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Corazones Solitarios

Parece que algún lector se sintió un tanto "tocado" por la elevada  violencia del relato que colgué del gran Rubem Fonseca. Para compensar, les ofrezco hoy un nuevo relato del mismo autor que descubrí ayer y que me parece brillante, repleto de humor y hasta ternura.  El relato que a muchos nos gustaría escribir.

Yo trabajaba en un diario popular como repórter de casos policiacos. Hace
mucho tiempo que no ocurría en la ciudad un crimen interesante, que envolviera a una rica y linda joven de la sociedad, muertes, desapariciones, corrupción, mentiras, sexo, ambición, dinero, violencia, escándalo.
Crimen así ni en Roma, París, Nueva York, decía el editor del diario, estamos en un mal momento. Pero dentro de poco cambiará. La cosa es cíclica, cuando menos lo esperamos estalla uno de aquellos escándalos que da materia para un año. Todo está podrido, a punto, es cosa de esperar.
Antes de que estallara me corrieron.
Solamente hay pequeño comerciante matando socio, pequeño bandido matando a pequeño comerciante, policía matando a pequeño bandido. Cosas pequeñas, le dije a Oswaldo Peçanha, editor-jefe y propietario del diario Mujer.
Hay también meningitis, esquistosomosis, mal de Chagas, dijo Peçanha.
Pero fuera de mi área, dije.
¿Ya leíste Mujer?, Peçanha preguntó.
Admití que no. Me gusta más leer libros.
Peçanha sacó una caja de puros del cajón y me ofreció uno.
Encendimos los puros. Al poco tiempo el ambiente era irrespirable. Los puros eran corrientes, estábamos en verano, las ventanas cerradas, y el aparato de aire acondicionado no funcionaba bien.
Mujer no es una de esas publicaciones en color para burguesas que hacen régimen. Está hecha para la mujer de la clase C, que come arroz con frijoles y si engorda es cosa suya. Echa una ojeada.
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relatos, ruben fomseca
(04/11/2009) - 315 visitas - 0/10 puntos - 1 opiniones añadir comentario - Literatura



El Cobrador


Rubem Fonseca es un magnífico escritor brasileño, de los que no daré referencias porque se pueden encontrar fácilment en la red. El cobrador es uno de sus más conocidos relatos, una historia tallada a navaja, dura, que en mi primera lectura me dejó un recuerdo imborrable.
 

En la puerta de la calle, una dentadura enorme; debajo, escrito, Dr. Carvalho, Dentista. En la sala de espera vacía, un cartel, Espere, por favor, el doctor está atendiendo a un cliente.
Esperé media hora, con la muela rabiando. La puerta se abrió y apareció una mujer acompañada de un tipo grandón, de unos cuarenta años, con bata blanca.
Entré en el consultorio, me senté en el sillón, el dentista me sujetó al pescuezo una servilleta de papel. Abrí la boca y dije que la muela de atrás me dolía mucho. Él miró con un espejito y preguntó por qué había descuidado la boca de aquella manera.
Como para partirse de risa. Tienen gracia estos tipos.
Voy a tener que arrancársela, dijo, le quedan ya pocos dientes, y si no hacemos un tratamiento rápido los va a perder todos, hasta estos – y dio un golpecito sonoro en los de delante.
Una inyección de anestesia en la encía. Me mostró la muela en la punta del botador: la raíz está podrida, ¿ve?, dijo como al desgaire. Son cuatrocientos cruceiros.
De risa. Ni hablar, dije.
¿Ni hablar, qué?
Que no tengo los cuatrocientos cruceiros. Me encaminé hacia la puerta.
Me cerró el paso con el cuerpo. Será mejor que pague, dijo. 
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relatos
(24/10/2009) - 367 visitas - 0/10 puntos - 1 opiniones añadir comentario - Literatura



Life Is What Happens to You While You re Busy Making Other Plans

Sí, ya lo decía John Lennon, la vida es lo que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes. Pero reconozco que me gusta más como lo expresó Dino Buzzati en "El desierto de los tártaros". En esta triste y brillante novela incluyó una melancólica imagen del pasar del tiempo, de las absurdas ambiciones nunca satisfechas y de la inútil vanidad humana:
 
