Año 1990. Stephen Frears ha conquistado Hollywood dos años antes con su brillante adaptación de "Las Amistades Peligrosas". Con la industria rendida a sus pies, filma y presenta "The Grifters", una de las obras más desazonantes y amargas que se ha podido ver nunca en las pantallas.
Una película en buena medida anti-Hollywood por su temática incestuosa y la ausencia completa de moraleja, romanticismo o justicia poética.
Tramposa desde su embalaje.
Porque el cartel del film muestra a los tres protagonistas con esa media sonrisa que nos sugiere la típica película de timadores encantadores e inteligentes que (claro), al final se saldrán con la suya.
Pero los maravillosos títulos de crédito iniciales (que por cierto siempre me han parecido inspirados en pinturas de Hooper), ya nos muestran algo distinto, con esas fachadas inhumanas de edificios en blanco y negro, engarzadas por la rotunda banda sonora de Elmer Bernstein. Y pronto Frears nos muestra a los protagonistas exactamente como nos los quiere mostrar, simplemente como pobres diablos sin dignidad, atrapados en la imagen que tienen de sí mismos, sin orgullo y, lo más triste, sin ser conscientes de ello. La escena en la que un barman descubre el intento de timo de Roy Dillon (John Cusack) me parece definitoria al respecto. Cuando descubre que le ha intentado estafar con el cambio, le agarra por el brazo y con total parsimonia le da un soberano golpe en el estómago con un bate de beisbol. No hay en esta escena ningún rastro de la estética del perdedor...