Podría empezar este post diciendo que Streets of Fire se autodefine como una “fábula de rock and roll”. Podría, sí, continuar señalando que la película combina sin empacho los iconos rock de los cincuenta, los brillos neón de los sesenta, la música de los ochenta, y una estética impagable de los primeros videoclips. Cóctel al que se añade un guión pueril construido a base de añadir una tras otra todas las frases y situaciones tópicas de los teen films de los años 50. Pero sería perder el tiempo. Porque basta señalar que su banda sonora es magnífica, y que sus escasos 93 minutos se dejan ver con sumo placer si uno deja sus prejuicios y acepta sumergirse en lo que los títulos prometen, una simple fábula de rock and roll, con coches rugientes, rockers motoqueros, calles mojadas y junglas suburbanas. Y da igual lo escuálido de su argumento, porque con un comienzo como éste, poco más se puede pedir:
La galería de actores es además impagable: la eterna promesa Michael Paré (que tras una breve trayectoria por el semiestrellato. pronto se hundiría en subproductos serie C) como el arquetípico héroe outsider, unos jovencísimos y lozanos Williem Dafoe y Diane Lane (qué traje el de su primera aparición, en rojo y cuero negro) y un perfecto Rick Moranis como manager musical sin escrúpulos.
Y a no perderse la pelea final entre los dos antagonistas… todo lo demás (la trayectoria de Walter Hill, su director, la colaboración musical de Ry Cooder, el dato que Diane Lane no fue doblada al cantar, etc) lo dejo para quien quiera indagar en el multiverso de la red.