"Tendido en el camastro, fuera del halo de la lámpara de petróleo, mientras fantaseaba sobre su propia vida, a Giovanni Drogo lo asaltó repentinamente el sueño. Y mientras tanto, precisamente esa noche —oh, si lo hubiera sabido, quizá no tendría ganas de dormir—, precisamente esa noche comenzaba para él la irreparable fuga del tiempo.
Hasta entonces había avanzado por la despreocupada edad de la primera juventud, un camino que de niño parece infinito, por el que los años discurren lentos y con paso ligero, de modo que nadie nota su marcha. Se camina plácidamente, mirando con curiosidad alrededor, no hay ninguna necesidad de apresurarse, nadie nos hostiga por detrás y nadie nos espera, también los compañeros avanzan sin aprensiones, parándose a menudo a bromear. Desde las casas, en las puertas, las personas mayores saludan benignas, y hacen gestos indicando el horizonte con sonrisas de inteligencia; así el corazón empieza a latir con heroicos y tiernos deseos, se saborea la víspera de las cosas maravillosas...
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dino buzzati, novela
(29/09/2009) - 559 visitas - 0/10 puntos - 2 opiniones añadir comentario - Literatura



Pequeñas Pausas (XXIII)

Un magnífico relato,  de un gran blog que ya hemos visitado alguna vez


LA REVANCHA


pequeñas pausas, relatos
(17/07/2009) - 311 visitas - 0/10 puntos - 0 opiniones añadir comentario - Literatura



Philip K. Dick, el envés de la realidad

¿Es nuestra realidad lo que creemos que es? ¿O tan solo una mera ilusión? Mucho antes de que llegara Matrix (e incluso antes de cierto predecesor argentino), Philip K. Dick había puesto en el cuerpo central de su producción esta duda terrible, esa posibilidad de descubrir que no somos quienes creemos que somos,  que el mundo que nos rodea no es real.
Junto a su incertidumbre más famosa, la de  no ser  humano sino tan sólo (o nada menos que) un sofisticado replicante con los recuerdos implantados, PKD laboró otras angustiosas novelas y relatos cortos en los que el leif motiv es la duda-certeza de que somos sólo reflejos pálidos de otra realidad.

Así, tenemos la cínica, descorazonadora y cruel A maze of death (Laberinto de muerte), novela respecto a la cual tengo pocas dudas que los creadores de "Lost"  la han leído más de una vez: un  grupo de personas sin conexión alguna entre sí, varados en un extraño planeta, esperando a algo o a alguien, encontrándose con extraños acontecimientos, y adentrándose en la desazón a medida que pasan los días… la explicación al misterio, la dejo para el final de la sexta temporada :-) .
Y junto a esta, la genial Ubik, pequeña gran obra maestra del sinsentido, de la paranoia existencial y  militante, capaz de irritar y asombrar a partes iguales, y, al igual  que muchas otras de sus creaciones, argumento perfecto para una película que sin embargo sólo podría filmar en condiciones (de eso no tengo duda) un Terry Gilliam en sus momentos más desbocados.
Hay otras novelas y muchos relatos cortos de Dick que juegan con ese delgado filo entre la locura y la cordura, entre lo normal y lo aberrante…  pero descubrirlos tal vez sea misión de quien quiera ir más allá de Blade Runner.

ciencia ficcion, philip k dick
(14/07/2009) - 453 visitas - 8/10 puntos - 0 opiniones añadir comentario - Literatura



Un Hombre Con Convicciones

"Yo,  Benjamin Malaussène, quisiera que alguien me enseñara a vomitar en lo humano, algo tan seguro como dos dedos en las profundidades de la garganta, que alguien me enseñara el desprecio o ese buen odio bestial, el que mata con los ojos cerrados,  quisiera que alguien apareciera un día, me enseñara a otro y me dijera, aquél es el cabrón integral, cágate en su cabeza, Benjamín, que se coma tu mierda, mátalo y acaba con sus semejantes. Y quisiera poder hacerlo en serio. Quisiera ser de los que exigen el restablecimiento de la pena de muerte, y que la ejecución sea pública, y que guillotinen al condenado comenzando por los pies, que luego lo curen, que lo cicatricen, y que vuelvan a comenzar una vez sanado, guillotina de nuevo, también por la otra punta, las tibias esta vez, y a curarlo de nuevo, y cicatrizado de nuevo, y ¡chas!, ahora las rodillas, a la altura de la rótula, donde más duele; quisiera pertenecer a la auténtica familia innumerable y unida de  todos los que desean el castigo, llevaría a los niños al espectáculo, podría decirle a Jeremy: “¿Ves lo que te espera si sigues pegándole fuego a la Educación Nacional?” Y al pequeño le diría: ”¡Mira, mira, éste también transformaba en flores a los tipos!”. Y en cuanto la pequeña Verdún abriera la boca, la blandiría al extremo de mis brazos , por encima de la multitud, para que viera bien la ensangrentada cuchilla: ¡disuasión! Quisiera pertenecer a la gran, Hermosa Alma Humana, la que cree a pies juntillas en la ejemplaridad de la pena, la que sabe dónde están los buenos y dónde los malvados, quisiera ser el feliz propietario de una convicción íntima, ¡ joder, cómo me gustaría! ¡Dios mío, cómo simplificaría eso mi vida!"

