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“Ése era un dado egocéntrico. Cayera como cayera, siempre caía de cara, y con la misma sonrisa entonaba: soy yo, soy yo. Le hacíamos las mil y una al pobre dado: lo lanzábamos desde el balcón, adentro del plato de sopa, o justo antes de que se sentara tía Albertina (105 kilos), lo poníamos sobre el banco. Los insultos de tía no nos incumbían: se los cargábamos al dado. Pero igual volvíamos a arrojarlo y zácate, caía de cara y dale cantar: soy yo, soy yo, soy yo. Una vez al Beto se le ocurrió limarle las aristas. Estuvimos como dos días sin parar hasta que quedó hecho una bolita. Vamos a ver si ahora cantás, dijo el Beto, y lo lanzó sobre las baldosas del patio. Apenas tocó el suelo, el dado empezó a decir: puta que te parió, puta que te parío. Y continuó rodando sin parar y meta cantar: puta que te parió, puta que te parió, puta que te parió.”
Este es un relato apócrifo del gran Julio Cortázar. Lo conocí (al relato) y a su historia hace cinco años, a través de una revista argentina de ciencia ficción de los años setenta. Pensaba que por una vez lograría la originalidad absoluta en la blogosfera, pero Google me quitó la ilusión, ya que el relato aparece anteriormente en el blog de Luis Beltrán. No obstante lo posteo porque me gusta mucho.
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