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Jungla de Asfalto

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EL VALOR DE LA COPIA (II): Country, pop meloso y baladas soul
El country está universalmente reputado (fuera de los USA) como uno de los estilos musicales más aburridos y ramplones que puedan existir. Sin embargo, es un secreto poco conocido que los compositores country han generado un amplio abanico de magníficas baladas, que por su calidad intrínseca han superado las barreras de su propio nicho original, siendo eso sí versioneadas y llevadas al éxito sin empacho por cantantes de otros estilos musicales más reconocidos.
 En 1991, la siempre atinada Bonnie Rait grababa una hermosa balada en su LP "Luck of the Draw", I Can't Make You Love Me. La calidad de la composición, la voz ligeramente rasgada y reposada de esta interesante veterana, y la producción delicada y tenue, le reportaron un gran éxito y la rápida consideración como clásico musical. De ahí a las versiones no distaba mucho.
En 1997, el inefable Gorge Michael hacía su versión en sus grandes éxitos publicados aquel año. Justo es reconocer que, si bien es difícil destrozar tal composición, hizo una refinada y sensible versión, que le reportó un amplio éxito en UK.

Pero (oh, sorpresa) un año antes, el gran Prince ya había realizado su propia versión en su triple LP Emancipation (tal vez el más flojo de su carrera). Con su falsete característico y una lujuriosa producción marca de la casa, era uno de los mejores momentos de un triple LP fallido. De nuevo una versión alternativa del clásico original, fácilmente paladeable para los seguidores del enano mulato y para los que no lo son.

Las versiones han sido constantes desde entonces, y han revisado el clásico desde la gran Candy Duffer a algún que otro triunfito americano,  pasando por más de un ilustre desconocido.

Un ejemplo más de que la calidad de una canción es totalmente independiente del estilo con el que naciera.

 
(09/11/2008) -
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CAPÍTULO 23 de "El Restaurador", novela on line
El mundo cambia a nuestro alrededor, pero la cita con nuestra novela on line permanece.

Cap. XXIII.-Los cuadernillos de Alt Ausee

Fado, música del alma portuguesa (VI): PASIONES DIAGONALES

El pasado sábado disfruté de un privilegio: el de ver y escuchar en directo a la gran, grandísima Misia.

Un cuerpo pequeño, casi diminuto, que esconde una voz privilegiada y un dominio insultante de la entonación. Además, lo mejor es que sobre el escenario huyera de todo divismo, de esas afectadas poses de "ARTISTA" que  suelen aquejar a tantas cantantes nacionales cuando se suben a unas tablas.
Por el contrario, un  saludable distanciamiento de su propio rol de creadora hizo que la conexión con el público fuera natural y espontánea, sin obligar al auditorio a realizar esa absurda liturgia de [Gran Artista-Haciendo ARTE- a público adoratriz del ARTISTA], esquema que en esta sociedad que se empeña en tratar a los artistas como seres superiores portadores de profundas esencias místicas,
parece ser el único posible para los conciertos en directo. Cabría recuperar para ellos el epíteto de artesanos, que en absoluto debiera ser despectivo. En el fondo es normal, porque esa palabra se desligó hace ya décadas del concepto de “cultura” o "arte” en esta sociedad del espectáculo en que vivimos.

Y frente a la declaraciones que me temía podían a salir de su boca, del estilo de “el fado sale de lo profundo del alma portuguesa”, o “quien no ha sufrido no puede entender el fado”, tuve el placer de escuchar expresiones tan cercanas como: “Yo no hago terapia para los nervios, porque me dedico a cantar fado, y así me voy limpiando las tristezas del interior”, o “cuando estoy baja de ánimo  pido en el bar de mi barrio (ademán trágico) un alcohol fuerte, lo cual no quedaría muy correcto en un camionero o una ama de casa, pero pega mucho a una fadista, parece que viene con el kit".

Y junto a esa agradecida naturalidad, se escuchó en el teatro Albéniz auténtico sentimiento, y auténtica música. Un prodigio de música, tanto instrumental como vocal.

