Aun siendo uno de mis autores favoritos, siempre me ha parecido demasiado obvio escribir sobre Borges. Maestro del relato corto, dedicarle un post puede ser como escribir sobre la capacidad de mojar del agua: no aportaría nada. Pero, sin que sirva de precedente, no me resisto a dejarles uno de sus más atroces relatos, cuyo clasicismo absoluto se puede constatar de forma muy sencilla: basta notar que la sociedad actual se aproxima cada vez más a la imaginada por él, hace ya sesenta y cuatro años. Todo lo demás (la prosa pura y diáfana, el elegante distanciamiento, las referencias cultas auténticas mezcladas con las apócrifas), lo pueden encontrar en cualquier manual de literatura al uso.
Pos-post: Hay voces que han criticado la presunta genialidad de Borges, tildádole incluso de autor juvenil. Es curioso, a él le habría encantado saberse encasillado en el mismo género menor que su admirado Stevenson...