En 1967, Frank Sinatra se unía a uno de los creadores de la bossa nova y su más grande compositor, Antonio Carlos Jobim, para realizar un álbum en común donde repasaría las grandes creaciones del compositor brasileño. El resultado del encuentro fue un elegante LP en el que la voz desgrana con impoluta elegancia un ramillete de composiciones que ya por entonces se habían convertido en clásicos. Una de las características de Sinatra es que su increíble timbre y entonación le hacía capaz de sobrevolar cualquier estilo, pero sin perder nunca sus señas de identidad: cantara villancicos, composiciones de Stevie Wonder o clásicos brasileños, siempre sonaba a Sinatra. No sé si esto es bueno o no, de hecho, aunque las composiciones de este LP rebosan estilo y saber hacer tanto en la voz como en la instrumentación, a veces se tiene la sensación de que el estilo de Sinatra y las canciones de Jobim caminaran juntas, pero sin acabar de fundirse. Aunque ello no es óbice para saborear este pequeño bocado, que ustedes, como buenos pagadores del canon digital, pueden descargarse sin complejos aquí.
Muchos de los más brillantes relatos de Borges se desarrollan en un pasado ficticio, o son desarrollados como episodios históricos apócrifos enmarcados en épocas concretas de la historia universal. El genio del argentino le permitió manejar este recurso con soltura sin caer en la pedantería o el simple ridículo. La Cámara de las Estatuas es uno de sus escasos relatos ubicados en un lugar y un momento histórico puntual, y que cuenta con una anécdota perfectamente imbricada en el devenir real de los hechos que ocurrieron. Lo descubrí con menos de 13 años, perdido al final de un capítulo de un libro de historia o literatura, no lo recuerdo (creo que de historia). Lo leí sin saber quién era Borges, sin saber qué me iba a deparar la lectura de esas palabras, sin saber por qué ese microrrelato estaba precisamente ahí. Por ello pude experimentar el sabor puro de la sorpresa, el descubrimiento de la felicidad inesperada de la literatura, la evocación de otro mundo. Hoy sin saber por qué me vino a la cabeza el recuerdo, y pude ubicar el relato en esa biblioteca de Babel que es internet. Y la felicidad del relato seguía allí, esperándome más de veinte años después...
Las británicas Marsha Ambrosius y Natalie Stewart son las creadoras y componentes de este elegante combo soul. Voces personales, composiciones originales y producción refinada y lejos de efectismos, componen un cóctel que, contra lo que se podría esperar, tiene en sus surcos mucho de la esencia del soul más clásico. Con ya tres LP's a sus espaldas, han sido también compositoras para otros artistas, incluído. sí, Michael Jackson.
No lo negaré. Estoy un poco fatigado de hablar y de oír hablar de las cosas importantes de la vida: la salud, la familia, los amigos…
Y no porque no lo sean. Que lo son. Es porque no puedo dejar de pensar que, aunque muy poquito, lo otro también nos importa, más de lo que es políticamente correcto admitir. Y sostener lo contrario es rendirnos, ceder, a una imagen falsamente ideal de nosotros mismos.
Nuestra vanidad cuenta. Nuestro prestigio personal nos importa. Quisiéramos tener más éxito profesional Quisiéramos tener un chalet de fin de semana, un mejor coche. Es así, y no lo podemos evitar. Nuestra faceta vanidosa, superficial, política, existe y todos las tenemos en mayor o menor medida. Algunos enorme, otros diminuta. Pero ahí está, igual que nuestra faceta intelectual, nuestra faceta amorosa, nuestra faceta depravada, nuestra faceta familiar, musical, sexual, altruista…
Negarlo es limitar la visión de nosotros mismos a una imagen más bien plana, aunque sea ideal y esté confeccionada con las guirnaldas más lindas del jardín.
Tal vez lea esto pronto y me parezca una sandez. Tal vez no.
- Los “poderes públicos” velan por nuestra seguridad e intereses.
- El periodismo es independiente, lleno de profesionales que contrastan las noticias antes de publicarlas.
- La juventud es un valor en sí mismo. Es buena, es alabable, es positiva.
- La gente que nos rodea puede cambiar. Nosotros podemos cambiar.
- Todo alimento, por estar envasado o empaquetado y etiquetado, puede ser consumido sin temor ni riesgo.
- La sociedad es educable. La violencia de género, los accidentes de tráfico o el abuso de menores se pueden disminuir o eliminar con campañas publicitarias o prevención.
- La televisión es el medio educativo más poderoso.
- Una imagen vale más que mil palabras.
- Todos los bebés son preciosos.
- Este post es original.
En 1984 Francis Ford Coppola estrena Cotton Club. Trabajo de encargo, que acepta ante la enorme deuda personal contraída tras financiar personalmente One from the Heart, uno de los mayores fracasos económicos de la historia del cine. La película es financiada de forma privada, destacando entre los inversores los hermanos Doumani, dueños de un casino en Las Vegas, que aportaron 30 millones de $. El reparto es de primera línea (Richard Gere, Diane Lane, Nicholas Cage, Bob Hoskins, y los hermanos Gregory y Maurice Hines interpretando a los bailarines Williams). La banda sonora, ambientación, escenas de baile, realización y trama supuran brillantez en cada uno de sus fotogramas. Sin embargo nada de elló sirvió para hacerla triunfar. El
coste total de lapelícula fue de 50 millones, recaudó tan sólo 25 y
contribuyó al declive comercial y luego artístico de Coppola.
Por motivos navideños (la visita a su familia del editor de este blog), nos despedimos de todos vosotros hasta el 29 de diciembre, día en que volveremos a brillar sobre el asfalto (o por lo menos a intentarlo!). Que paséis una muy feliz Navidad. Os dejo con el gran Dino y su Christmas Blues.