Uno no puede retirarse de este mundo sin haber visto antes una de las interpretaciones más descarnadas y profundas de la última década, la que hace el gran Tommy Lee Jones en "En el valle de Elah", de Paul Haggis (el director de Crash, el guionista de Million Dolar Baby). Una película sin concesión alguna, retrato de la devastación moral que conduce (o que se origina, no lo sé), en cualquier guerra, por mucho que se fundamente en supuestos criterios morales. Un retrato deseperanzado del sinsentido de la violencia, que sin embargo reside en el alma a veces de nuestros seres más cercanos. Una crítica demoledora al discurso político y moral de los Estados Unidos durante la última década, y cuya conclusión no puede ser más sencilla: el enemigo no son los iraquíes, ni los iraníes, ni nadie de ahí fuera por mucho que lo busquemos. El enemigo reside en nuestro interior. Somos nosotros mismos. Una vez más Susan Sarandon está a punto de robarse la película desde su papel secundario, y Charlize Teron vuelve a demostrar que es una buena actriz con una belleza sin igual. Pero es Tommy Lee Jones, con su rostro pétreo surcado de arrugas, el que sabe transmitir la angustia, el miedo, la progresiva decepción respecto a todo en lo que creía, con una mirada dura que (en sólo una o dos escenas) se abre, se quiebra, y muestra por instantes el inmenso dolor contenido. La llamativa escena final es anticlimática (esto no es un thriller militar), pero casi inevitable, y cierra la singladura moral realizada por el protagonista durante la historia que nos han contado en la hora y media anterior.
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