¿Es nuestra realidad lo que creemos que es? ¿O tan solo una mera ilusión? Mucho antes de que llegara Matrix (e incluso antes de cierto predecesor argentino), Philip K. Dick había puesto en el cuerpo central de su producción esta duda terrible, esa posibilidad de descubrir que no somos quienes creemos que somos, que el mundo que nos rodea no es real.
Junto a su incertidumbre más famosa, la de no ser humano sino tan sólo (o nada menos que) un sofisticado replicante con los recuerdos implantados, PKD laboró otras angustiosas novelas y relatos cortos en los que el leif motiv es la duda-certeza de que somos sólo reflejos pálidos de otra realidad. Así, tenemos la cínica, descorazonadora y cruel A maze of death(Laberinto de muerte), novela respecto a la cual tengo pocas dudas que los creadores de "Lost" la han leído más de una vez: un grupo de personas sin conexión alguna entre sí, varados en un extraño planeta, esperando a algo o a alguien, encontrándose con extraños acontecimientos, y adentrándose en la desazón a medida que pasan los días… la explicación al misterio, la dejo para el final de la sexta temporada :-) . Y junto a esta, la genial Ubik, pequeña gran obra maestra del sinsentido, de la paranoia existencial y militante, capaz de irritar y asombrar a partes iguales, y, al igual que muchas otras de sus creaciones, argumento perfecto para una película que sin embargo sólo podría filmar en condiciones (de eso no tengo duda) un Terry Gilliam en sus momentos más desbocados. Hay otras novelas y muchos relatos cortos de Dick que juegan con ese delgado filo entre la locura y la cordura, entre lo normal y lo aberrante… pero descubrirlos tal vez sea misión de quien quiera ir más allá de Blade Runner.
En
el panorama soul actual predomina frecuentemente el continente sobre el
contenido: la pose, la actitud y la producción antes que las calidad de
las composiciones, de forma que nos encontramos con muchos soulmen de
perfecta imagen, refinada producción musical, aceptable voz, canciones
bien estructuradas… pero terriblemente aburridos, aunténticos pestiños
no aptos más que para fanáticos del estilo. Son casos en los que la
falta de inspiración real se quiere ver suplida por "todo lo demás".
Pero claro, no basta.
Eric Benet, a pesar de su pulcra imagen, parece no ser uno de estos soulmen de diseño...
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Una de las paradojas de la sociedad que hemos creado es que vivimos abrumados por datos, pero tenemos muy poca información (Evidentemente no estoy descubriendo nada nuevo). No sólo por la dificultad de separar el ruido de la información veraz, sino también por la mala calidad general de los informantes, y desde luego por intereses creados que promueven la confusión mediática. Un simple ejemplo: intentad encontrar un análisis exhaustivo y coherente sobre la rentabilidad o no rentabilidad de la energía eólica frente a las fuentes tradicionales (carbón, petróleo)… misión imposible.
Algo parecido aunque amplificado ocurre con conceptos como sostenibilidad o capitalismo social: todos tenemos algún vago concepto al respecto, pero poco más, Así que cuando un día nos preguntamos “¿cómo podemos colaborar con el medioambiente, y con el tercer mundo, desde nuestro diminuto nido pequeñoburgués?”, la respuesta es inexistente… hasta que el omnipresente marketing llega para salvarnos! Y así, nos encontramos con la opción ecológica u opción solidaria, convenientemente presentada en lujoso packaging, cada vez en más casos: visitad Alcampo, os encontraréis con las “cajas verdes”, publicitadas con carteles que las venden como un “compromiso con la naturaleza”. ¿Tomáis café en el trabajo? En la máquina expendedora encontraréis la opción de cafés “comercio justo” (más caros, lo que presupone que si le damos a otro botón, estamos explotando a los débiles?). Por no hablar de los kilos solidarios, o incluso los coches híbridos, en realidad al alcance sólo de las economías más pudientes. Los ejemplos son cada vez más numerosos.
Es nuestra última necesidad inconsciente que el márketing se ha propuesto satisfacer: la de sentirnos útiles al mundo, acallar nuestras conciencias, y de esta forma que podamos seguir consumiendo sin descanso y sin remordimientos, tras haber aparcado en un rincón de nuestras vidas lo que (se supone que) debería ser uno de sus leitmotiv, la justicia social…
Evidentemente es (casi) todo puro fingimiento, un sistema narcótico, si en Matrix criaban seres humanos para extraerles la electricidad, en el capitalismo nos atiborran de estímulos y acallan nuestras conciencias para extraer nuestras rentas sin que nos quejemos de ello.
Hay canciones de tal poderío que hasta la versión más abyecta no logra eliminar toda su grandeza. Por otra parte, en esos casos la calidad del original va en contra del copión mejor intencionado, ya que la comparación siempre favorecerá a la versión inicial. Thunder Road es una canción antológica del gran Springsteen, adorada por sus acólitos y fácil de disfrutar por los que como yo, no lo son.
Los sabios Cowboy Junkies se atrevieron a versionearla, y consiguieron no quedarse tirados en la cuneta, mediante el simple método de ser fieles a su estilo. Un original enorme, y una copia rotunda.
Una de las mejores canciones de U2 es sin duda One, emotiva oda a la fidelidad monogámica (o algo así). La alianza que en el 2007 realizaron U2 y Mary J Blige para versionear la misma (autoversionear, los primeros), no hacía presagiar nada bueno: mezcla imposible de estilos, artefacto para escalar los charts sin respeto por la propia historia… pero, oh sorpresa, la rotunda voz de la Sra. Blige y la calidad de la canción se sobrepusieron a los peores indicios, convirtiéndose en un jugoso bocado pop.