía que quemaban a las falleras, no a las fallas. Y lo creía con toda la normalidad de quien ve a su alrededor fiesta y algarabía. Lo intrínsecamente malo (la cremación de una señorita viva) había perdido ese carácter a causa de la actitud del entorno. No hay que olvidar el importante papel que juega la mímesis del comportamiento en el establecimiento de las actitudes de los seres humanos, que somos sociales y gregarios. Tal vez sí existe más maldad ahora que antes, porque la percepción frecuente de la maldad se transforma en la percepción de la maldad frecuente, es decir, normal, y la cada vez mayor indiferencia que nos produce esta repetición cansina casi nos convierte en cómplices y desdibuja peligrosamente la frontera entre comportamientos sociales y patológicos, de manera que cada vez es más probable que todos y cada uno de nosotros, seres civilizados, cometa una aberración (puntual o no), lo que, al fin y al cabo, no sería tan raro."
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Somos lo que vemos
Hasta que no lo presenció, mi hija pequeña creía que quemaban a las falleras, no a las fallas. Y lo creía con toda la normalidad de quien ve a su alrededor fiesta y algarabía.
Lo intrínsecamente malo (la cremación de una señorita viva) había perdido ese carácter a causa de la actitud del entorno.
No hay que olvidar el importante papel que juega la mímesis del comportamiento en el establecimiento de las actitudes de los seres humanos, que somos sociales y gregarios.
tal vez sí existe más maldad ahora que antes, porque la percepción frecuente de la maldad se transforma en la percepción de la maldad frecuente, es decir, normal, y la cada vez mayor indiferencia que nos produce esta repetición cansina casi nos convierte en cómplices y desdibuja peligrosamente la frontera entre comportamientos sociales y patológicos, de manera que cada vez es más probable que todos y cada uno de nosotros, seres civilizados, cometa una aberración (puntual o no), lo que, al fin y al cabo, no sería tan raro