LOST IN BABILONIA Aun siendo uno de mis autores favoritos, siempre me ha parecido demasiado obvio escribir sobre Borges. Maestro del relato corto, dedicarle un post puede ser como escribir sobre la capacidad de mojar del agua: no aportaría nada. Pero, sin que sirva de precedente, no me resisto a dejarles uno de sus más atroces relatos, cuyo clasicismo absoluto se puede constatar de forma muy sencilla: basta notar que la sociedad actual se aproxima cada vez más a la imaginada por él, hace ya sesenta y cuatro años. Todo lo demás (la prosa pura y diáfana, el elegante distanciamiento, las referencias cultas auténticas mezcladas con las apócrifas), lo pueden encontrar en cualquier manual de literatura al uso.
Pos-post: Hay voces que han criticado la presunta genialidad de Borges, tildádole incluso de autor juvenil. Es curioso, a él le habría encantado saberse encasillado en el mismo género menor que su admirado Stevenson...
Edward John Moreton Drax Plunket fue un aristócrata británico (irlandés en concreto) muy propio de su tiempo en todos los aspectos. Decimoctavo barón de su estirpe, aficionado a la caza, buen atleta, participó en las guerras boer en Sudáfrica, una de tantas confrontaciones que la Gran Bretaña mantuvo en el siglo XIX para mantener o ampliar su inmenso imperio colonial. Cultivó también la literatura, llegando a ser un muy exitoso autor teatral. Sin embargo, todo eso, incluido su arrasador éxito en Broadway, estaba destinado a no ser sino una minúscula coma en las páginas de la historia, y a ser olvidado, como tantas vanidades humanas. Pero el destino, caprichoso, quiso que sir Plunket cultivara en varios relatos un género “menor”, un género secundario. Ese género era el fantástico. Y por esos relatos, la historia resguardó del olvido a este barón, inmortalizándolo bajo el nombre de su titulo: Lord Dunsany
En multitud de relatos cortos, Dunsany recreó con extraña sensibilidad mundos extraños, lejanos, oníricos, algunos de los cuales ha sido considerado por la crítica como antecesor del género de fantasía heroica. Limitada visión, en mi opinión. Porque lo que más llama la atención y cautiva en ellos es el distanciamiento, casi la desgana, con la que delinea sus mundos imaginarios; la exultante elegancia de sus descripciones, ajustadas, pausadas. La sensación, al leerlos, de estar escuchando el relato de un viajero que, reposando en la tranquilidad de su hogar, felizmente regresado, va desgranando para nuestro deleite las etapas de su periplo, sin prisas, sin urgencias, casi sin pasión, con pulcritud de escribano.
Pero a su vez, los mundos descritos por Dunsany son cercanos y reales. Más por lo que sugiere (y no nos cuenta) que por lo que nos relata . Las peripecias que en ellos ocurren son en algunos casos tan sólo apuntadas, aludidas de forma indirecta, como si importara menos la anécdota que la plasmación de esa otra realidad. La textura de su lenguaje es en todo momento un deleite para nuestras mentes, cansadas sin saberlo de tanto modernismo y posmodernismo supuestamente genial, supuestamente original. Leer los relatos de Lord Dunsany es introducirse en un jardín exótico, silencioso, cuidado por invisibles manos, en el que, mientras paseamos entre exuberantes plantas extrañas, escuchamos el lejano rumor de un manantial. Y ese rumor nos invita a que que sigamos caminando. Tal vez no para descubrir nada. Sólo por el placer de caminar en la penumbra del camino de piedras y hojas, por el placer de captar el misterio de lo sugerido, a su vez desconocido, a su vez fascinante. Toda una experiencia que nos espera, sin prisa. Como todos los libros.
Pos- post: Aquí les dejo uno de sus mejores relatos cortos:
¿Os imagináis una sociedad en la que nadie muestra su verdadera cara, donde es más importante la forma en que se dicen las cosas que el contenido del propio discurso, y la fortuna económica depende más de la posición social que de la verdadera valía? "Pero si eso que cuenta es la sociedad española actual", pensarán muchos, ya un poco preocupados por mi creciente falta de originalidad. Bien, puede ser. Pero si dicha hipótesis la llevamos al extremo, le añadimos imaginación, un hábil argumento de ciencia ficción y el oficio de un solvente escritor, podemos encontrarnos con una pequeña joya como es el siguiente relato, o la parábola de una sociedad donde nada es lo que parece (sí, hay que pinchar el link):
Su autor, Jack Vance, es un clásico de la ciencia ficción norteamericana, con bien ganada fama por su asombrosa capacidad de recrear mundos imaginarios con un verismo y facilidad extremos. Irregular en la calidad de su producción, cuando estaba entonado lograba crear magníficas novelas de ciencia-ficción como "Mundo Azul". Y aun en sus obras menos logradas siempre se encuentra el gusto por la aventura y los argumentos ágiles, lo cual no es poco.
