Año 1990. Stephen Frears ha conquistado Hollywood dos años antes con su brillante adaptación de "Las Amistades Peligrosas". Con la industria rendida a sus pies, filma y presenta "The Grifters", una de las obras más desazonantes y amargas que se ha podido ver nunca en las pantallas.
Una película en buena medida anti-Hollywood por su temática incestuosa y la ausencia completa de moraleja, romanticismo o justicia poética.
Tramposa desde su embalaje.
Porque el cartel del film muestra a los tres protagonistas con esa media sonrisa que nos sugiere la típica película de timadores encantadores e inteligentes que (claro), al final se saldrán con la suya.
Pero los maravillosos títulos de crédito iniciales (que por cierto siempre me han parecido inspirados en pinturas de Hooper), ya nos muestran algo distinto, con esas fachadas inhumanas de edificios en blanco y negro, engarzadas por la rotunda banda sonora de Elmer Bernstein. Y pronto Frears nos muestra a los protagonistas exactamente como nos los quiere mostrar, simplemente como pobres diablos sin dignidad, atrapados en la imagen que tienen de sí mismos, sin orgullo y, lo más triste, sin ser conscientes de ello. La escena en la que un barman descubre el intento de timo de Roy Dillon (John Cusack) me parece definitoria al respecto. Cuando descubre que le ha intentado estafar con el cambio, le agarra por el brazo y con total parsimonia le da un soberano golpe en el estómago con un bate de beisbol. No hay en esta escena ningún rastro de la estética del perdedor, ninguna poesía, ningún apego por el humillado, ni siquiera la adrenalina de una paliza. El barman es un tipo vulgar. Roy Dillon es otro tipo vulgar, que, humillado, se levanta patéticamente del suelo y se aleja abrumado por el golpe y la vergüenza. Cero simpatía por el protagonista. Una turbia escena cualquiera en un bar cualquiera.
La presentación de Myra Langtry (Annette Bening), no se queda atrás. Fracasa su timo en la joyería, y de forma natural recurre a ofrecer su cuerpo al joyero. Vaya una timadora...
La película continúa con la pulsión sexual entre Roy y Lilly Dillon presente en todo momento, y se cierra con una escena sublime, Lilly Dillon (Anjelica Huston), descendiendo en un ascensor, inerme, tras haber asesinado accidentalmente a su hijo por unos cuantos miles de dólares.
Anjélica Huston realiza en esta película el-papel-de-su-vida, y el gran John Cusack demostraba ya de lo que era capaz, con ese rostro mostrando en todo momento su duda, su impotencia, su oscura vergüenza por su atracción inconfesable...
Pos-post: Existe otro cartel de la película, más fiel a lo que ésta muestra en la pantalla, y en mi opinión mucho más hermoso. Es éste. Ah, y no, no he leído todavía la novela de Jim Thompson.
Esta web no se hace responsable de los comentarios escritos por los usuarios. El usuario es responsable y titular de las opiniones vertidas. Si encuentra algún contenido erróneo u ofensivo, por favor, comuníquenoslo mediante el formulario de contacto para que podamos subsanarlo.
MÁS DE LO MISMO
Aunque sin incesto, hay muchas películas de este tipo. Parece que las saquen de los árboles.