Y  cerró la noche, afortunadamente, con su fado fetiche, Lágrima, cuya versión de estudio les dejo aquí: 


(04/11/2008) -
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- Fado

CAMPAÑA USA (II)
O cómo pegar un directo al hígado con exquisita elegancia.



Descubierto en mi blog político favorito.
Nada que ver con los tristes spots políticos de este país.

(30/10/2008) -
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JÁLOGÜIN
S. Bayona
 
Hay algo realmente terroífico en la fiesta (¿?) de Halloween, que me hiela la sangre más que ninguna de las iconografías macabras con que somos obsequiados a primeros de noviembre, y es la facilidad con la que hemos asumido nuestro rol de periferia cultural, subyugados por el interés comercial de unos pocos.
Y yo me pregunto: ¿qué tenemos que ver nosotros con esto?.
No se trata ya de que Halloween sea una tradición (¿?) anglosajona (es casi inevitable un cierto grado de transferencia entre culturas en contacto) ni de que ni tan siquiera en el mundo anglosajón la noche de walpurgis tuvo hasta hace relativamente poco tiempo el formato con el que ahora se conoce ese esperpento llamado Halloween. Tampoco puedo decir que mi terror tiene su origen en la indecente manera en que nos venden y compramos el siniestro merchandising (sería absurdo pretender que alguno de nosotros está por encima del actual sistema de producción).
No. La razón por la que jálogüin (en castellano) me parece obsceno es porque forma parte de una transición generalizada desde la trascendencia natural a la alienación esotérica. Es una muestra más de cómo dejamos de percibir la muerte como una parte necesaria del ciclo vital, es decir, de la normalidad, y la relegamos al ámbito de lo extraordinario, de lo que nunca debería existir, y por ello lo "celebramos" una sóla noche al año, en vez de asumirlo como parte consustancial de la existencia.
Y esto es así porque en esta sociedad del espectáculo en que vivimos, tendemos a apartar la muerte de nuestra presencia, a borrarla, como un tabú (y si nos fijamos bien en el papel que la muerte juega en esta pantomima de disfraces, veremos que no está muy lejos de la forma en que las sociedades primitivas se relacionan con sus tabúes).
Sin embargo, por estos pagos la festividad del primero de noviembre ha tenido que ver tradicionalmente con el no menos primitivo culto a los muertos, el cual, bajo la forma cristiana, adquirió un sentido piadoso de recuerdo y oración por los que nos precedieron. Era, en cierta medida, una especie de relación natural de dos planos de existencia contiguos, pero igualmente reales.
Aún recuerdo cómo me llevaban de niño a recorrer las calles del cementerio y me presentaban al bisabuelo, a un tío segundo o a un primo lejano que murió siendo niño, y todos los años mis mayores hacían memoria de dónde deberían ser enterrados. Algún mentecato hablará ahora de traumas infantiles, pero lo cierto es que el conocimiento de los ancestros y la percepción de la propia finitud resultaba un remedio magnífico  para la doctrina materialista que nos fuerza a pensar que sólo el ahora es válido.
Traumático es lo actual, donde cualquier recordatorio de la muerte se trata como un producto contaminado; donde por eliminar, eliminamos hasta los cadáveres dispersando sus cenizas cuanto más lejos, mejor.
¿Qué es, en definitiva más cruel, llevar a nuestros hijos a visitar las tumbas familiares, o impedir que adquieran consciencia de un hecho tan universal como la muerte, y tan innegable como su propia muerte?
Me aterra que muchos de nosotros prefiramos disfrazarlos como imbéciles, (yo el primero, oiga) permitiendo que clonen actitudes antisociales (el treat or trick ¿no es una coacción propia de futuros delincuentes juveniles?),  pensando además que jugar con una ogüija resulta inofensivo.

¡Viva la muerte!

