Parece que algún lector se sintió un tanto "tocado" por la elevada violencia del relato que colgué del gran Rubem Fonseca. Para compensar, les ofrezco hoy un nuevo relato del mismo autor que descubrí ayer y que me parece brillante, repleto de humor y hasta ternura. El relato que a muchos nos gustaría escribir.
Yo trabajaba en un diario popular como repórter de casos policiacos. Hace mucho tiempo que no ocurría en la ciudad un crimen interesante, que envolviera a una rica y linda joven de la sociedad, muertes, desapariciones, corrupción, mentiras, sexo, ambición, dinero, violencia, escándalo. Crimen así ni en Roma, París, Nueva York, decía el editor del diario, estamos en un mal momento. Pero dentro de poco cambiará. La cosa es cíclica, cuando menos lo esperamos estalla uno de aquellos escándalos que da materia para un año. Todo está podrido, a punto, es cosa de esperar. Antes de que estallara me corrieron. Solamente hay pequeño comerciante matando socio, pequeño bandido matando a pequeño comerciante, policía matando a pequeño bandido. Cosas pequeñas, le dije a Oswaldo Peçanha, editor-jefe y propietario del diario Mujer. Hay también meningitis, esquistosomosis, mal de Chagas, dijo Peçanha. Pero fuera de mi área, dije. ¿Ya leíste Mujer?, Peçanha preguntó. Admití que no. Me gusta más leer libros. Peçanha sacó una caja de puros del cajón y me ofreció uno. Encendimos los puros. Al poco tiempo el ambiente era irrespirable. Los puros eran corrientes, estábamos en verano, las ventanas cerradas, y el aparato de aire acondicionado no funcionaba bien. Mujer no es una de esas publicaciones en color para burguesas que hacen régimen. Está hecha para la mujer de la clase C, que come arroz con frijoles y si engorda es cosa suya. Echa una ojeada.
Tras varios interesantes LPs con sus Vandellas, Martha Reeves se estrenaba en solitario en 1974 con un LP de su mismo nombre, que incluía esta rotunda versión de un tema de oro de Van Morrison, Noches Salvajes. Treinta y cinco años después, el tema sigue enganchando.
Desde la primera vez que la ví, la escena final de "Apocalypto" me parece una de las más demoledoras, brillantes y con mayor fuerza visual del cine de la última década. Tras hora y media de persecución, violencia alucinada, canibalismo y locura, en una décima de segundo todo cambia. Los verdugos se topan con algo que intuyen más grande y terrible que cualquier otro enemigo anterior. La víctima mira fijamente los navíos y se olvida de su propia situación. Y todos ellos quizás sienten turbiamente en su interior lo que los espectadores hemos sabido al momento: que sus vidas, su calendario lunar, sus dioses, sus ofrendas rituales, sus templos, su civilización, su mundo, se han convertido, en un instante, en pasado.
Bueno, más de cuatrocientos post y todavía no hamos hablado de Bob Dylan? Pues no os preocupéis, que no lo vamos a hacer ahora. Tan sólo vamos a traer una rotunda canción de este señor, grabada hace treinta años pero que suena como si la hubiera compuesto ayer. Pertenece al LP del mismo nombre de 1979, producido por Jerry Wexler (el productor de Aretha Franklin), y donde colaboró un jovencito Mark Knopfler, alias "mano aburrida".