"Pienso que la forma en la que la vida fluye está mal. Debería ser al revés: - Uno debería morir primero, para salir de eso.
- Luego, vivir en un asilo de ancianos hasta que te echan cuando ya no eres tan viejo. - Entonces empiezas a trabajar. Trabajas por cuarenta años, hasta que eres lo suficientemente joven para disfrutar de tu jubilación. - Fiestas, fiestas negras, parrandas, drogas, alcohol, sales con mujeres o tipos, qué sé yo, hasta que estás listo para entrar en la secundaria. - Después pasas a la primaria, eres un niño que se la pasa jugando sin tener responsabilidades de ningún tipo. - Luego pasas a ser un bebé. Vas de nuevo al vientre materno, pasas los últimos nueve meses de tu vida flotando en líquido amniótico, hasta que tu vida se apaga en un tremendo orgasmo... ¡Eso sí es vida!"
La falta de pigmentación en la piel que tienen los albinos es un estigma en muchos países del continente africano. Pero en determinadas regiones africanas no es un problema tan sólo de sospechas de brujería, sino de algo más tétrico. Lo que buscan sus asesinos son partes de sus cuerpos, como dedos, órganos sexuales, lenguas y pelo. Se les atribuye propiedades mágicas...
El ser humano es competitivo por naturaleza. Compite por su espacio vital, por donde se crían los mejores mamuts o se recogen las mejores bayas, para criar mejor a su prole y garantizar que sus genes sobrevivirán una generación más. Al mismo tiempo crea juguetes a su imagen y semejanza, que reproducen su visión del mundo, y como tales, las empresas tienden a actuar con esa voraz ansia predadora de sus congéneres. El carácter gregario del ser humano, argumento que muchos esgrimen para justificar la solidaridad, es únicamente, desde el punto de vista de la psicología evolutiva (y ruego mil disculpas por la frasecita) un “postergamiento de la necesidad dominativa a favor de los beneficios de una supervivencia simbiótica”. Es decir, se supedita la necesidad de control exclusivo de los recursos a la obtención de los beneficios que reporta la convivencia con otros seres humanos en términos de probabilidades de supervivencia: lo que se pierde por un lado se gana, aumentado, por otro, de manera que el balance es favorable a la sociedad gregaria. Pero el instinto, la necesidad de dominación, no ha muerto, y aquí se hacen palpables ciertas variaciones sexuales. Veinte rudos hombres cavernícolas cazarán un mamut con menor probabilidad individual de ser aplastados que uno solo, pero si uno de ellos tuviera la capacidad de hacerlo con el mismo riesgo no cabe ninguna duda de que a los otros diecinueve les iban a dar bambú. Puede buscarse una explicación evolutiva en términos de “guerras de esperma”: cuantos más machos existan...