No soy muy amigo de dejar comentarios en los blogs que suelo visitar. Aunque sí acostumbro a leer los comentarios dejados por otros en los post que me han resultado interesantes. Dejando a un lado los trolls de turno, no me dejo de sorprender de hasta qué punto los comentaristas se enroscan en discusiones sin sentido sobre temas en las cuales, por su carácter del todo subjetivo, no sólo es imposible tener razón, sino, como consecuencia de ello, demostrar de forma racional al adversario dialéctico su error.
Pero eso no importa, la gente utiliza horas y horas rebatiéndose unos a otros en espirales interminables, consumiendo buena parte de su vida en discusiones que no les van a aportar ningún beneficio material ni espiritual, ni siquiera la pobre satisfacción de haberse impuesto dialécticamente al “contrario”.
¿De dónde viene esa obsesión por intentar imponer nuestro propio criterio, de tener razón por encima de todo, y de además, siempre “decir la última palabra? ¿Qué nos aporta realmente? ¿Por qué es tan escasa en la web la lógica actitud de dar nuestras opiniones y criterios, pero saber valorar la postura de los otros e incluso encontrar en la misma nuevas visiones que amplifiquen la nuestra?.
Pensando sólo un poco, creo que esta actitud tan "humana" seguramente esté siendo utilizada por políticos de toda ralea para sus objetivos irrenunciables de captar votos bovinos e irracionales, con una reflexión parecida a ésta: “Preparemos un mensaje populista, es decir, que se adapte a las opiniones previas e inamovibles de los posibles votantes, y obtendremos su apoyo. Porque si intentamos incitarles a una reflexión real para que vean que nuestras propuestas son honestas y con el único objetivo del progreso social, no vamos a conseguir un solo voto".
Ergo... ¿los componentes de la sociedad son (somos) cada uno de ellos (de nosotros) dogmáticos en estado puro, pero adheridos a un dogma en último termino personal e intransferible?
Uf, creo que lo mejor será olvidarme por un tiempo de los blogs, de sus post y de sus comentarios, e irme a tomar una cañita con los amigos.
Seguro que les convenzo para que hoy inviten ellos.
¿Puede tener sentido sacrificar la propia existencia tan sólo para saber si lo que uno no sabe si soñó o vivió fue realmente heroico o vergonzante? ¿Intentar revivir una noche maldita, sólo por comprobar si se tiene eso que llamamos valor? ¿Dejar la vida de los hombres corrientes y adentrarse en la oscuridad de las patotas, tan sólo por cumplir un destino que en verdad podemos evitar?
Todo eso y algo más nos contó Bioy Casares en una soberbia novela, cuya sencillez de lectura y extraña transparencia seguramente disgusta a más de un intelectual de los que les gusta dictaminar qué es profundo y qué no... El Sueño de los Héroes no es realismo mágico, no es ciencia ficción, es Bioy Casares en estado puro, honesto, sincero, triste.
Pura literatura.
No hay que dejarse llevar nunca por los impulsos. Y menos aún si eres el piloto de un pequeño carguero espacial y te relacionas con otras razas, cuyo concepto del crimen y castigo puede superar en imaginación y refinamiento todas nuestras expectativas. Dick nos lo demuestra en dos páginas.
¿Es posible crear desde la nada un género musical inusitado , fascinante?
No lo sé, pero si rastreamos los orígenes de la bossa nova, me atrevería a decir que sí. Nos cuenta internet sobre la influencia de las melodías rotas del jazz, de un substrato autóctono previo... pero también nos dice que fue creada por un grupo de músicos de la clase media carioca.
¿Generación espontánea aunque intencionada de todo un estilo musical? Yo soy capaz de creerlo, al comprobar la escasa semejanza de este estilo con cualquier otro.
La Bossa nova está trufada de canciones de una belleza atemporal, diáfana, cristalina. La expresión sonora de una especie de calma interna, que parece sobrevolar sin aspavientos cualquiera de las tormentas emocionales que sus letras puedan expresar.
Y de forma coherente a este espíritu, las cantantes de bossa utilizan su voz con un distanciamiento y una melancolía del todo apropiada para esa belleza casi fría que este género musical transmite. En cierto modo es el extremo opuesto de los sentimientos a flor de piel que una soulwoman clásica expresa en sus momentos de clímax.
Una de las versiones más depuradas de esa belleza distanciada pero superior que la bossa nova desprende es un LP del año 2002 ("Casa"), firmado por el señor Ryuichi Sakamoto (sí, el de “Feliz Navidad, Mr Lawrence", que los fans de Bowie recordarán), junto a Jacques Morelenbaum y su hija Paula, dos colaboradores habituales de Antonio Carlos Jobim, en cuyas increíbles composiciones se basa todo el trabajo. Un álbum de fascinante escucha, con una instrumentación escuálida (tan sólo piano y chelo más alguna lejana guitarra) y la elegante y comedida voz de Paula Morelenbaum sobrevolando sofisticadas melodías y recreando esa morbidez sonora con simple efectividad.
Y como no podía ser de otra forma, ponemos a vuestra disposición el álbum, por cortesía de este modesto pero intrascendente blog. Y el motivo de su título es más que interesante, si lo queréis averiguar...
Pos-post: No es de extrañar que la bossa nova sea una de las fuentes del lounge, ese estilo musical de quienes necesitan sonidos envolventes, ligeros y poco comprometidos. Por no hablar de otros "hijos bastardos" aun más hedonistas y últimamente un poco vulgarizados, como el chill-out.
Actualización 15/10: Un poco más aquí, con posibilidad incluida de descargar un clásico.
Buscando ya-no-recuerdo-qué por la nube digital, descubrí un magnífico photoblog alojado en Boston.com. Espectaculares fotos, ajustados resúmenes en texto de las noticias, y la posibilidad de acceder a completos mini albums sobre cada tema a partir de cada foto de cabecera. Y de propina,The Big Pictureme llevó a otro... no sabría cómo llamarlo, pero es de lo mejor que he encontrado hasta ahora, una mixtura de datos e imágenes que te hace sentir que en ocasiones, si se sabe utilizar internet, el medio puede ser el mensaje (¿es eso peligroso?). Ah, y esto no se ha convertido en un blog sobre fotografías, aunque lleve camino de hacerlo.