Hace algunas semanas pude leer en uno de los mejores blogs económicos, un post en el que comentaba el curioso “principio” de que aquellos países en los que se ha instalado la cadena McDonalds nunca han entrado en guerra (o por lo menos no desde que se instalara la multinacional de la hamburguesa). Esto me ha hecho pensar un poco sobre los inesperados efectos positivos que tal vez tiene el consumismo exacerbado que nos rodea, nos imbuye y nos posee. Conexión ADSL, móviles con cámara, SMS, televisión de pago, seguro médico, viajes al extranjero por vacaciones, coche nuevo cada cuatro años, Playstation, Xbox, Wii, Nintendo DS, tamagochis, fiestas de cumpleaños en parques infantiles, colonia de verano para descansar de los hijos, DVD grabador con disco duro, ordenador con chip de doble núcleo, impresora doméstica de fotos, cajita feliz para los niños, restaurant de sushi una vez al mes, Home theatre para disfrutar del futbol y las películas, IPod, por qué no el IPhone, sabores exóticos a domicilio, Gran Hermano, drogas de diseño, Operación Triunfo, 40 canales de televisión, código Da Vinci, fiesta sorpresa de cumpleaños con actuación de cómicos incluida, depilación corporal completa, excursiones en quad, los fines de semana, viajes a Nueva York por 35 euros, etc, etc, tantas cosas sin las cuales nos resulta difícil imaginar el pasar nuestras vidas, y que hace tan sólo quince o veinte años sencillamente no existían. Nos reblandecen la percepción, nos mediatizan en nuestros gustos y aficiones, nos uniformizan en nuestra visión del mundo, nos convierten en sujetos pasivos y receptores, alejan la reflexión de nuestras neuronas… pero, tal vez, nos hacen más inofensivos. Y tal vez, a medida que las sociedades menos desarrolladas van alcanzando poco a poco el nivel de consumismo del que disfruta Europa occidental y los USA, los odios raciales, la agresividad, el nacionalismo estúpido, se amansan, se moderan, y la gente empieza a sentirse cloroformizada por la satisfacción inmediata de los sentidos, que el mundo global promete y poco a poco proporciona, aunque sea a base de tarjeta de crédito, préstamo e hipoteca. ¿Será entonces algo bueno el circo que nos rodea? Mmmmmm…