"Pero ¿por qué son malos los hombres? Cómo me sorprende este mundo. ¿Por qué se dejan llevar de inmediato por el odio, la rabia? ¿Por qué les encanta vengarse, hablar al punto mal de uno, cuando no van a tardar en morir, pobrecillos? Que esa horrible aventura de los humanos, que llegan a esta tierra, ríen, se mueven, y de repente dejan de moverse, no les haga ser buenos resulta increíble. ¿Y por qué te contestan enseguida mal, con voz de cacatúa, si eres dulce con ellos, lo que les mueve a pensar que no eres importante y por lo tanto resultas inofensivo? Lo que hace que muchos tiernos deban fingir ser malos para que les dejen en paz, o incluso, cosa trágica, para que les quieran. ¿Y si nos fuéramos a la cama y a dormir horrendamente? Perro dormido no tiene pulgas. Sí, vamos a dormir, el sueño tiene las ventajas de la muerte, sin su pequeño inconveniente. Instalémonos en el agradable ataúd. Cómo me gustaría poder sacar (como se saca el desdentado la dentadura postiza y la pone en un vaso junto a su cama), sacar mi cerebro de su caja, sacar mi corazón demasiado palpitante, pobre diablo que cumple demasiado bien con su deber, sacarme el cerebro y el corazón y sumergir a esos dos pobres millonarios en soluciones refrescantes mientras yo duermo como ese niño que nunca más seré. Cuán pocos humanos hay y cuán súbitamente se queda el mundo desierto."
"Ser de izquierda es, como ser de derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de hemiplejía moral."
"El swing no es sólo un estilo de jazz o una forma precisa de manejar el palo de golf, sino un don del alma, cuya gracia no se adquiere a ningún precio. Se tiene o no se tiene. Swing significa oscilar, balancearse, mecer, blandir, hacer girar: son acepciones del verbo que se refieren a un movimiento armónico, que va de dentro a fuera del cuerpo hasta convertirse en aura. Las personas privilegiadas que tienen swing lo transfieren sin darse cuenta a cualquier acto cotidiano de su vida con una especie de ondulación espiritual. El swing se manifiesta al caminar, al sentarse o levantarse del sillón, al dar la mano a un amable desconocido, al llamar al camarero, al contar una historia a los amigos en la sobremesa sirviendo al mismo tiempo el vino, al agradecer con una sonrisa irónica un elogio merecido, al firmar un talón con o sin fondos, al mirar a los ojos con una intensidad medida al chico o a la chica que te gusta en la esquina de la barra, al acercar la copa a los labios, al hacer el amor, al desperezarse por la mañana, al echar media galleta al perro, al bostezar. El swing va más allá de la armonía corporal, del encanto personal no aprendido en ninguna escuela. El swing también es una forma de encajar con elegancia los golpes bajos que da la vida y de volver al anonimato después de un gran éxito: en este sentido tiene una conexión íntima con la moral laica o la fortaleza de espíritu. Quien tiene la gracia del swing aplica esta fórmula ondulante, oscilante, balanceante para salir indemne de cualquier infortunio, obligándolo a girar suavemente sobre si mismo hasta controlarlo por completo. Algunos placeres tienen swing, otros no. La melancolía tiene swing, la molicie también; en cambio, ningún cabreo lo tiene. Fumar ha dejado de tener swing y tampoco lo tiene el dar lecciones apuntándote con el dedo. Tienen swing algunos pases de Zidànne, el Ferrari de Schumacher en las curvas, el ritmo de ciertos cuentos de Borges, el triple salto mortal de los acróbatas, el andar fluyente de algunas mujeres y la elasticidad del guepardo ante la presa. Es muy difícil encontrar swing en los políticos. Kennedy alcanzó el nivel de seducción requerido, pero a mi juicio el rey del swing, moral, físico y espiritual es Mandela, sin ninguna duda. Ante cualquier ser que uno se tropiece en la vida bastará un sólo movimiento para descubrir si ha sido elegido por los dioses. Un estilo de cruzar las piernas, una forma de tener la copa en la mano. Todo es blues, todo es jazz. Algún silencio es swing."
"Cuanto más se detestan entre sí las naciones modernas mayor docilidad demuestran
para copiarse las unas a las otras; porque la competencia es, por su propia
naturaleza, un mero y frenético plagio"
Este blog se ha mantenido irredento hasta el momento actual frente a todo lo que huela a friki. Y no es que uno no tenga sus secretos gustos inconfesables, simplemente es que no creo que vaya con la onda del blog. Pero hoy me he tenido que rendir. Cómo si no: junten el maravilloso arte de uno de los mejores patinadores sobre hielo de la década; el software digital al alcance de casi todo el mundo; y un grupo de japonesitos fanaticos (pero fanáticos) de Star Wars.
"Alrededor del Dios se va formando un Caparazón de Plegarias y Ceremonias y Edificios y Sacerdotes y Autoridad, hasta que Finalmente el Dios Muere. Y esto puede pasar desapercibido"
No lo negaré. Estoy un poco fatigado de hablar y de oír hablar de las cosas importantes de la vida: la salud, la familia, los amigos…
Y no porque no lo sean. Que lo son. Es porque no puedo dejar de pensar que, aunque muy poquito, lo otro también nos importa, más de lo que es políticamente correcto admitir. Y sostener lo contrario es rendirnos, ceder, a una imagen falsamente ideal de nosotros mismos.
Nuestra vanidad cuenta. Nuestro prestigio personal nos importa. Quisiéramos tener más éxito profesional Quisiéramos tener un chalet de fin de semana, un mejor coche. Es así, y no lo podemos evitar. Nuestra faceta vanidosa, superficial, política, existe y todos las tenemos en mayor o menor medida. Algunos enorme, otros diminuta. Pero ahí está, igual que nuestra faceta intelectual, nuestra faceta amorosa, nuestra faceta depravada, nuestra faceta familiar, musical, sexual, altruista…
Negarlo es limitar la visión de nosotros mismos a una imagen más bien plana, aunque sea ideal y esté confeccionada con las guirnaldas más lindas del jardín.
Tal vez lea esto pronto y me parezca una sandez. Tal vez no.