Norah Jones no es tonta, y sabe elegir los clásicos que versionea como éste de Ray Charles (que para ser sincero siempre me ha sonado más como estándar de big band que como soul):
Mick Hucknall fue el líder de los Simply Red en los ochenta, y más tarde desarrolló una carrera en solitario que le acercaría cada vez más al pop en detrimento de su inicial inspiración en el soul. De una forma u otra, tenía una magnífica voz y sabía afrontar con soltura clásicos de la black music setentera como éste:
Y seguramente el mejor tema del último LP de Adele es esta pequeña joya:
Esa actriz y cantante un tanto extravagante llamada Eartha Kitt alcanzó algunos de sus éxitos con canciones interpretadas en francés, idioma que dominaba al parecer con soltura. Éste es uno de los más conocidos, una canción de sencilla elegancia y muy agradable escucha, conocida gracias al espíritu siempre inquieto de Esther. Y que le hace merecedora (a Eartha, no a Esther) de estar en el rincón francés.
WIKIPEDIA: Stanley Jordan saltó a la fama a principios de los 80 del siglo XX por una técnica novedosa de tocar la guitarra que consiste en presionar las cuerdas con las dos manos, en lugar de la tradicional de rasgar con los dedos de una mano y presionar las cuerdas contra el mástil con los dedos de la otra. Basándose en esta técnica consigue reproducir el sonido de dos y hasta tres guitarras o de acompañar el sonido principal con líneas de bajo. Esta técnica es conocida como tapping. Con ella Stanley consigue armonías complejas y sonidos limpios similares a los del piano. Pese a no ser el primer guitarrista en utilizar esta técnica, si es el primero que la lleva a extremos de uso exclusivo en su producción musical.
Graduado en Princeton en 1981 en música y armonía, se inició en la música desde pequeño a través del piano, lo que posteriormente le ayudó a iniciarse en la guitarra eléctrica en la técnica del tapping. Tras su graduación comenzó a tocar en las calles de Nueva York hasta que fue fichado por Blue Note Records lanzando su primer disco "Magic Touch", que obtuvo dos nominaciones a los Grammy y permaneció en las listas de discos más vendidos de jazz en EE. UU. durante casi un año.
Pese a este enorme éxito, y a aparecer en algunas películas como Cita a Ciegas o en programas de televisión de gran repercusión, la producción musical de Stanley Jordan no ha sido tan espectacular como se pudo esperar después de su exitoso debut, ya que ha dedicado gran parte de su tiempo a experimentar en el campo de la músico-terapia.
Prince es un pequeño gran genio que nos donó sus mejores creaciones en los ochenta, década en la que por lo demás no tuvo rival alguno. Sin embargo, quien tuvo retuvo, y con cierta frecuencia se descuelga con impresionantes canciones, auténticas masterpieces que se elevan sin dificultad sobre el mainstream imperante.
Una de ellas es esta epatante Mr. Man, auténtica lección de fusión jazz-funk -soul, que deja al resto de creadores de la música negra muy, muy lejos.
Parece una norma no escrita. Todos los artistas de la llamada música popular (pop, rock y demás mezcolanzas), llegan a un momento en sus carreras en que comienzan a aspirar a hacer algo “clásico”, es decir, a crear una obra que conecte con los parámetros musicales vigentes en Europa en los siglos anteriores, o en los USA en el siglo anterior (que para eso tienen sólo dos siglos de historia).
Así, el particular Sting lanza un compendio de canciones de un compositor británico contemporaneo de William Shakespeare (Songs from the Labyrinth), consiguiendo de hecho un éxito comercial. El beatle Paul MCartney compone oratorios y otras piezas clásicas y gana premios especializados. Rod Stewart se lanza a destrozar el Great American Songbook intentando así prolongar como crooner de segunda su más que acabada carrera. Y por qué no, Madonna hizo el mayor ridículo de su larga trayectoria cuando intentó acercarse al jazz con la banda sonora de Dick Tracy.
¿Ansias de legitimación artística? ¿Maduración natural? ¿Osada jugada comercial, o hartazgo del pop? Cada caso es obviamente distinto.
Sin embargo, el caso de Queen Latifah es llamativo. Rapera de largo recorrido comercial, instalada cómodamente en el stablishment musical y televisivo norteamericano, su música nunca me atrajo lo más mínimo, más allá de sus poses de “chica hip hop”. Pero oh sorpresa, en el 2004 lanzó un LP con su nombre auténtico (Dana Owens), en el que repasaba una colección de standards tanto jazzísticos como del pop y blues, pero siempre con un tratamiento instrumental clásico. E, inesperadamente, nos encontramos con un resultado maravilloso: una voz apabullante, suntuosa instrumentación, sensibilidad a raudales. El LP entero es una de las mejores cosas que he escuchado en muchos años. Quién lo iba a decir. Yo no, desde luego. Pero qué bueno es poder sorprenderse de vez en cuando.
PS: Conocí el disco de QL a través de Musicación, en mi opinión el mejor blog para descubrir músicas nuevas que hay en la red. Y además en este caso os podéis descargar el LP.
La semana pasada un compañero del trabajo me hizo llegar este vídeo. Aún recuerdo las películas de Danny Kaye que la Primera emitía los fines de semana hace ya bastantes años (ahora eso sería imposible, dada la obsesión de todas las cadenas por emitir bazofia para los amantes de la bazofia). En el vídeo se puede comprobar que Kaye, además de cómico, era un gran imitador y estimable cantante, capaz de aguantar un mano a mano con el mismísimo Armstrong.
Y la impresión general es la de un clasicismo y dominio de la escena que ya forma parte, lamentablemente, de otra época.