Unos suaves acordes de guitarra, una voz melodiosa, coros elaborados... Los Manhattans consiguieron todo un pequeño clásico con esta hermosa canción, que treinta años después sigue sonando casi como el primer día.
Esto no necesita presentación. O no debiera. Eso sí, si pretendes comprar un piano eléctrico y es el tío Ray quien le pone el precio... no se lo discutas, chaval.
Las personas en cuya alma reina la maldad absoluta (si es que existen más allá de la ficción literaria o cinematográfica), no son obviamente la mejor compañía para irse de cañas. Pero ¿no habría también que tomar las mismas precauciones respecto a las personas sin tacha, esos seres en cuya alma no se encuentra la mínima zona de sombra, en las que parece no existir ese lado oscuro (que por otra parte todos sabemos que tenemos dentro por pequeño y reprimido que sea)? Me explico: cuanto más lo pienso más considero que los espíritus moralmente unidimensionales son propensos al fanatismo, y, desde luego, poco humanos. Partiendo de que la dualidad moral es inherente a nuestra condición humana (es decir, al hecho de saber distinguir el bien del mal, lo correcto de lo incorrecto), los seres que pertenecen al 100% a uno sólo de estos polos, son (como diría Dan Brown), ángeles o demonios, pero tal vez no personas. Y desde luego para mí un poco sospechosas. Por eso es bueno saber que en realidad todos, incuso las personas más virtuosas, tienen sus pequeños vicios, sus pequeñas ruindades morales. A lo mejor eso no es tan malo. Les humaniza, y los puede hacer menos intransigentes. Y más comprensivos con los errores ajenos (porque los comparten en parte), que aquellos que se saben o se sienten portadores de una verdad absoluta que se ha hecho carne en ellos.
"Pero ¿por qué son malos los hombres? Cómo me sorprende este mundo. ¿Por qué se dejan llevar de inmediato por el odio, la rabia? ¿Por qué les encanta vengarse, hablar al punto mal de uno, cuando no van a tardar en morir, pobrecillos? Que esa horrible aventura de los humanos, que llegan a esta tierra, ríen, se mueven, y de repente dejan de moverse, no les haga ser buenos resulta increíble. ¿Y por qué te contestan enseguida mal, con voz de cacatúa, si eres dulce con ellos, lo que les mueve a pensar que no eres importante y por lo tanto resultas inofensivo? Lo que hace que muchos tiernos deban fingir ser malos para que les dejen en paz, o incluso, cosa trágica, para que les quieran. ¿Y si nos fuéramos a la cama y a dormir horrendamente? Perro dormido no tiene pulgas. Sí, vamos a dormir, el sueño tiene las ventajas de la muerte, sin su pequeño inconveniente. Instalémonos en el agradable ataúd. Cómo me gustaría poder sacar (como se saca el desdentado la dentadura postiza y la pone en un vaso junto a su cama), sacar mi cerebro de su caja, sacar mi corazón demasiado palpitante, pobre diablo que cumple demasiado bien con su deber, sacarme el cerebro y el corazón y sumergir a esos dos pobres millonarios en soluciones refrescantes mientras yo duermo como ese niño que nunca más seré. Cuán pocos humanos hay y cuán súbitamente se queda el mundo desierto."
"Yo, Benjamin Malaussène, quisiera que alguien me enseñara a vomitar en lo humano, algo tan seguro como dos dedos en las profundidades de la garganta, que alguien me enseñara el desprecio o ese buen odio bestial, el que mata con los ojos cerrados, quisiera que alguien apareciera un día, me enseñara a otro y me dijera, aquél es el cabrón integral, cágate en su cabeza, Benjamín, que se coma tu mierda, mátalo y acaba con sus semejantes. Y quisiera poder hacerlo en serio. Quisiera ser de los que exigen el restablecimiento de la pena de muerte, y que la ejecución sea pública, y que guillotinen al condenado comenzando por los pies, que luego lo curen, que lo cicatricen, y que vuelvan a comenzar una vez sanado, guillotina de nuevo, también por la otra punta, las tibias esta vez, y a curarlo de nuevo, y cicatrizado de nuevo, y ¡chas!, ahora las rodillas, a la altura de la rótula, donde más duele; quisiera pertenecer a la auténtica familia innumerable y unida de todos los que desean el castigo, llevaría a los niños al espectáculo, podría decirle a Jeremy: “¿Ves lo que te espera si sigues pegándole fuego a la Educación Nacional?” Y al pequeño le diría: ”¡Mira, mira, éste también transformaba en flores a los tipos!”. Y en cuanto la pequeña Verdún abriera la boca, la blandiría al extremo de mis brazos , por encima de la multitud, para que viera bien la ensangrentada cuchilla: ¡disuasión! Quisiera pertenecer a la gran, Hermosa Alma Humana, la que cree a pies juntillas en la ejemplaridad de la pena, la que sabe dónde están los buenos y dónde los malvados, quisiera ser el feliz propietario de una convicción íntima, ¡ joder, cómo me gustaría! ¡Dios mío, cómo simplificaría eso mi vida!"
"Ser de izquierda es, como ser de derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de hemiplejía moral."