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Un Nuevo Mundo (microrrelato en 125 palabras)

    En la penumbra, apretado contra el pecho el preciado volumen, esperaba. Aquella sala auxiliar era extremadamente pequeña para encerrarse en ella. No importaba. Hayden había reventado en la sala de despresurización. Olmos estaba inutilizado. Y le molestaban poco los golpes desesperados de Lois en la puerta. Pronto moriría, asfixiada. Entonces él saldría, conectaría el mando principal del oxígeno (cuya clave custodiaba), y se quitaría la máscara de respiración. Luego llegaría al planeta Icarus para empezar de cero. ¿Sólo? Seguro  que el libro le ayudaba en eso… Acarició de nuevo golosamente su lomo suave. Intuía que era cuero humano. Lo abrió y allí estaba, la primera frase que le revelara todo: “Y yo, Luzbel, os guiaré para gestar un nuevo mundo”.

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(23/06/2010) -
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EN DEFENSA DEL NEGRO LITERARIO
Figura conocida pero poco mentada, auténtico fogonero de los trenes literarios, oculto desarrollador de tramas y escenas, el negro literario merece una reivindicación aquí y ahora.
 ¿Por qué?
 - Porque sin su figura, la obra de muchos autores como AlejanDro Dumas o tal vez Verne, sería mucho más reducida, y no necesariamente a costa de sus peores títulos. 
- Porque ser negro literario es una forma sacrificada pero muy efectiva de desarrollar, a la hora de escribir, eso llamado oficio. ¿O no fue tal vez el propio Dumas en sus comienzos un negro más? Escribir para la gloria de otro, a destajo, afila la pluma y pone orden en la mente, condición sine qua non para luego ser capaz de dar rienda suelta al talento, que (en el caso de tenerlo), nunca basta por sí solo y siempre necesita de dura disciplina para ser transmitido al papel.
- Porque los negros literarios hacen posible que hombres y mujeres de este nuestro querido país (y algunos adyacentes), puedan tener entre sus manos (y hasta leer en ocasiones), libros escritos por sus dioses televisivos particulares, alcanzando pequeñas cimas de satisfacción y culminación personal, que nadie tenemos el derecho a negarles. 
- Porque a veces las mejores obras han salido de la interacción entre el escritor oficial y su negro, ya que a veces la idea brillante y el genio creativo del primero, necesita ser encauzado por el pulso narrativo y la sapiencia terrenal del segundo. Argumentos para este razonamiento: baste con acometer un libro puro genio y creatividad desbocada: lean (si pueden) el Ulysses, de Joyce. Entonces entenderán. 
- Porque Cyrano de Bergerac fue al fin y al cabo, eso.
- Porque el mundo es así, y tanto en la empresa privada, como en la medicina, como en el mundo del espectáculo, hay muchos negros que trabajan para que otros se lleven los oropeles. Porque lejos quedó la época en que era sencillo hacer algo heroico, encontrar el cuerno de la abundancia o tumbar a Goliath. Cuando el mundo se hizo mayor todo se volvió un poco gris, complicadoy el éxito tiene una parte de suerte, un punto de inteligencia y un mucho de cinismo, y los negros son un engranaje necesario.
 Reivindiquémosles pues, aquí y ahora, con admiración por el trabajo bien hecho, y dejemos la eternidad literaria para el ayer.
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(28/05/2010) -
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El espectáculo de la literatura, o la literatura como espectáculo.

