Excalibur (1981) de John Boorman, es una de las películas que más me impactaron siendo un tierno infante. Una de las escenas que se me quedaron grabadas fue la de los caballeros del rey Arturo cabalgando entre los almendros en flor al ritmo del Carmina Burana.
Y bueno, visto de nuevo tantos años después no me resulta decepcionante, no pienso "madre mía qué horror".
Una ventaja clara para la escena es su fecha de rodaje, que garantiza la ausencia de efectos digitales. Si se hiciera hoy en día, la pantalla estaría saturada de tonos pastelones, las flores volando por el aire no serían flores, y las corazas no sólo brillarían, sino que deslumbrarían como unos transformers cualquiera.
Ah, qué gozada el cine antiguo, con sus insulsos colores reales... Hagan la prueba: prueben a comparar por ejemplo El Imperio Contraataca, con sus maravillosos, austeros y expresivos tonos ocres y grisáceos, con cualquiera de las escenas de La Amenaza Fantasma o La Guerra de los Clones, saturadas de cromatismos imposibles, muy vistosos, sí... pero al fin y al cabo claramente artificiales. Aburridos.