La semana pasada un compañero del trabajo me hizo llegar este vídeo. Aún recuerdo las películas de Danny Kaye que la Primera emitía los fines de semana hace ya bastantes años (ahora eso sería imposible, dada la obsesión de todas las cadenas por emitir bazofia para los amantes de la bazofia). En el vídeo se puede comprobar que Kaye, además de cómico, era un gran imitador y estimable cantante, capaz de aguantar un mano a mano con el mismísimo Armstrong.
Y la impresión general es la de un clasicismo y dominio de la escena que ya forma parte, lamentablemente, de otra época.
Sí, ya lo decía John Lennon, la vida es lo que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes. Pero reconozco que me gusta más como lo expresó Dino Buzzati en "El desierto de los tártaros". En esta triste y brillante novela incluyó una melancólica imagen del pasar del tiempo, de las absurdas ambiciones nunca satisfechas y de la inútil vanidad humana:
"Tendido en el camastro, fuera del halo de la lámpara de petróleo, mientras fantaseaba sobre su propia vida, a Giovanni Drogo lo asaltó repentinamente el sueño. Y mientras tanto, precisamente esa noche —oh, si lo hubiera sabido, quizá no tendría ganas de dormir—, precisamente esa noche comenzaba para él la irreparable fuga del tiempo.
Hasta entonces había avanzado por la despreocupada edad de la primera juventud, un camino que de niño parece infinito, por el que los años discurren lentos y con paso ligero, de modo que nadie nota su marcha. Se camina plácidamente, mirando con curiosidad alrededor, no hay ninguna necesidad de apresurarse, nadie nos hostiga por detrás y nadie nos espera, también los compañeros avanzan sin aprensiones, parándose a menudo a bromear. Desde las casas, en las puertas, las personas mayores saludan benignas, y hacen gestos indicando el horizonte con sonrisas de inteligencia; así el corazón empieza a latir con heroicos y tiernos deseos, se saborea la víspera de las cosas maravillosas...
Modelo de sencillez sonora y al mismo tiempo sofisticación pop, parece que en Prefab Sprout nada fallara nunca: melodías delicadas y elegantes, voces armoniosas, instrumentación etérea y a veces suntuosa ... su colección de perfectas canciones pop es impresionante. Nunca reventaron los charts, parece que tal vez fueran demasiado sofisticados para el gan público, opinión que desde luego no comparto. Casi olvidados actualmente, el grueso de su obra la realizaron en los ochenta y noventa, y nos cuenta la wikiipedia que su lider Paddy McAlloon ha tenido una rara enfermedad que le ha afectado la visión. De una forma u otra, sus magníficas creaciones están ahí, listas para ser degustadas y disfrutadas.
PS: Y oh, sorpresa, en el 2009 han vuelto con un nuevo disco, del que he oído cuatro canciones que indican que siguen con el mismo buen gusto y calidad de siempre. Bienvenidos de nuevo
La competitividad de la sociedad capitalista en que vivimos, con frecuencia nos agobia, nos presiona, nos agota. Sí es verdad. El capitalismo, el afán de lucro por encima de todo parece exprimir nuestras mentes hasta niveles difíciles de soportar. Sí, sí. Pero. Pero… hoy tenemos automóviles porque el señor Daimler quería (y lo consiguió) hacerse rico. Iluminamos nuestras casas con bombillas eléctricas porque Thomas Alva Edison tenía como prioridad hacerse millonario (y vaya si lo consiguió). Tenemos al alcance cualquier lugar del mundo porque la McDonell Douglas y la Boeing han tenido siempre la manía de ganar mucho dinero año tras año. Hemos erradicado decenas de enfermedades y no morimos de un catarro porque las farmacéuticas ganan millones de euros, y se dedican a ello con ahínco. Es el afán de lucro (y no el altruismo) lo que estimula desde hace tres siglos al ser humano a investigar, a promover el desarrollo tecnológico, a arriesgar ingentes sumas de dinero para hacer un avión más grande y más seguro, a desarrollar una medicina que acabe con los nuevos virus, o desarrollar nuevas bombillas que consuman menos… Sin ese afán de lucro capitalista aplicado al desarrollo tecnológico, es muy probable que hoy siguiéramos desplazándonos en carros de caballos y viviendo con una agricultura de subsistencia.… Pero por otra parte...
