El mundo de los niños linda como se sabe con lo fantástico. Lo mágico (desde que los animales puedan hablar hasta que los miembros se corten y se reinserten sin problemas) encuentra en su concepción de la realidad un alojo natural El concepto de tiempo lineal es inexistente para ellos: penetrar en el sueño es por tanto internarse un en terreno desconocido, donde no se es consciente de si hay o no un día después. La felicidad es sencilla y extrema, los miedos son profundos, los dolores inconsolables. Su sentido estético no sigue los cánones adultos, sino una guía desconocida e inasible para nosotros. En buena medida, la palabra infantil es torpe, muy torpe para definir esa terra incognita. Y por ello, es tan difícil encontrar cineastas que lo hayan sabido trasladar a la pantalla. Y si hablamos de cine de animación, el panorama no mejora precisamente. Por eso llama la intención que quien mejor lo ha hecho hasta ahora (y no una, sino en dos ocasiones) sea un señor de casi setenta años, que se acaba de retirar demostrando que se encuentra en plena forma artística. Ponyo en el acantilado es un pequeño prodigio de Hayao Miyazaki que eleva la animación clásica al mismo nivel de excelencia que las maravillas de Pixar (aunque partiendo de premisas diferentes). Pero es la mágica Mi vecino Totoro la que se he convertido en película de culto por su sofisticada sencillez, su delicada animación y su visión de la infancia como el estado en el que los prejuicios y los dogmas felizmente no nos han coartado todavía nuestra visión del mundo… Una obra maestra que evita la necesidad de explicar todo lo que cuenta. Más y mejor escrito aquí y aquí.
Stumbleando un poco por internet, descubrí un gran blog, al que debo agradecer haberme dado la posibilidad de reencontrarme con uno de los mejores recuerdos de mi preadolescencia: los historietas y diseños del dibujante valenciano Daniel Torres, que conociera a través de las aventuras de Roco Vargas para el mítico cómic Cairo.
Siempre me cautivó su elegancia en el trazo, su apego a la línea clara, y el retrofuturismo que destilaban sus ilustraciones, muy relacionadas también con el estilo publicitario americano. Y desde luego, en los primeros ochenta su trabajo dejaba pequeño a todo lo que se hacía por entonces en España, aunque tal vez ni él se daba cuenta de ello.
Actualmente Torres es un reputado ilustrador de trayectoria internacional, con trabajos para Playboy, incursiones en publicidad y colaboraciones en muy distintos proyectos.
En su página web personal, podéis encontrar una magnífica galería donde comprobar el oficio de este elegante creador...
La Historia en una viñeta ¿Se puede resumir la historia de la humanidad en una sola viñeta? Pues sí, con un poco de imaginación, capacidad de síntesis y habilidad con el pincel: