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EN DEFENSA DEL NEGRO LITERARIO
Figura conocida pero poco mentada, auténtico fogonero de los trenes literarios, oculto desarrollador de tramas y escenas, el negro literario merece una reivindicación aquí y ahora.
 ¿Por qué?
 - Porque sin su figura, la obra de muchos autores como AlejanDro Dumas o tal vez Verne, sería mucho más reducida, y no necesariamente a costa de sus peores títulos. 
- Porque ser negro literario es una forma sacrificada pero muy efectiva de desarrollar, a la hora de escribir, eso llamado oficio. ¿O no fue tal vez el propio Dumas en sus comienzos un negro más? Escribir para la gloria de otro, a destajo, afila la pluma y pone orden en la mente, condición sine qua non para luego ser capaz de dar rienda suelta al talento, que (en el caso de tenerlo), nunca basta por sí solo y siempre necesita de dura disciplina para ser transmitido al papel.
- Porque los negros literarios hacen posible que hombres y mujeres de este nuestro querido país (y algunos adyacentes), puedan tener entre sus manos (y hasta leer en ocasiones), libros escritos por sus dioses televisivos particulares, alcanzando pequeñas cimas de satisfacción y culminación personal, que nadie tenemos el derecho a negarles. 
- Porque a veces las mejores obras han salido de la interacción entre el escritor oficial y su negro, ya que a veces la idea brillante y el genio creativo del primero, necesita ser encauzado por el pulso narrativo y la sapiencia terrenal del segundo. Argumentos para este razonamiento: baste con acometer un libro puro genio y creatividad desbocada: lean (si pueden) el Ulysses, de Joyce. Entonces entenderán. 
- Porque Cyrano de Bergerac fue al fin y al cabo, eso.
- Porque el mundo es así, y tanto en la empresa privada, como en la medicina, como en el mundo del espectáculo, hay muchos negros que trabajan para que otros se lleven los oropeles. Porque lejos quedó la época en que era sencillo hacer algo heroico, encontrar el cuerno de la abundancia o tumbar a Goliath. Cuando el mundo se hizo mayor todo se volvió un poco gris, complicadoy el éxito tiene una parte de suerte, un punto de inteligencia y un mucho de cinismo, y los negros son un engranaje necesario.
 Reivindiquémosles pues, aquí y ahora, con admiración por el trabajo bien hecho, y dejemos la eternidad literaria para el ayer.
(28/05/2010) -
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FASCINACIÓN CONSPIRANOICA (vs. la verdadera conspiración)

  ¿Por qué nos resultan tan atractivas las teorías conspirativas, aun cuando no creamos a pies juntillas en ellas?

Tal vez porque entroncan con nuestro secreto anhelo de encontrar alguna lógica o verdad sencilla que explique el caos en que se ha convertido el mundo. Así, si aceptamos la existencia de unos grupos de poder ocultos (masones, magnates del petróleo, trekkies,  militares o quien sea) que manejan el mundo en secreto y hacen y deshacen guerras a su antojo, bien… seguramente la solución no sea de nuestro gusto, pero por lo menos nos puede parecer comprensible, con sentido, y aliviaría nuestra perplejidad diaria….
Además, todos, en el fondo, tenemos la sospecha de que vivimos en cierto tipo de “matrix” informativa,  de que todo lo que nos cuentan es falso
Un amigo mío por su parte tiene una versión a medio camino entre la creencia absoluta en las conspiraciones y la fe ciega en nuestros honestos gobernantes:
No es positivo aplicar esa denominación a cualquier línea de pensamiento que intente ver lo que hay detrás de las apariencias.
La descalificación de cualquier teoría alternatva al discurso de los mass media es, de hecho, un mecanismo de control ejercido desde los propios líderes de opinión a través de los medios para adocenar a la gente.
Sí que existe un masterplan masónico. Sí que existe un lobby del petróleo. Sí que existen los intereses políticos detrás de los alimentos transgénicos. Otra cosa es que pretendamos ver que el lobby del petróleo se encuentra detrás de cada semáforo que se pone en rojo.
Es un terreno muy adecuado para que te califiquen, te descalifiquen y finalmente no te tomen en serio si defiendes una opción diferente a las líneas de pensamiento oficiales.
El ejemplo de los masones es estupendo para eso: en teoría no existen, o son una asociación como los criadores de canarios. Si pretendes decir que tienen algún poder se te adhiere el sambenito de franquista, paranoico o loco. Así funciona la verdadera conspiración: determinando una línea de pensamiento oficial o "políticamente correcto" que sea asumida por el subconsciente de la gran masa inconsciente de manera que nadie se atreva a pensar de forma diferente, so pena de ser marginado.
Por eso es tan importante para los que verdaderamente manejan el mundo eliminar cualquier opción de pensamiento crítico, un pensamiento crítico que un día tuvo la filosofía (y que perdió en favor del relativismo), pero que hoy en día mantiene por ejemplo la Iglesia Católica.

(23/04/2009) -
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Los pueblos que olvidan su historia... están condenados a maquillarla
Salvador Bayona

Tercer día.
Hora Nona.
Guillermo de Baskerville y Adso, inmersos en la investigación de la muerte de dos monjes en una abadía italiana hablan acerca de la herejía y otros temas.
En un momento determinado, casi de pasada, el maestro deja caer en la conversación que los sistemas de poder asimilan a la ortodoxia las desviaciones que pueden someter a su control o aquellas que han crecido de tal modo que un enfrentamiento podría suponer un peligro.
Nunca ha sido tan cierta esa aseveración como en nuestros días.
En una sociedad de pensamiento uniforme como ésta toda diferencia observable no hace más que aportar valor añadido al propio sistema: es decir, lo enriquecen sin cambiarlo. El propio sistema, en sí, es la suma de los valores añadidos que estas pequeñas diferencias han ido aportando a lo largo del tiempo.
Así, la sociedad occidental actual no es la evolución de la sociedad generada a raíz de la evolución francesa y las revoluciones industriales, sino el refinamiento de aquellas mediante los añadidos "conceptuales" a que se han visto abocadas. Como maletas de viajante que, a fuerza de soportar las pegatinas de los destinos donde estuvo han perdido su forma original (es más, ahora mismo pesa más el continente que el contenido).
En definitiva, hemos ido regulándonos cada vez más, imponiéndonos límites, matizando las libertades a las que aspirábamos, maquillando las buenas intenciones sobre una sociedad más justa y próspera hasta vernos envueltos una vez más (como a lo largo de toda la historia de la humanidad) en una simple y burda lucha de vecino contra vecino.
Esos matices o maquillajes no son otra cosa que los añadidos que hemos aportado al sistema como consecuencia de los hitos "históricos" que hemos vivido: no somos la evolución de lo que éramos antes de la segunda guerra mundial sino, desgraciadamente, lo que éramos antes más lo que fuimos después. Aplíquese a los grandes acontecimientos del siglo XX y XXI y se comprobará que tengo razón: la revolución rusa, la crisis del 29, los totalitarismos, la segunda guerra mundial, mayo del 68, la guerra fría, el desarrollismo, la creación de las áreas de libre comercio, la caída del muro de Berlín, el 11 de septiembre, la crisis financiera mundial: ninguna de estas cosas nos ha hecho evolucionar realmente, puesto que no hemos querido renunciar a los errores o circunstancias que nos llevaron a ellas, sino que, una vez superados estos hitos, hemos establecido medidas para que no volvieran a suceder.
Pero si no se eliminaron las causas, tampoco se eliminarán las consecuencias. Por eso estamos condenados a repetir la historia.

Pos-post: Las diferencias observables en la sociedad actual no buscan tampoco la eliminación de las causas, sino su propio nicho de mercado: si el pantalón está roto nadie se plantea dejar de llevarlo, volver a la túnica, toga o falda sino el color del parche que habría que aplicar. Éso es valor añadido y eso es cambiar para que nada cambie.