Kundera ha escrito de ello en varias novelas: la memoria es selectiva, pero tremendamente caprichosa en sus criterios. Mientras momentos clave o especialmente brillantes de nuestra vida quedan pálidamente registrados en nuestras neuronas, por contra pequeños detalles, instantes a priori sin importancia, son grabados a fuego en nuestro cerebro de forma que podemos evocarlos décadas después como si los hubiéramos vivido ayer. Esto es más evidente (y en cierto modo más traumático) para quienes hemos vivido en distintas ciudades del mundo: estamos trabajando, conduciendo, o leyendo tumbados en nuestra cama, y de repente vuelves a sentir (porque no sólo es evocación) un instante de hace seis años, una esquina perdida en un barrio de Buenos Aires que una lejana tarde transitaras, o un café tomado en un perdido bar de el Rompido… Cuando tu situación actual es dinámica, agradable, la evocación no es agresiva, más bien placentera o entretenida. Cuando atraviesas momentos malos, esas vívidas ensoñaciones involuntarias te arañan el alma, y te hacen sentir que el pasado siempre fue mejor… absurda frase que con irritante frecuencia se nos hace un poco real a todos.
Carlos y Beatriz son dos jóvenes concienciados. Llevan tres años acudiendo a todas las anti-cumbres que se realizan de forma simultánea y en la misma ciudad que las reuniones periódicas del G-8. Todo sea por hacer algo para "mejorar el mundo". Pero para ello se desplazan frecuentemente en un Boeing 747 de Iberia. Estimable aparato que cada vez que despega consume el oxígeno que cabría en todo un estadio de futbol como el Santiago Bernabeu. Financian el viaje gracias a trabajos esporádicos desarrollados en empresas como McDonald’s, la gran reina de la comida basura y la obesidad. Y en su último viaje, a la anticumbre de Río, aprovecharon el viaje para quedarse diez días de turismo por la zona, curiosa manera de solidarizarse con los indígenas del Amazonas. Ser ecologista proactivo, ser solidario y querer cambiar al mundo es a veces difícil de llevar a cabo sin seguir siendo cliente y por tanto colaborador de las tan odiadas multinacionales… y sin renunciar a nuestras comodidades del mundo occidental, claro.
Pensar o creer que una actitud social es de una "calidad" moral superior a la actitud personal es en verdad una impostura. Dicho de otra manera, la participación en iniciativas sociales de calado mundial (ONGs, anticumbres, partidos políticos, etc.) por desgracia sustituye muchas veces a las pequeñas decisiones cotidianas que tienen que ver con el entorno de influencia directa de cada uno. Todos lamentamos ver a gente suplicando por su subsistencia y la de sus hijos en la cola de la Casa de la Caridad, pero muy pocos de nosotros se plantea renunciar a su nueva pantalla de plasma líquido, o a ese vestido de Zara, o se desprende en estos lugares del dinero reservado para una tarde de cine.
¿Demagogia?. Eehhh... no. Lo que defendemos es la superioridad moral de la acción de bajo nivel, de las decisiones cotidianas, frente a las imposturas sociales de gran calado que, aunque pueden llegar a servir para mucho (no lo negaremos), cumplen su primera función acallando nuestra conciencia e impidiendo que tomemos todos y cada uno de los días posturas activas como las expuestas. La militancia chic es otra manifestación de esto mismo: esa misma gente que "lucha por el mundo" en las anticumbres no se plantea las pequeñas consecuencias singulares que tienen sus grandes actos de viajar hasta el otro lado del mundo para participar en una manifestación. ¿De nuevo demagogia? Humm… think about it.