El Hada Carabina, Daniel Pennac

literatura francesa, novela negra
(30/05/2009) - 381 visitas - 10/10 puntos - 1 opiniones añadir comentario - Literatura



COLAS DE MANHATTAN (Woody Allen vs Bernie Madoff)

Hace un par de semanas, Abe Moscowitz se murió de un infarto y vino a reencarnar en una langosta. Lo atraparon en la costa de Maine y lo enviaron a Manhattan, donde fue a parar a un tanque de un lujoso restaurante especializado en mariscos. En el tanque había otras langostas, una de las cuales lo reconoció: «¿Abe, eres tú?», preguntó la criatura levantando las antenas.
«¿Quién es? ¿Quién me habla?», dijo Moscowitz, todavía confundido por el místico desbarajuste post-mórtem que lo había transmutado en un crustáceo.
«Soy yo, Moe Silverman», dijo la otra langosta.
«¡A-la-bao!», chilló Moscowitz al reconocer la voz de un antiguo compañero de gin rummy, un juego de cartas.
«Hemos renacido», explicó Moe. «Como un par de langostas de dos libras».
«¿Como langostas? ¿Así es como termino luego de haber vivido una vida justa? ¿En un tanque en Third Avenue?».
«El Señor trabaja de maneras misteriosas», explicó Moe Silverman. «Mira a Phil Pinchuck. El tipo se fue del aire por culpa de un aneurisma, y ahora es un hámster. Se pasa el día corriendo en la estúpida rueda. Durante años fue profesor en Yale. Lo que digo es que a estas alturas le gusta la rueda. Pedalea y pedalea, corriendo hacia ninguna parte, pero con una sonrisa».
A Moscowitz no le gustaba su nueva condición en lo absoluto. ¿Por qué un ciudadano decente como él, un dentista, un hombre a todo que merecía volver a la vida como un águila en pleno vuelo o acurrucado en el regazo —y recibiendo caricias en su pelaje— de una mujer sexy de la alta sociedad habría de regresar ignominiosamente como el plato fuerte en un menú? Era su cruel destino ser delicioso, convertirse en el “Especial del día”, acompañado de una patata asada y un postre. Esto llevó a un debate entre las dos langostas sobre los misterios de la existencia, de la religión, de cuán caprichoso era el universo cuando alguien como Sol Drazin, un pastuzo que ambos conocían del negocio de comida por encargo, había regresado luego de un infarto fatal como un semental que preñaba a unas adorables potrancas de pura raza y recibía por ello altos dividendos. Sintiendo lástima por sí mismo y furioso, Moscowitz nadó de un lado a otro, incapaz de adoptar la resignación budista de Silverman ante la posibilidad de ser servidos a la termidor.
En ese momento, entró en el restaurante y se sentó en una mesa cercana nada más y nada menos que Bernie Madoff. Si Moscowitz se había sentido amargado e irritado con antelación, ahora jadeaba...
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consumismo, relatos, woody allen
(15/04/2009) - 568 visitas - 0/10 puntos - 0 opiniones añadir comentario - Literatura



Gremio de Ladrones, Rateros, Revientapisos y Profesiones Relacionadas

Soy lector habitual de las novelas de Terry Pratchett, ambientadas habitualmente en el Mundodisco, un planeta imaginario que, para empezar, es plano, y no esférico,  para continuar, reposa sobre cuatro elefantes gigantes, y para terminar, esos cuatro elefantes dan vueltas sobre el caparazón de una gigantesca tortuga estelar (Gran A’tuin) que navega por el universo.
Extravagante, sin dudas, pero Terry Pratchett desarrolla en este universo alternativo una serie de divertidas novelas de fantasía que suponen con frecuencia una inteligente parodia de la sociedad occidental, y que en sus mejores momentos consigue arrancarnos carcajadas.
Muchas están ambientadas a nivel local en Ankh- Morpork, ciudad que ha conseguido un interesante pacto social para mantener controlada la delincuencia de todo tipo. Me refiero al Gremio de Ladrones, Rateros, Revientapisos y Profesiones Relacionadas, que Pratchett describe de la siguiente forma:
“Respetable cuerpo que, de hecho, representaba a los agentes de la ley de la ciudad. La explicación de esto es la siguiente: se entregaba al Gremio una cuota anual que representaba un nivel socialmente aceptable de robos, asaltos y asesinatos. A cambio, el Gremio se comprometía a encargarse de que todo crimen no oficial fuera aplastado, apuñalado, descuartizado y repartido por la ciudad en bolsas de papel. La gente consideraba que era un acuerdo económico y muy aceptable, aunque con algunas disidencias: no opinaban así, por ejemplo, las víctimas de los robos y asesinatos, que se negaban a desempeñar su papel en la sociedad. De esta manera, los ladrones de la ciudad pudieron estructurar decentemente sus carreras, instaurando exámenes de ingreso y códigos de conducta similares a los de otras profesiones…, a las que rápidamente empezaron a parecerse, ya que en el fondo no eran tan diferentes.”