Nuestra Vida en un Objeto

 

Leyendo hace poco el “Glosario de las marcas” de la consultora Interbrand, me anoticié del concepto de cult brands (marcas de culto), que define como”marcas que gozan de una fidelidad de cliente que va más allá de la simple lealtad para convertirse en una devoción semejante al culto. La intensidad con que sus devotos viven la marca  es algo esencial en sus vidas. También se las conoce como marcas tribales”. ¿Ejemplos?: Los propietarios de una Harley, o los que acuden todos los días a Starbucks.
Madre mía. “Algo esencial en sus vidas”. Madre mía.
Todos, en mayor o menor medida, realizamos  los que los psicólogos llaman transferencia, algo así como “transferir parte de nuestra vida emocional hacia una persona”. Vivimos “como algo nuestro” los triunfos (o fracasos) de Nadal, de nuestro equipo de fútbol, de nuestro actor favorito o nuestro ídolo mediático. Pero hacer esto respecto a algo tan puramente mercantilista, irreal e instrumental como una marca, es todo un (triste) símbolo de nuestro tiempo. No voy a hacer de Namoi Klein de tercera, pero, realmente, cada vez estoy más convencido que el homo sapiens, inmerso en esta sociedad del espectáculo, va a extinguirse antes por la atrofia de su limitada mente, que por la caída de un meteorito o por la aparición de otra especie mejor dotada para la supervivencia.

Al tiempo...
 


¿LO SOPORTAREMOS? (La Sobreestimulación de Nuestro Sistema Nervioso)

Vamos a hacer un ejercicio de imaginación histórica (que seguro ha hecho alguien antes).
Imaginémonos al europeo (o americano) promedio de hace doscientos años. No me refiero a los que vivían en las grandes urbes, porque aunque  ya por entonces existían eran muy escasas, sino al sujeto que podía personificar la moda demográfica o valor más frecuente. Planteémonos (y contestemos) las siguientes cuestiones, todas ellas formuladas sobre el horizonte temporal de su esperanza de vida por aquel entonces:
- ¿Cuánta gente habría conocido al cabo de su vida?
- ¿Cuál es el viaje más largo que podría haber hecho? ¿Con qué frecuencia viajaría más de 20 km?
- ¿Cuántos periódicos habría leído en dicho periodo? Si lo hacía,¿Con qué frecuencia?
- ¿Leería libros? ¿Cuántos al año?
- ¿Cuánto tiempo dispondría habitualmente para el ocio creativo?
- ¿Cuántos gastos suntuarios (no de primera necesidad) realizaba cada mes?
- ¿Cuántas opciones tenía a la hora de comprar cualquier bien o insumo?

Una vez contestadas estas cuestiones para ese hipotético hombre promedio, podemos asumir (esto no es un estudio científico) que las respuestas son aplicables a los 500.000 años anteriores que como mínimo lleva el homo sapiens sobre la tierra.
Bien… Contestad ahora las mismas preguntas para el hombre occidental promedio actual (para vuestro caso, si es que os consideráis promedio :-). Poned unas cifras al lado de otra.
Pensad ahora que nuestro sistema cerebro se ha moldeado a lo largo de la evolución, estando por tanto preparado y adaptado a la primera situación, que supone el 99,95% de la historia del ser humano como tal. No a la segunda
Y pensad en la capacidad de adaptación que alberga nuestro sistema nervioso frente  al radical cambio de situación, es decir, la avalancha de estímulos y  desafíos de la realidad circundante.

Dato adicional: La mayor incidencia de enfermedades en las sociedades desarrolladas no corresponde a patologías clásicas, ni siquiera a la obesidad. Corresponde a afecciones del sistema nervioso central: Depresión. Ansiedad. Trastornos de adaptación. Trastornos obsesivos (el dato me lo dio un compañero de trabajo).
La pregunta es: ¿puede sobrevivir relativamente sano nuestro delicado sistema nervioso al exagerado y repentino nivel de estímulos visuales, sensitivos, comerciales, publicitarios, informativos, que nos rodea? ¿Y al nivel de presión laboral, social, mediática que nos envuelve?