Lo reconozco: me produce auténtica indigestión mental la lectura o simple visión de las toneladas de novelas supuestamente “serias”, centradas en las aventuras/desventuras de hombres y mujeres en sus itinerarios vitales a través de sus simplonas existencias, desventuras en las que conocen nuevas parejas atrayentes y sagaces, en las que todos los personajes hablan como las series televisivas (sin titubeos, sin silencios malhumorados, sin egoísmos lingüísticos, siempre con la frase ocurrente o la mirada profunda). Nada me puede parecer más vomitivo que ese pretendido realismo en el que de manera obvia se busca la identificación del lector/a con el/la protagonista, siempre una versión edulcorada y biempensante de nuestras mucho más mezquinas realidades. Por no hablar de las tramas argumentales, del tipo de las que sigue:  A  se siente vacía hasta que de repente conoce al interesante  B, pero cuando empieza a cansarse de éste descubre una nueva forma de ver la vida cuando conoce al iconoclasta C (de preciososo ojos azules) que finalmente parte hacia la India para encontrarse a sí mismo aunque dejando a A un espíritu renovado y vital… aaaggghhhh.
¿Qué quiero decir con esto, qué las novelas han de relatar siempre arriesgados viajes, intrincadas conspiraciones o grandiosas gestas? Pues no, no lo han de hacer siempre. Pero  creo que en cierta forma siempre han de tener ese espíritu, aunque la anécdota que cuenten sea cotidiana y hasta banal. Una vez leí una frase un tanto irónica: “Todas las grandes novelas tratan del viaje del protagonista del punto A hasta el punto B. Excepto en el caso de los novelistas rusos y franceses, en los que el viaje ocurre dentro de la cabeza del protagonista”.  Bien, más allá de chanzas, creo que esta boutade aclara un poco la idea: El sentido de de lo maravilloso, de lo épico, la emoción transmitida, las grandes y auténticas pasiones humanas, deberían ser el patrimonio de cualquier novela que se quiera considerar como tal.
Pero para esto, no hace falta escribir siempre el Tulipán Negro (ah, qué hermosa novela de Dumas),  El Jorobado o La Guerra del Fin del Mundo. No. Basta con transmitir el mismo espíritu de osadía, el mismo sentido de lo maravilloso, aun cuando el escenario sea la realidad nuestra de todos los días. Porque cuando se tiene talento, se puede conseguir  esto relatando la insulsa vida de un señor en los extrarradios del Madrid de los años cincuenta. O la patética crisis de un cincuentón que se trastorna mentalmente tras leer demasiadas novelas de caballerías. O  cómo un acomodado y aburridísimo burgués francés se está comiendo una magdalena, y de repente, recuerda toda su rutinaria vida transcurrida hasta ese momento…
Pos-post: Redactar este post me ha hecho recordar que Auster y otros autores han acusado a Borges de frío y carente de emoción. Hum, tal vez, aunque yo no lo vea así (y el señor Auster tiene todo el derecho del mundo a opinar así, faltaría más). Pero fue el frío Borges quien escribió esto “Yo que muchos hombres he sido / no he sido nunca aquél en cuyo abrazo desfallecía Matilde Ulbarch". Señor Auster, su turno.

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(12/05/2010) -
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"En una época favorable uno confía en la vida; en una mala, sólo anhela. Pero, ambas tienen la misma esencia: constituyen las indispensables relaciones de una mente con otras, con el mundo y con el tiempo. Sin fe, un hombre vive, pero no una vida humana; sin esperanza, muere. Cuando no existe relación alguna, cuando no hay manos que se toquen, la emoción se atrofia en la vaciedad y la inteligencia se esteriliza y obsede. Entre los hombres, entonces, el único vínculo que subsiste es el de amo y esclavo o agresor y víctima."

Ursula K. Leguin

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(06/05/2010) -
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Lo que está mal en el mundo.
Este precioso texto del gran Chesterton lleva ya tiempo recorriendo la red, pero es a raíz de su publicación en este post comentado por Libro de Notas, que su popularidad en internet ha explotado.
Por tanto mi post es lo que se suele llamar un burdo copy-past, o dicho más "elegantemente", colaborar en la difusión de un gran autor.  Si preferís acceder a los blogs que lo postearon antes seguid los vínculos que he puesto antes.  O si no seguir leyendo

