Ahora sí, me voy de vacaciones al país galo, les dejo para la espera :-) dos muestras de uno de los más grandes. Y aunque parezca mentira, el primer vídeo es un spot publicitario, raro y sugerente, esperad al final y lo comprobaréis. Chau!!
Que una buena canción soporta versiones en cualquier estilo es algo bien conocido. Pero esto que he descubierto gracias a Emily reconozco que me ha dejado maravillado. La canción estandarte de cierto movimiento rock de Seattle (y no diré más), crooneada por un antiguo teen idol reconvertido a cantante de estándars. La versión sorprendentemente no sólo funciona (y muy bien), además me sirvió para comprobar que Paul Anka, a pesar de su avanzada edad, conserva el swing y un pedazo de voz que sinceramente nunca le habría supuesto.
Para quien no reconozca la canción, he puesto a continuación la original.
Miren, no lo puedo evitar. Siempre me ha gustado la Navidad, tal vez porque (como decía un amigo mío), si tuviéramos que sentir durante todo el año lo importante que son los amigos y la familia, nos resultaría difícil de soportar. Pero ya no puedo más. Cuando los vecinos buenrollistas se apresuran (el 20 de noviembre!) a colgar el cutre-papa Noel de sus balcones. Cuando entro en cualquier hipermercado o centro comercial y me avasallan con villancicos chim-puneros a todo volumen (o lo que es peor, su versión flamenca). Cuando la Navidad se convierte en un espectáculo de vanidades en el que cada ayuntamiento compite por emplastar su ciudad con las luces más caras, chillonas y vanguardistas (aunque cuesten millones de euros, olé la solidaridad). Cuando por contra no se puede poner un modesto belén en el colegio (postrados todos ante el buenismo cateto y políticamente correcto). Cuando tienes que estar tres horas de pie para que tus hijos vean pasar fugazmente una carroza desde la que disparan caramelos a troche y moche (no sea que les produzca un trauma no acudir a la cabalgata). Cuando se propone seriamente llamar a este periodo “fiestas de invierno” , quitándole todo contenido espiritual (de la religión que sea), y convirtiéndolo, por Dios, en OTRA fiesta materialista, otra oportunidad de entregarnos a los placeres consumistas y nada más… Qué quieren que les diga: yo dimito de las navidades antes de que empiecen, por lo menos de las que nos pretenden jeringuillar en este país bárbaro, vanidoso y superficial. Y por eso me refugio muchas veces, como tantos otros, en mi pequeño mundo familiar y mi pequeño mundo interno, donde vuelvo a encontrar algún sentido a estas fechas (no crean que es fácil), independientemente de que no sea creyente. Y por eso éste es el único post navideño que voy a colgar, eso sí, con una preciosa versión de “The little drummer boy” (El Tamborilero para los castizos y raphaelitas), realizada con sensibilidad y talento por un refinado crooner, el entrañable Perry Como.
Dentro del viraje hacia el clasicismo que al parecer está experimentando este humilde pero intrascendente blog, no he podido evitar colgar esta pequeña delicadeza del señor Michael Bublé, (gracias, Salva!) que se marca aquí una arriesgada versión de un estándar (Cuándo, Cuándo, cuándo), tomando como coequiper, oh sorpresa, a la señorita Nelly Furtado, actualmente la única alternativa latina a la cada vez más pesada y sobrevaloradísima Shakira. El resultado es mucho mejor de lo que se podía esperar, elegante y sedoso.
En 1970 el gran Tony Bennett publicaba un disco de versiones (Tony Sings the Great Hits of Today!), en el que se intentaba adaptar al signo de los tiempos (es decir, al pop). El intento no fue especialmente afortunado, pero incluía esta preciosa versión de lo que ya por entonces era un clásico: "Something" de los Beatles .
Datos históricos aparte, lo cierto es que se trata en mi opinión de una gran versión, llena de elegancia, carisma y charme.
Hubo un tiempo en que la bossa nova era un género novedoso, y distinto a todo lo que habían oído hasta entonces los públicos del hemisferio norte. Es natural que muchos de los más famosos cantantes quisieran recorrer su estela, ya fuera por puro interés artístico o con la intención de revitalizar sus carreras. Internet nos ofrece la posibilidad de rescatar pequeñas joyas como ésta: una actuación en vivo, en un show de la televisión americana, de un por entonces jovencísimo Antonio Carlos Jobim, cantando su clásico por excelencia, "Garota de Ipanema", junto a uno de los más grandes crooners americanos, prácticamente al nivel de Sinatra aunque menos conocido en Europa. Me refiero al gran Andy Williams y su aterciopelada voz.
Es difícil encontrar hoy cantantes con tal manejo de sus cuerdas vocales en directo, con tal timbre y con ese absoluto dominio del escenario. Tal vez el signo de nuestro tiempo, en que el autotuneenmascara y enmienda, incluso en directo, la voz de cualquier aprendiz de cantante.
Pos-post: Existió, por supuesto, una muy interesante colaboración entre Sinatra y Jobim. Pero ésa es harina de otro futuro post.