Como todos los años me apresto a realizar un post de despedida (hasta mi regreso de vacaciones), que incluya una canción, un libro y un vídeo. Como ningún año antes, me encuentro sin tiempo alguno de elaborarlo como a mí me gustaría. Así que voy a intentar no bajar [ironía] el nivel en este tan divertido año 2011.
Un libro: ¿Cómo recomendar un libro original, profundo y entretenido a la vez...? No es posible para mí, así que optaré una vez más por los clásicos. Joseph Conrad es uno de los mejores escritores de la literatura en lengua inglesa (aunque era polaco), y sus novelas son una continua fuente de deleite para sus lectores. Y una de sus novelas más redondas, entretenidas y absorbentes para el lector, un auténtico manantial de placer, es Nostromo. Toda una obra maestra y... sí, Ridley Scott cogió su título para bautizar a la nave de Alien.
Una canción: El cuerpo me pide marcha... uuff... no lo voy a poder resistir. Descartado a última hora "El Veranito" de Georgie Dann, la decisión se decanta claramente por... otro clásico.
Un sujeto sin filiación descrita llega a un viejo caserón de una zona semirural de uruguay. No es el propietario, pero sin embargo es allí donde pretende instalarse para vivir. Las habitaciones están invadidas por el polvo y la humedad, la electricidad no funciona... Finalmente el sujeto decide aventurarse en la noche lluviosa e inclemente e intentar llegar a un almacén cercano donde proveerse de lo imprescindible para poder cenar y dormir esa noche en el viejo inmueble.
Inevitablemente se desorienta, se pierde, no sabe dónde está la casa ni el almacén. Hace auto-stop y es recogido por un camión que transporta basura y que incorpora en su equipaje a una pequeña y atractiva mujer. Ésta ignora con desdén al sujeto, pero imperceptiblemente se le va aproximando hasta que sus muslos se rozan. Pronto el sujeto abandonará el camión. Pronto llegará a un poblado raro que se hace llamar ciudad, en medio de la nada, y en el que percibirá a cada momento un extraño pero casi imperceptible desajuste de la realidad, una sensación de que el orden natural de las cosas se quiebra en ese espacio, una sospecha de que tal vez todos los habitantes de ese lugar están tan sólo actuando, para convencerle de que se quede allí, de que no abandone nunca la ciudad...
No sé si con este resumen haré atractiva la última novela que he (re)leído, “La Ciudad” de Mario Levrero, una de esas obras que exploran la extrañeza de las cosas desde el lenguaje más diáfano y el relato de hechos cotidianos... o no tanto. Un autor muy original, fuera de corrientes literarias, que a lo largo de su vida cultivó un perfil bajo, ejerciendo además de fotógrafo, librero, guionista de cómics, humorista y redactor jefe de revistas de ingenio. Y además su apellido parece hacer homenaje al tono de su obra, ya que rompe una de esas leyes de ortografía que nos enseñaran en la extinta EGB y que parecía inquebrantable...
No voy a perder tiempo haciendo un panegírico de Astor Piazzolla.
A mí me basta con decir que llevó el tango a un nivel nunca antes alcanzado y que seguramente nunca volverá a alcanzar, un plano en el que se hablaba de tú a tú con otros géneros como el jazz y la música clásica y en el que por primera vez se lo puede valorar como género mayor.
Para quien no lo conozca dejo dos de sus composiciones más conocidas, dos impresionantes obras maestras (en Telecinco, suponiendo que por error emitieran esto, seguro que lo llamarían dos putas obras maestras).
1987 fue un gran año. Se publicó el mejor LP de esa década (que además era el mejor doble LP de la década) y pudimos ver en las pantallas esa dulce y triste historia de amor llamada "Ojos Negros", con un inmenso Marcello Mastroianni. La película me encantó, pero reconozco que ahora me da cierto temor revisarla, porque tal vez se le vean las costuras. Pero hoy busqué en la red su escena más famosa, y me solazé en comprobar que conserva toda su magia original. En cierto modo, cuando vemos caer el sombrero en la piscina de lodo, todos sospechamos lo que el personaje de Mastroianni va a hacer. Lo que es inevitable que haga.
Como ya comentara en un post antiguo, siempre pensé que la inmennnnsa Gladys Knight no acabó de tener fortuna a lo largo de su carrera con las composiciones que le tocó en suerte cantar. Por lo menos no tuvo la suerte de una Aretha o de un Teddy Pendergrass, que supieron encontrar los compositores que les proveerían del material ideal para lucir sus impresionantes dotes vocales.
Pero no es éste el caso, ya que he encontrado una grabación de esta auténtica emperatriz del soul cantando una hermosa composición de corte clásico, realizada por una de las mejores parejas de compositores de la historia, Nicolas Ashford y Valerie Simpson. ¿Quiénes son Ashford & Simpson? Pues, entre otras cosas, los creadores de esas canciones-perfectas-de-pop que encumbraron a Marvin Gaye y a Tammi Terrell y que han resistido el paso de las décadas sin apenas despeinarse.
Bueno, pues eso. ¿O es que no sabías que alguna vez te iba a tocar llorar?