Siguiendo la universal ley del péndulo (o del eterno retorno) que tanto rentabiliza el marketing, en breve vamos a vernos invadidos por la historia inmortal de Lewis Carroll. Bien, más que por la historia, por la versión un tanto pasada de vueltas que el inefable Tim Burton ha realizado y que ha sido refrendada por un enorme éxito en los USA. La estética tan particular del sr. Burton puede ser muy adecuada para el mundo onírico de Carroll. No obstante ha seguido con su tradición (que comenzara con fotos/2754_14932.jpg">Eduardo Manostijeras) de vestir de dragqueen a Johnny Deep, aunque esta vez, quizás se ha pasado un poco. Sea como sea, lo que quería comentar en este post no era la enésima versión moderna de un clásico, sino la maravillosa colección de ilustraciones para la novela que un tal Arthur Rackham realizara para una edición de 1907. Unas maravillosas imágenes, de esas en las que cada milímetro de las mismas constituye una fuente de disfrute visual. Realizadas en un espectro reducido de colores centrado en los ocres, personalmente no dejo de mirarlos sin que en cada ocasión no realice un hallazgo nuevo. La lástima de la era digital es que no se pueda llegar a tener en las manos un libro con estas ilustraciones, sino que sólo se pueda disfrutar en una pantalla. Ni siquiera mediante impresión por encargo, sería demasiado caro. Pero bueno, no pierdo la esperanza.
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