Imagínate por un momento en una playa de arena blanca, de pie, frente al mar. Luce el sol, 25 grados de temperatura. En la lejanía se distingue una isla lejana. Y hay algo más. A tus pies nace un camino de piedra lisa, que se extiende rectilíneo sobre las aguas, hasta la isla. Poco más de cuatro kilómetros. Apenas sobresale del nivel del mar.
Tienes que llegar a esa isla, antes de que la marea suba y oculte el paso. Pero no va a ser tan fácil.
Vas a tener que competir con otros hombres y mujeres, todos jóvenes, que quieren llegar antes que tú. A medida que corres junto a ellos, la marea irá subiendo. Primero irá humedeciendo el suelo de piedra, haciéndolo peligrosamente resbaladizo. Un esguince, una fractura, se hace primero posible y luego probable. Luego el agua empezará a refrescarte los tobillos. Más tarde, poco a poco, te impedirá correr de una manera normal. Si tardas demasiado, es probable que debas llegar nadando a la isla, exhausto. Pero aunque no tardes, aunque seas veloz, hay otra sorpresa. La confluencia de dos corrientes de agua contrapuestas genera una ola en la que te puedes apoyar para correr. Pero a medio camino esa ola deriva irremediablemente hacia un costado, por lo que si no estás atento, puede arrástrate y sacarte del camino junto a otros de los corredores-nadadores,.
¿Te atrae la imagen? No es difícil entonces hacerla realidad. La isla existe, el paso existe, la carrera existe.
La isla de Noirmoutier se encuentra en las costas del Atlántico, en Francia. Desde hace siglos existe un paso elevado (el passage du Gois) por el que se podía transitar desde la playa cercana para acceder a la isla, pero solo en los periodos de marea baja En el siglo XX se empedró ese paso, manteniendo la particularidad de quedar oculto bajo las aguas cuando sube la marea, haciendo posible para los lugareños y visitantes el sueño de caminar sobre las aguas durante unos minutos.
Cada año, un grupo de gente animosa realiza "les Foulées du Gois", una carrera entre la costa y la isla, que comienza justo cuando la marea empieza a subir. La carrera resulta agotadora, sobre todo cuando el agua comienza a entorpecer el trote.
Una forma poética de divertirse
Es Julio. Es veranito. El calor aprieta, y aunque muchos seguimos trabajando, la mente ya vuela a remotos lugares muy alejados de nuestros tristes cubículos laborales. Repito, es veranito, la ropa se aligera y la psicinita refresca. Por ello, y dado que de aquí a que me tome unas merecidas vacaciones a primeros de agosto voy a poder escribir muy poco,vamos a rebajar nuestro nivel de concentración intelectual, y a hacer un post veraniego, para aligerar el discurso de reflexiones metafísicas y disgresiones sesudas: Un vídeo, una canción, un pasatiempos y un libro, todos ellos ligeritos, sencillos,(casi de usar y tirar, como tantas cosas buenas de esta vida) que les dejo para quien quiera disfrutar de ello (y quien no, pues no).
Para empezar...
"Antes
de que nacieras, tus padres no eran tan aburridos como lo son ahora. Empezaron a serlo por pagar tus cuentas, limpiar tu ropa y escucharte hablar
acerca de la nueva onda en la que estabas. Así que, antes de emprender tu
lucha por las selvas vírgenes contaminadas por la generación de tus padres,
inicia el camino limpiando las cosas de tu propia vida."
Dada la madurez que ha alcanzado este blog :-), con cifras astronómicas de visitas que se duplican cada tres meses (de hecho tengo una oferta de compra de Microsoft encima de la mesa que supera la de Yahoo), creo que ha llegado el momento de Tachan, tachaaaan, ¡Hacer el primer MEME asfaltero!, oséase, una propuesta on line para cualquiera que se quiera unir:
En concreto, se trata de que me enviéis vuestra primera frase preferida de un libro. Da igual que se trate de un clásico, de una novela rosa o de un folleto erótico (o de las tres cosas a la vez): el requisito es que sea la primera frase de un libro que más os haya impactado, cuyo poderío se haya quedado grabada en vuestras modositas neuronas de tal forma que la habéis retenido indeleblemente a lo largo de los años y las décadas.
Podéis dejar vuestra frase (o frases) en los comentarios de este post. En un mes, si alguien ha participado :-|, publicaré todos los aportes en un nuevo post, y si se da la circunstancia de que alguna frase haya sido elegida por más de una persona, sus electores serán los ganadores del premio “Fernando VII” (el más tonto de la historia), consistente en un viaje mental y literario entre la ciudad de residencia de los mismos y la ciudad de Arequipa en Chile.
Y para abrir boca y dar ideas a los desmotivados, adjunto diez de las cien mejores primeras líneas que he encontrado en esta web (porque sí, lo confieso, la idea no es mía):
1. Call me Ishmael. —Herman Melville, Moby-Dick (1851) 2. It is a truth universally acknowledged, that a single man in possession of a good fortune, must be in want of a wife. —Jane Austen, Pride and Prejudice (1813) 3. A screaming comes across the sky. —Thomas Pynchon, Gravity's Rainbow (1973) 4. Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. —Gabriel García Márquez, Cien Años de Soledad (1967) 5. Lolita, light of my life, fire of my loins. —Vladimir Nabokov, Lolita (1955) 6. Las familias felices son todas parecidas; cada familia infeliz lo es a su manera. —Leo Tolstoy, Anna Karenina (1877) 7. Riverrun, past Eve and Adam's, from swerve of shore to bend of bay, brings us by a commodius vicus of recirculation back to Howth Castle and Environs. —James Joyce, Finnegans Wake (1939) 8. It was a bright cold day in April, and the clocks were striking thirteen. —George Orwell, 1984 (1949) 9. It was the best of times, it was the worst of times, it was the age of wisdom, it was the age of foolishness, it was the epoch of belief, it was the epoch of incredulity, it was the season of Light, it was the season of Darkness, it was the spring of hope, it was the winter of despair. —Charles Dickens, A Tale of Two Cities (1859) 10. I am an invisible man. —Ralph Ellison, Invisible Man (1952)
"Por lo que a mí me toca, no me justificaré más que las otras. Recibo sin duda al señor de Valmont, y todo el mundo le recibe; pero esto es una inconsecuencia que debe añadirse a mil otras que dirigen la sociedad. Vd. sabe como yo que se emplea la vida en observarlas, en quejarse de ellas, y en practicarlas."