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Hayao Miyazaki

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MI VECINO TOTORO, LA INFANCIA ANIMADA

El mundo de los niños linda como  se sabe con lo fantástico.  Lo mágico (desde que los animales puedan hablar hasta que los miembros se corten y se reinserten sin problemas) encuentra en su concepción de la realidad un alojo natural  El concepto de tiempo lineal es inexistente para ellos: penetrar en el sueño es por tanto internarse un en terreno desconocido, donde no se es consciente de si hay o no un día después. La felicidad es sencilla y extrema, los miedos son profundos, los dolores inconsolables. Su sentido estético no sigue los cánones adultos, sino una guía desconocida e inasible para nosotros. En buena medida, la palabra infantil es torpe, muy torpe para definir esa terra incognita. Y por ello, es tan difícil encontrar cineastas que lo hayan sabido trasladar a la pantalla. Y si hablamos de cine de animación, el panorama no mejora precisamente.
Por eso llama la intención que quien mejor lo ha hecho hasta ahora (y no una, sino en dos ocasiones) sea un señor de casi setenta años, que se acaba de retirar demostrando que se encuentra en plena forma artística. Ponyo en el acantilado es un pequeño prodigio de Hayao Miyazaki que eleva la animación clásica al mismo nivel de excelencia que las maravillas de Pixar (aunque partiendo de premisas diferentes).  Pero es la mágica Mi vecino Totoro la que se he convertido en película de culto por su sofisticada sencillez, su  delicada animación y su visión de la infancia como el estado en el que los prejuicios y los dogmas felizmente no nos han coartado todavía nuestra visión del mundo… Una obra maestra que evita la necesidad de explicar todo lo que cuenta.
Más y mejor escrito aquí y aquí.




COMIC, Hayao Miyazaki, manga
(12/01/2010) - 361 visitas - 0/10 puntos - 2 opiniones añadir comentario - Cine



PRINCESA MONONOKE, la animación increíble

Con El Viaje de Chihiro todos descubrimos a Hayao Miyazaki y su maravilloso arte. Con El Castillo Ambulante algunos (entre los que me incluyo) caímos rendidos ante unas películas que por muchos motivos suponen  auténticas obras de arte. El siguiente paso (a la espera de que su versión de la Sirenita deje en un rincón oscuro a la Disney), era inevitablemente rastrear su (extensa) obra anterior.
Tras visionar la interesante y entretenida Porco Rosso, y la juguetona
Kiki's Delivery Service me he quedado sorprendido, admirado, abducido  ante la impresionante Princesa Mononoke.
Siempre me ha interesado la cuestión siguiente: ¿Cómo juzgar una película de animación? ¿Sólo por su técnica? ¿Por su argumento? ¿Por sus momentos dramáticos,  por su guión?
Por lo que a mí respecta, una de las felicidades continuas de las películas de Miyazaki es la increíble calidad de los fondos dibujados para cada escena: auténticas obras semipictóricas  que en algunas ocasos bordean el hiperrealismo. Los edificios, los ladrillos erosionados y llenos de moho de los callejones de El Castillo Ambulante, los espacios umbríos, nebulosos y multicolores del bosque en La Princesa Mononoke, etc,  nos muestran un mundo real, creíble. Cada escena de estas películas, con sus atrevidas perspectivas, son una delicia para la vista. Nada que ver con la  triste pobredumbre visual de los fondos en las últimas películas de animación clásica de Disney (Aladin, Rey León, Pocahontas), que tampoco han levantado el vuelo por cierto en sus animaciones digitales (Little Chicken).
Otras cuestiones evidentes y fascinantes del arte de Miyazaki son la imaginería técnológica desarrollada  en sus filmes: desde el hiperrealismo de los aeroplanos de Porco Rosso, hasta los ingenios volantes propios del steam-punk del Castillo Ambulante o de Laputa, el Castillo en el Cielo. También la inserción inopinada de elementos fantásticos en un entorno real (Porco Rosso), o la indefinición de la época histórica en el que se desarrolla la historia (Castillo Ambulante).

Y en la Princesa Mononoke, todo este coktel tiene nuevos ingredientes: inspirada en mitos y leyendas japoneses, muchas de sus escenas adquieren un marcado carácter onírico que te deja atado al sillón (ahí queda el espíritu de bosque o los kodamas, recuerdo imborrable por encima de los dioses del film).  La calidad de la animación es en mi opinión superior a la del viaje de Chihiro: las batallas mostradas en perspectiva lejana, o las escenas de acción en primer plano, ofrecen un naturalismo y nitidez de movimientos que servidor no había visto antes, con un efecto en la retina muy superior a cualquier animación por ordenador. Y su banda sonora... mejor escúchenla por separado del film, para opinar sobre su belleza.
Por otra parte la historia es original y atractiva, evitando el maniqueísmo radical: en casi todos sus protagonistas se adivina motivaciones tanto nobles como perversas,. Y la moraleja (si la hay) esquiva la cansina ensalada respetoporlanaturaleza-bondad-amistad que empalaga tantas producciones americanas.

Tan sólo dos peros: los minutos finales se deslizan por momentos hacia la escena apocalíptica tan querida de las producciones niponas (aunque sin llegar a caer de lleno en ella). Y la escena final, como en Porco Rosso, es breve y precipitada.
Por lo demás, la película arrasó en Japón, y marcó un hito en cuanto a realismo y a combinación fluida entre animación clásica y animación digital. En esta página web podéis encontrar, entre otras cosas, la historia (muy interesante) de la gestación de la película y la elaboración del guión.

Un último detalle:  no es especialmente adecuada para niños. ¿Conocen alguna producción Disney en la que salga una fundición manejada por putas rescatadas de los burdeles, o una fábrica de armas cuyos obreros son leprosos en estado terminal?


Hayao Miyazaki, animación, manga, mononoke
(01/04/2009) - 446 visitas - 0/10 puntos - 0 opiniones añadir comentario - Cine





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