UN AÑO MÁS
Hace ya un año y un mes que comenzó este blog, llamado a desaparecer algún día sin más historia, en el que escribimos tres personas. Ahorraré los habituales y aburridos comentarios sobre "lo que me ha aportado este blog" o cosas parecidas. Eso sí, quién iba a decir hace un año que el sistema financiero mundial estaría a punto de irse al garete, o que íbamos a tener un presidente mundial de raza negra.
La cuestión es que hace un año y un mes comenzábamos con algo como ésto:
 

Pocos directos se pueden oir así.

(29/10/2008) -
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Pequeñas pausas (XI): Los Mensajeros de Buzzati

He comprobado con cierta sorpresa que los post dedicados a relatos cortos tienen un número de visitas superior al promedio. Aunque la esencia de este blog es hablar de un poco de todo, de cualquier cosa que a sus autores les resulte interesante, la verdad es que a mí personalmente me fascinan esas pequeñas cápsulas en las que con sólo 900 ó 1.000 palabras se consigue capturar un universo completo, que pasa a estar disponible para quien quiera acercarse a sus letras. Y como siempre, la sugerencia transmite más que la descripción exhaustiva.
Y ahora un breve relato traspasado de melancólica tristeza, del gran Dino Buzzati.
 

LOS SIETE MENSAJEROS

(26/10/2008) -
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Pequeñas pausas (X): UN EXTRAÑO LAMENTO
En esta blogosfera en la que reina el copy-past y  la vampirización de contenidos, (y no me voy a excluir al 100%), nos atrevemos hoy  con un minúsculo aporte a la originalidad: un micro-relato inédito (lo cual no garantiza su calidad claro), y anónimo, por cierto. ¿Pero quién es el personaje que se lamenta por lo que ha hecho?

LAMENTO POR EL SER AMADO

(24/10/2008) -
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No War Screams

(23/10/2008) -
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BE PERFECT, MY FRIEND
Viendo hace pocas semanas un programa de Sanchez Dragó sobre literatura, entre los asistentes figuraba un escritor cuyo nombre y personalidad ignoro. Dragó le comentaba que contrariamente a lo  que se podía imaginar leyendo sus novelas, él era una persona muy callada y tímida.
El escritor, sin abandonar su cara afable pero seria, dijo: "pues sí, soy tímido, y es más, yo reivindico la timidez, estoy ya un poco cansado de tanta gente extrovertida y brillante, parece que existe una obligación en esta sociedad de ser brillante y  un gran comunicador".
Me quedé pensando en esa afirmación, sobre todo porque, además de estar de acuerdo,con ella, secretamente me quitaba cierto peso de encima, aunque su emisor fuera un completo desconocido para mí.
Es cierto, ¿no?. Todos los mensajes, todos los manuales de liderazgo, todos los exámenes y pruebas, todo lo que en definitiva “se espera” de nosotros (por la sociedad, por nuestros padres, nuestros hijos, nuestros jefes, nuestras empresas, nuestros amigos, nuestras parejas, nuestros ligues de una noche, los desconocidos que nos cruzamos por la calle, por  el MUNDO), todo versa sobre la necesidad y  obligación de ser brillantes, equilibrados, tener la palabra justa, el análisis perfecto, las ideas claras, la empatía adecuada, la brillantez expositiva, la imagen correcta y el cuerpo sano…  ¿Y qué ocurre con los que no alcanzan semejante grado de excelsitud? ¿Deben quedarse rumiando en su interior sus “deficiencias” sociales, su enorme pecado de no ser perfectos en todos los ámbitos y situaciones? ¿O dedicarse en cuerpo y alma a transformar su manera de ser, sus hábitos, su esencia, para triunfar en su vida social y privada?

¿Realmente es tan importante? ¿No nos están introduciendo en un modelo basado en el self-made man, el mercantilismo social y el economicismo a ultranza que lo único que consigue es ser una fuente de secreta frustración para mucha gente normal?
Normales del mundo entero, no os diré “uníos”, os digo seguir con vuestras vidas, tal vez intentando ser un poco mejores cada día, pero aceptar que sois (somos) limitados, no como un fracaso, sino como una característica inherente a ser humanos. Porque lo somos, y eso no es malo, ¿no?
(22/10/2008) -
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