" Hace un tiempo algunos médicos y otras personas a las que la ley moderna autorizó a dictar normas a sus ciudadanos menos elegantes, emitieron una orden que decía que había que cortar el pelo muy corto a las niñas pequeñas. Me refiero, naturalmente, a aquellas niñas pequeñas cuyos padres fueran pobres. Muchas costumbres antihigiénicas son habituales entre las niñas ricas, pero pasará mucho tiempo antes de que los médicos se metan con ellas. Ahora bien, la cuestión que provocó esta interferencia concreta fue que los pobres se encuentran tan presionados desde arriba, en submundos de miseria tan apestosos y sofocantes, que no se les debe de permitir tener pelo, pues en su caso eso significa tener piojos. [...] Ahora bien, la parábola y el propósito de estas últimas páginas, y sin duda de todas ellas, es ésta: afirmar que debemos empezarlo todo de nuevo en seguida, y empezar por el otro extremo. Yo empiezo por el pelo de una niña. Sé que eso es una buena cosa en cualquier caso. Cualquier otra cosa es mala, pero el orgullo que siente una buena madre por la belleza de su hija es bueno. Es una de esas ternuras inexorables que son las piedras de toque de toda época y raza. Si hay otras cosas en su contra, hay que acabar con esas otras cosas. Si los terratenientes, las leyes y las ciencias están en contra, habrá que acabar con los terratenientes, las leyes y las ciencias. Con el pelo rojo de una golfilla del arroyo prenderé fuego a toda la civilización moderna. Porque una niña debe tener el pelo largo, debe tener el pelo limpio; porque una niña debe tener el pelo limpio, no debe teber un hogar sucio; porque no debe tener un hogar sucio, debe tener una madre libre y disponible; porque debe tener una madre libre, no debe tener un terrateniente usurero; porque no debe haber un terrateniente usurero, debe haber una redistribución de la propiedad; para que haya una redistribución de la propiedad, debe haber una revolución. La pequeña golfilla de pelo rojo dorado, a la que acabo de ver pasar junto a mi casa, no debe ser afeitada, ni lisiada, ni alterada; su pelo no debe de ser cortado como el de un convicto; todos los reinos de la tierra deben ser destrozados y mutilados para servirla a ella. Ella es la imagen humana y sagrada; a su alrededor la trama social debe oscilar, romperse y caer; los pilares de la sociedad vacilarán y y los tejados más antiguos se desplomarán, pero no habrá de dañarse ni un pelo de su cabeza."


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(23/04/2010) -
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LO SIENTO POR PROUST (la memoria no es siempre fiel)

Lo siento por Proust, pero no es verdad que la infancia sea la verdadera patria del hombre (sí, ya sé, qué modesta forma de empezar un post). Cada cual debe tener la suya. En mi caso mi única patria es mi familia, aunque desde luego no pienso dogmatizar sobre ello.
Pero hay una parte de nuestra personalidad que nunca podremos transferir a nadie, ni a nuestros seres más queridos: me refiero a las experiencias vitales e impresiones visuales que experimentamos durante la adolescencia y que se nos quedan grabadas en la mente y en el espíritu de una forma más profunda que cualquier experiencia posterior. Tal vez sea por el estado vital característico de esa etapa, en que estamos abiertos a todo, ansiosos de alimento mental,  sin compromisos personales ni cargas económicas, sin una contabilidad de frustraciones pero sí de ilusiones, de forma que nuestras neuronas son más fácilmente marcadas por películas, canciones, amistades, situaciones etc. Luego como decía Calamaro, nos ponemos duros y las experiencias no traspasan tan fácilmente el “cuero” del alma.
Hasta aquí nada nuevo ni que no haya sido explotado repetidamente por la cansina publicidad televisiva. Escribo todo esto (inspirado por este curioso post que leí anteayer), tan sólo como excusa para comentar las curiosas ocasiones en que la impresión almacenada en la memoria pervive aun cuando se la confronta con el estímulo original, llegando incluso a imponerse a éste. Seguro que alguna vez les ha pasado algo parecido a esto: Tenéis un vívido recuerdo (de esos que  llamamos “imborrable”) de un capítulo de una novela, de un relato corto, de una escena o secuencia determinada de una película, o incluso de un cuadro. Os animáis un día a acercaros de nuevo a esa novela, esa película o ese cuadro, con la sana intención de revivir el placer original. Pero, ay, para nuestra decepción el efecto no es ya el mismo, el hasta ese momento idolatrado objeto nos parece ahora menos genial o brillante que antaño.  Lo asumimos como algo un poco decepcionante pero inevitable. Pero, unos días después, nuestra juguetona cabeza decide evocar el capítulo, o secuencia, o experiencia original. Y, entonces, oh sorpresa, recuperamos aunque sea lejanamente el deleite original, la sensación de maravilla que percibiéramos la primera vez, hasta el punto de que nos damos cuenta de que el recuerdo original no ha sido modificado por la reciente comparación con el modelo original… el recuerdo se ha impuesto a la realidad, y ha conformado en nuestra cabeza una “realidad” propia, personal e intransferible, que para nosotros es realidad sin comillas ni cursivas, sólo con una característica especial: que no pertenece al mundo físico sino a nuestro propio mundo personal. Y en el fondo, ¿qué diferencia hay?

