Puede que suene duro pero siempre he pensado que aquellos que ensalzan el uso de la violencia como el recurso literario más significativo de la novela negra adolecen de cierta debilidad de carácter para afrontar su propia sensibilidad o, como dirían los cursis, para afrontar su “lado femenino”.
Resulta que un maestro del género, un tal Chester Himes, que comenzó a publicar en los años de la gran depresión (de la del 29, no de ésta), escribió una pequeña joya del género llamada Yesterday Will Make You Cry en la que no puede encontrarse la descripción de un solo acto violento.
Es, sin embargo, una historia repleta de personajes torturados, que ya no esperan ni tan siquiera encontrar su justificación. Son personajes profundamente confusos, jóvenes encerrados en prisión que, buscándose, huyen de sí mismos. Son hombres que encauzan su necesidad afectiva hacia otros hombres, pero el resultado dista mucho de ser una novela gay (no lo habría podido soportar).
Lo mejor del asunto es que las historias de Chester Himes y del protagonista guardan un paralelismo asombroso, pues ambos tenían más o menos la misma edad cuando ingresaron en prisión y la misma edad cuando salieron pero, a diferencia de su protagonista, Himes vio sus novelas publicadas antes de verse en la calle mientras que al personaje literario únicamente le quedó la promesa de su muchacho de que algún día sería un autor reconocido.
Ésta es una novela negra con alma, dura y políticamente incorrecta, sin necesidad de alharacas sanguinolentas de gusto dudoso.