¿Realmente lo estamos soportando bien?
¿U os están volviendo un poquito locos??

(05/03/2009) -
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El Estado, la Opción Política y la Felicidad
S. Bayona

La felicidad en el ser humano es algo más complejo que la simple satisfacción de los instintos primarios, debido al componente espiritual del que hablábamos en un post anterior, (componente que cabría considerar también un instinto humano primario).
Pero, con la misma fuerza con la que el hombre se ve impelido a la búsqueda de la felicidad, se ve abocado, en sentido contrario, a encontrar un culpable de su infelicidad.
La forma de concebir y enfrentarse a esta marea acción/reacción determina, en el fondo, el modelo de sociedad que cada uno de nosotros defiende. Me explico:
- Aceptar la propia espiritualidad implica una visión trascendental de la felicidad, en tanto en cuanto establece una relación con una cierta colección de parámetros éticos, normalmente relativos al "bien ajeno" y/o a la vida eterna.
- Negar, por el contrario,  la propia espiritualidad, circunscribe la felicidad a la posibilidad de consecución de objetivos "inmediatos". Por tanto los medios que se utilicen para alcanzarlos son responsables en último término de haberlos o no conseguido.
Traducido al lenguaje político: mientras los primeros pueden considerar el estado como un mero garante de los mínimos de la convivencia cívica, los segundos no tienen más remedio que volcar sobre él sus esperanzas de felicidad, y éstas relacionadas directamente con la cantidad de recursos que puede proporcionarles.
Por eso, en función de quién ostente el gobierno de un país (y en función de su aceptación o negación de la espiritualidad antes comentada), el aparato del estado tenderá a crecer o a menguar (o, al menos, a no seguir creciendo), es decir a aumentar el déficit público o no, a asumir cada vez más y más competencias (incluso las propias del ámbito personal) o no, a desear el totalitarismo como forma ideal de gobierno o a... Bueno, eso lo desean todos.
Aunque uno no sea del todo consciente de ello y ésta no sea una regla universal, existe una relación directa entre la propia espiritualidad y la tendencia política ejercida. Por ello, además,  hay una tendencia política más proclive que otra al ateísmo, y (más que al ateísmo), a la persecución de la natural tendencia espiritual del ser humano.


Padre, Castígame Porque He Pensado
S. Bayona
¿Verían los ciegos con buenos ojos que su país quedara en manos de un rey tuerto de mierda?. Es absurdo pensarlo, porque los ciegos, en definitiva, comparten la esencia humana que nos hace rechazar la diferencia (la "otredad", que dicen los que todavía quieren ser intelectuales).
No hablo de la diferencia que se puede resumir en una pequeña variación del decorado, sino de la que supone una verdadera alternativa al esquema de pensamiento establecido.

El primero de los casos es siempre visible y hasta atractivo, puesto que para muchos es indicativo de personalidad, criterio, independencia y no sé cuántas chorradas más. Este tipo de "pensamiento alternativo" postizo y falaz resulta siempre beneficioso para el sistema, de igual forma que una válvula de seguridad garantiza la durabilidad de una olla a presión. Porque en ninguna de sus gradaciones se distingue, en el fondo, del tipo de sociedad que supuestamente pretende transformar.
En realidad cualquiera de sus cambios propuestos se basan en una redistribución de los medios de producción (y en política cuando alguien dice "redistribución" suele querer decir "más para los míos", incluidos los que son de Marx y Engels). Son, en cualquier caso, una más de las estructuras del sistema y lo comparten todo con él. De muestra, un botón: desde los hippijos, hasta los más radicales antisistema, todos desarrollan una estética por la que puedan ser reconocidos (rasgo fundamental de estas falsas opciones).
Así las estéticas "alternativas" de Ray Loriga adquieren pronto valor icónico, al igual que lo hizo la generación Beat, mayo del 68, o los movimientos antisistema (incluidos los batasunos). Y todos ellos, sin excepción, encuentran un nicho de mercado del cual obtienen sus generalmente millonarios beneficios.

