Hoy toca recordar dos pequeños clásicos grabados en fechas muy cercanas por dos maestros que en cierta forma representan las dos caras musicales de los maravillosos años 70.
La primera corresponde al maravilloso vocalista Billy Paul. Una canción mucho menos conocida que cualquiera de sus grandes éxitos pero un modelo de sensibilidad, dulzura y saber hacer. Una melodía maestra de los genios del philadelphia sound Gamble y Huff, suntuosamente arreglada (como siempre) con un colchón evanescente de cuerdas, perfectos coros y la voz i-ni-gua-la-ble del señor Paul. Tal vez no entre tan fácil como Your Song pero si lográis limpiar un poco la mente de la basurilla del día antes de darle al play, os garantizo una escucha gozosa.
El segundo… el segundo es otro pequeño clásico de uno de los iconos de este blog, el genio Sly Stone (y cuanto más lo oigo más suelto sin duda alguna el calificativo). Es tiempo de vivir, y Sly Stone lo sabía mejor que nadie.
Ah, y en directo (como siempre) también lo bordaba.
Algunas versiones (muy pocas), tienen la extraña virtud de, además de mejorar el original, transformarlo hasta tal punto que la copia se hace irreconocible respecto a la composición original, tomando finalmente una personalidad propia y definida.
Todavía encuentro gente que se queda prendada en cuanto escucha esta resplandeciente canción de los años setenta, que es una de las cimas del primer sonido Philadelphia: Me refiero por supuesto a “Your Song”, del singular Billy Paul.
La melodía derivativa y envolvente, su instrumentación clásica (con esas maravillosas flautas, y el colchón de violines marca de la casa), la personalísima voz de su intérprete y los frenazos y rearrancadas del tema, la convierten en una pequeña gran joya de la música negra que 36 años después conserva intacta su magia (además de ser un ejemplo de producción y arreglos musicales inconmensurables). Lo que pocos advierten (aun luego de haber escuchado el original), es que es una versión. Y más concretamente, una versión de un clásico del pop melodioso (baboso dirán algunos), firmado por el mismísimo Elton John. En efecto, la balada del señor Reginald Kenneth Dwight es uno de los mejores ejemplos de su estilo de desgranar melodías al piano, y aunque personalmente me resulta ya un poco estomagante, no se le puede negar su valor.
Por tanto uno de esos ejemplos en los que la copia toma un esqueleto ya existente (la melodía), para retorcerlo, descoyuntarlo, recomponerlo y recubrirlo luego de nuevos e inusuales ropajes.