¿Hilarante? ¿Absurdo?.. Si se piensa en el funcionamiento de nuestras fuerzas de seguridad, su relación con el crimen y las mafias, la actuación interesada de los poderes públicos, y la actitud de la población, tal vez se concluya que, al fin y al cabo, la realidad no está tan distante…


citas, politica
(09/04/2009) - 720 visitas - 0/10 puntos - 0 opiniones añadir comentario - Literatura



.

«(estos audaces) pensaban que el objetivo de abrir las mentes es simplemente abrirlas, mientras que yo estoy absolutamente convencido de que el objetivo de abrir la mente, como el de abrir la boca, es cerrarla de nuevo sobre algo sólido»

G.K.Chesterton


chesterton, citas
(11/03/2009) - 304 visitas - 0/10 puntos - 0 opiniones añadir comentario - Literatura



RAGNARÖK
Jorge Luis Borges
En los sueños (escribe Coleridge) las imágenes figuran las impresiones que pensamos que causan; no sentimos horror porque nos oprime una esfinge, soñamos una esfinge para explicar el horror que sentimos. Si esto es así, ¿Cómo podría una mera crónica de sus formas transmitir el estupor, la exaltación, las alarmas, la amenaza y el júbilo que tejieron el sueño de esa noche? Ensayaré esa crónica, sin embargo; acaso el hecho de que una sola escena integró aquel sueño borre o mitigue la dificultad esencial.
El lugar era la Facultad de Filosofía y Letras; la hora, el atardecer. Todo (como suele ocurrir en los sueños) era un poco distinto; una ligera magnificación alteraba las cosas. Elegíamos autoridades; yo hablaba con Pedro Henríquez Ureña, que en la vigilia ha muerto hace muchos años. Bruscamente nos aturdió un clamor de manifestación o de murga. Alaridos humanos y animales llegaban desde el Bajo. Una voz gritó: “¡Ahí vienen!” y después: “¡Los Dioses! ¡Los Dioses!”. Cuatro a cinco sujetos salieron de la turba y ocuparon la tarima del Aula Magna. Todos aplaudimos, llorando, eran los Dioses que volvían al cabo de un destierro de siglos. Agrandados por la tarima, la cabeza echada hacia atrás y el pecho hacia delante, recibieron con soberbia nuestro homenaje. Uno sostenía una rama, que se conformaba, sin duda, a la sencilla botánica de los sueños; otro, en amplio ademán, extendía una mano que era una garra; una de las caras de Jano miraba con recelo el encovado pico de Thoth. Tal vez excitado por nuestros aplausos, uno, ya no sé cuál, prorrumpió en un cloqueo victorioso, increíblemente agrio, con algo de gárgara y de silbido. Las cosas, desde aquel momento, cambiaron.
Todo empezó por la sospecha (tal vez exagerada) de que los Dioses no sabían hablar. Siglos de vida fugitiva y feral habían atrofiado en ellos lo humano; la luna del islam y la cruz de Roma habían sido implacables con esos prófugos. Frentes muy bajas, dentaduras amarillas, bigotes ralos de mulato o de chino y belfos bestiales publicaban la degeneración de la estirpe olímpica. Sus prendas no correspondían a una pobreza decorosa y decente sino al lujo malevo de los garitos y de los lupanares del Bajo. En un ojal sangraba un clavel, en un saco ajustado se adivinaba el bulto de una daga. Bruscamente sentimos que jugaban su última carta, que eran taimados, ignorantes y crueles como viejos animales de presa y que, si nos dejábamos ganar por el miedo o la lástima, acabarían por destruirnos.
Sacamos los pesados revólveres (de pronto hubo revólveres en el sueño) y alegremente dimos muerte a los Dioses.
 

borges, ciencia ficcion, relatos
(09/03/2009) - 516 visitas - 0/10 puntos - 0 opiniones añadir comentario - Literatura


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