Desde la primera vez que la ví, la escena final de "Apocalypto" me parece una de las más demoledoras, brillantes y con mayor fuerza visual del cine de la última década. Tras hora y media de persecución, violencia alucinada, canibalismo y locura, en una décima de segundo todo cambia. Los verdugos se topan con algo que intuyen más grande y terrible que cualquier otro enemigo anterior. La víctima mira fijamente los navíos y se olvida de su propia situación. Y todos ellos quizás sienten turbiamente en su interior lo que los espectadores hemos sabido al momento: que sus vidas, su calendario lunar, sus dioses, sus ofrendas rituales, sus templos, su civilización, su mundo, se han convertido, en un instante, en pasado.
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