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(14/04/2010) -
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ALICE IN WONDERLAND

Siguiendo la universal ley del péndulo (o del eterno retorno) que tanto rentabiliza el marketing, en breve vamos a vernos invadidos por la historia inmortal de Lewis Carroll. Bien, más que por la historia, por la versión un tanto pasada de vueltas que el inefable Tim Burton ha realizado y que ha sido refrendada por un enorme éxito en los USA. La estética tan particular del sr. Burton puede ser muy adecuada para el mundo onírico de Carroll. No obstante ha seguido con su tradición (que comenzara con Eduardo Manostijeras) de vestir de dragqueen a Johnny Deep, aunque esta vez, quizás se ha pasado un poco. Sea como sea, lo que quería comentar en este post no era la enésima versión moderna de un clásico, sino la maravillosa colección de ilustraciones para la novela que un tal Arthur Rackham realizara para una edición de 1907. Unas maravillosas imágenes, de esas en las que cada milímetro de las mismas constituye una fuente de disfrute visual. Realizadas en un espectro reducido de colores centrado en los ocres, personalmente no dejo de mirarlos sin que en cada ocasión no realice un hallazgo nuevo. La lástima de la era digital es que no se pueda llegar a tener en las manos un libro con estas ilustraciones, sino que sólo se pueda disfrutar en una pantalla. Ni siquiera mediante impresión por encargo, sería demasiado caro. Pero bueno, no pierdo la esperanza.

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(04/04/2010) -
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"Philip K. Dick fue el hombre que me convenció, siquiera durante la duración de una novela, de que podía existir una sociedad cuya moneda de curso legal fuera la mermelada de naranja"

John Brunner
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(26/02/2010) -
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Microrrelato negro
maranzano
"La gente suele reírse de mí cuando les digo que soy contrario a la violencia. Entonces les digo que sólo los imbéciles pueden reírse de algo así y ellos responden que vale, que me tranquilice y yo, tranquilo como suelo estar, me cago en su puta madre y ellos comienzan a gritar y a decir que quien me he creído que soy y yo les respondo que soy el que les va a callar la boca y veo que algunos se echan mano al sobaco y yo, que debo mi vida a un cierto sentido de la anticipación, aprieto el gatillo bajo la mesa y dejo seco a uno o a dos y antes de que el resto sepa lo que ha pasado monto la recortada con la izquierda y suelto una andanada al bulto antes de vaciar el resto del cargador de la Smith & Wesson sólo para asegurarme que ninguno de ellos cederá a la tentación de vivir para volarme la tapa de los sesos. Cuando todo queda en silencio me levanto de la silla, recojo mi parte de encima de la mesa, acabo mi whisky y salgo  por la puerta.
Por eso ya nadie quiere jugar al poker conmigo.
Por eso odio la violencia, aunque haya gente que no comprenda que un matón a sueldo pueda decir eso."
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(23/02/2010) -
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El Despertador del Futuro
El imagimado por Philip K. Dick, rey literario de los conspiranoicos, en su novela "Mundo Contrarreloj":

"Estaba amaneciendo y una voz mecánica y chillona declaró:
«Muy bien, Appleford. Es hora de levantarse y de demostrarles quién eres y de qué eres capaz. Un gran chico, ese Douglas Appleford; todo el mundo lo sabe... Me parece oírles decir, un gran chico, un gran talento, hace un gran trabajo. Tiene un público muy numeroso que le admira —una pausa—. ¿Ya estás despierto?»
Appleford, desde la cama, dijo:
—Sí —se incorporó, paró el despertador de voz chillona que tenía en la mesilla.
"


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(19/02/2010) -
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