La segunda diferencia, la real, no requiere de símbolos externos para ser percibida, sino de una profunda reflexión intelectual a la que no siempre estamos dispuestos. No tiene porqué ser propia de una tribu urbana y, desde luego, nunca es manifiesta.
A nadie le interesa la verdadera revolución. Nadie querría reconocer que existe otra forma y otro fondo, ni ver que todo aquello en lo que hasta ahora ha puesto su seguridad, en lo que ha trabajado y le ha dado de comer, de cuyos retales ha creído construir su personalidad, es una gran mentira.
¿Cómo enfrentarse ahora al fin de la democracia representativa, el sinsentido del arte moderno, la mentira del paradigma científico, la crisis de las ideologías o la gran falacia de la riqueza financiera? Es necesario mucho valor.
Y sin embargo existe gente, entre nosotros, que trabaja por una verdadera revolución en sus áreas de influencia, que propone desafíos intelectuales, que pone el punto de apoyo para que accionemos la palanca del cambio.
Y éstos (y no otros) son los verdaderos marginados de nuestra sociedad: los que no se cosen una etiqueta en el cerebro, los que son dejados fuera de los circuitos culturales, de los foros en los que podría escucharse su voz (hasta de los alternativos), los raros, o simplemente los que ocultan bajo su disfraz de seres grises y convencionales la solitaria lucha de los héroes, la tortura de quien se debate entre la fidelidad a sus principios y el mundo que conocemos, de quien sufre el castigo que reserva el sistema a los verdaderos librepensadores.
(08/02/2009) -
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En Busca de la Identidad Perdida
Salvador Bayona

No acabo de comprender cómo la defensa de la naturaleza humana que hacen los que se llaman a sí mismos (en un osado alarde de incultura) "humanistas", excluya tan fácilmente las aspiraciones trascendentes del hombre.
Porque la procedencia de sus postulados tiende a inyectarnos sin que nos demos cuenta  consignas útiles para el sistema ("consuman", "progresen", "trabajen"…) consignas que en sus versiones refinadas nos imponen un modelo de familia, unas pautas de comportamiento, un lenguaje políticamente correcto, etc.
Incluso la libertad es obligada, siempre que no se utilice para oponerse al discurso oficial.  De manera que tener una concepción no oficial, no ya del bien y el mal, sino de los comportamientos, admisibles o no, es tachado inmediatamente de totalitario.
Como consecuencia de esto, el individuo, convertido en marioneta y desarraigado de su propia naturaleza, es impulsado por esas mismas consignas oficiales a buscar su identidad de pueblo, de lengua, de Rh, de tendencia sexual, sus preferencias culturales, muchas veces utilizando la historia (real o no, eso no importa) como argumento.
Sin embargo, una de las cosas que distingue al ser humano es obviada, ridiculizada, y hasta proscrita: su ansia de trascendencia.
Provocada o no por el miedo a la muerte, lo cierto es que la espiritualidad del hombre le ha acompañado desde los albores, ha sido motor social, ha influido más que ninguna otra cosa en la organización social, ha producido las mayores obras salidas de manos humanas.
Debería ser, por tanto, más propio que desde el aparato estatal se incentivara el desarrollo de la espiritualidad como signo de identidad en lugar de invertir en recuperar lenguas, bailes regionales, o en convertir en héroes del hecho diferencial a papanatas que no destacarían por méritos propios en una convención de mediocres.
Y sin embargo se niega sistemáticamente la espiritualidad. Como si no existiera, como si creer en Dios en cualquiera de sus manifestaciones fuera propio de subnormales (nótese que no he dicho disminuidos psíquicos), como si para encontrar nuestra identidad tuviéramos que negar esta parte tan importante de nosotros.
Pero hay una explicación:
Ni los bailes regionales, ni la lengua propia de mi comarca, ni mi tendencia sexual me crearán nunca una conciencia crítica.
Aunque tal vez me conviertan en un borrego trisexual vestido de lagarterana.

Pos-post: Espero que no se molesten los colectivos de plurisexuales, de borregos o de lagarteranas.
 

(20/01/2009) -
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Las Cosas Importantes de la Vida lo son... ¿Todo?

No lo negaré. Estoy un poco fatigado de hablar y de  oír hablar de las cosas importantes de la vida: la salud, la familia, los amigos…
Y no porque no lo sean. Que lo son.  Es porque no puedo dejar de pensar que, aunque muy poquito, lo otro también nos importa, más de lo que es políticamente correcto admitir. Y sostener lo contrario es rendirnos, ceder, a una imagen falsamente ideal de nosotros mismos.
 Nuestra vanidad cuenta. Nuestro prestigio personal nos importa. Quisiéramos tener más éxito profesional Quisiéramos tener un chalet de fin de semana, un mejor coche. Es así, y no lo podemos evitar. Nuestra faceta vanidosa, superficial, política, existe y todos las tenemos en mayor o menor medida. Algunos enorme, otros diminuta. Pero ahí está, igual que nuestra faceta intelectual, nuestra faceta amorosa, nuestra faceta depravada, nuestra faceta familiar, musical, sexual, altruista…  
Negarlo es limitar la visión de nosotros mismos a una imagen más bien plana, aunque sea ideal y esté confeccionada con las guirnaldas más lindas del jardín.
Tal vez lea esto pronto y me parezca una sandez. Tal vez no.

 

 

(08/01/2009) -
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Lo Importante Es Tener Razón
No soy muy amigo de dejar comentarios en los blogs que suelo visitar. Aunque sí acostumbro a  leer los comentarios dejados por otros en los post que me han resultado interesantes. Dejando a un lado los trolls de turno, no me dejo de sorprender de hasta qué punto los comentaristas se enroscan en discusiones sin sentido sobre temas  en las cuales, por su carácter del todo subjetivo, no sólo es imposible tener razón, sino, como consecuencia de ello, demostrar de forma racional al adversario dialéctico su error.
Pero eso no importa, la gente utiliza horas y horas rebatiéndose unos a otros en espirales interminables, consumiendo buena parte de su vida en discusiones que no les van a aportar ningún beneficio material ni espiritual, ni siquiera la pobre satisfacción de haberse impuesto dialécticamente al “contrario”.
¿De dónde viene esa obsesión por intentar imponer nuestro propio criterio, de tener razón por encima de todo, y de además, siempre “decir la última palabra? ¿Qué nos aporta realmente?  ¿Por qué es tan escasa en la web la lógica actitud de dar nuestras opiniones y criterios, pero saber valorar la postura de los otros e incluso encontrar en la misma nuevas visiones que amplifiquen la nuestra?.
Pensando sólo un poco, creo que esta actitud tan "humana" seguramente esté siendo utilizada por políticos de toda ralea para sus objetivos irrenunciables de captar votos bovinos e irracionales, con una reflexión parecida a ésta: “Preparemos un mensaje populista, es decir, que se adapte a las opiniones previas  e inamovibles de los posibles votantes, y obtendremos su apoyo. Porque si  intentamos incitarles a una reflexión real para que vean que nuestras propuestas son honestas y con el único objetivo del progreso social, no vamos a conseguir un solo voto".
Ergo...  ¿los componentes de la sociedad son (somos) cada uno de ellos  (de nosotros) dogmáticos en estado puro, pero adheridos a un dogma en último termino personal e intransferible?
Uf, creo que lo mejor será olvidarme por un tiempo de los blogs, de sus post y de sus comentarios, e irme a tomar una cañita con los amigos.
Seguro que les convenzo para que hoy inviten ellos.
(16/10/2008) -
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