Septiembre de 1914. Batalla del Marne. Miles de jóvenes son sacrificados en una de tantas sangrientas batallas de la I guerra mundial, esa "gran guerra" llevada a cabo para satisfacer los prejuicios y el "patriotismo" de los gobiernos europeos . Entre las víctimas en combate está un joven francés, una pequeña vida más sacrificada, el soldado Alain Fournier. Nadie lo sabría a estas alturas, si no fuera porque un año antes ese joven ha publicado una de las más sobresalientes novelas de la literatura francesa y europea, que le sobrevivirá para la posteridad: El gran Meaulnes.
Tal vez la novela donde mejor se ha plasmado el sentido de lo maravilloso de la infancia-adolescencia, que todos hemos vivido en mayor o menor medida (aunque no todos lo recordemos). Ese sentido de lo heroico, de lo mágico, que pronto se diluye a medida que maduramos y nos introducimos en el mundo adulto. Una novela fascinante y y triste a la vez, que nos habla de paraísos perdidos, tal vez porque nunca pudieran tener existencia real. Tratada por muchos equivocadamente como novela juvenil, su redacción supone un modelo de simplicidad y eficacia narrativa.
Por una vez prefiero transcribir un párrafo de otro blog que expresa mucho mejor que yo las sensaciones de esta novela: "la obra mantiene, incluso tras varias lecturas, un misterio intacto, complejo, y provoca una sensación de extrañeza, de algo inaprensible, con capítulos llenos de sucesos e imágenes casi oníricas; es como navegar por los meandros de un sueño. Sueño y ensueño están en la base de la historia, extremadamente poética, y también sombría, cada vez más crepuscular según se encamina hacia su fin".
Alain Fourier la escribió con tan solo 27 años. Gesta difícil de creer cuando se lee. Tildada de neorromántica, dista no obstante de ser una novela perfecta. La primera parte es tal vez más redonda que la segunda, con un ritmo más ajustado, y algunas sombras se adivina en el esquema general. Pero eso no afecta en absoluto al efecto que causa tras su primera lectura y, muy especialmente, si se realiza con ella ese ejercicio tan saludable como es el de la relectura, que en este caso más que en otros no deja de proporcionar nuevos descubrimientos.
Y para terminar, no veo otro camino que reincidir, y transcribir otro blog más:
"..existen cosas como el tacto de la nieve o el calor que produce un beso que no se pueden describir con detalle y que, de intentar explicarlas, podría arruinar la experiencia a quien aún no lo ha experimentado. También es este el caso del "Gran Meaulnes".
Quien ha leído novelas de Alejandro Dumas, sabe lo que es disfrutar de la literatura de aventuras, de capa y espada, en un universo literario lleno de realidad y verismo, muy alejado de la versión edulcorada y heroica que Hollywood nos ha dado de, por ejemplo, los tres mosqueteros (en la novela, de hecho, los citados tienen como una de sus preocupaciones fundamentales el conseguir cada día algún apaño para poder comer caliente, quedando para otro momento los ideales heroicos).
Mi mujer, que no es española, me habló siempre de otro autor de capa y espada al que recordaba con devoción, Paul Feval, y de su mejor novela, “El Jorobado”. El destino quiso que la leyera hace dos años. ¿Y qué me encontré?Ni más ni menos que una maravillosa novela de aventuras caballerescas, donde la picaresca, el honor llevado a sus últimas consecuencias, los sacrificios vitales más heroicos, las traiciones más inesperadas, los amores ocultos, los complots más elaborados y los brillantescombates a espada, se suceden, se entremezclan y finamente se funden en un arrebatador torbellino. Una novela de aventuras, sí. Una novela folletinesca, también. Un suculento bocado para disfrutar a lo grande, sin duda, si uno logra dejar a un lado sus prejuicios sobre “literatura seria”.
Y de la magnífica galería de personajes de esta deliciosa novela, no puedo sino destacar a aquel que puede hacer grande una historia a poco que esté bien elaborado: el malvado.El conde Felipe de Gonzaga queda para la historia ...
A AdolfoBioy Casares en ocasiones se le caracteriza literariamente por su relación con el gran Borges, (en la literatura como co-autores de varios libros y en la vida real como amigos durante muchas décadas) más que por su obra en sí. "Epígono de Borges" es uno de las más habituales expresiones.
A mí me parece injusta esta valoración. Bioy Casares parece haber escrito con calma a lo largo de su vida: ocho novelas en cincuenta y ocho años así parece sugerirlo. De la lectura de las mismas uno puede extraer la sensación de que escribió cuando tenía ganas de escribir, y no por ningún otro motivo económico o vanidoso. Su estilo, depurado y contenido, de aliento clásico, comunica con insultante facilidad. Y de entre sus novelas, destaca con inusitado fulgor "Diario de la Guerra del Cerdo" su (a mi entender) obra maestra.
[Ya saben, ojo porque ahora vienen detalles del argumento]
En un Buenos Aires hermosamente plasmado sobre el papel, un grupo de ancianos, de viejos, viven sus últimas décadas compartiendo sus veladas en la tertulia de un viejo bar, cada uno con su problemática particular. Pero las cosas están cambiando. La violencia contra los mayores se está extendiendo por toda la ciudad. El odio, el acoso contra los viejos empieza a insinuarse y a tomar forma. Pronto llegan los primeros hechos violentos. Pronto, el primer asesinato.
Los viejos son culpables. Los viejos se la están buscando. Los viejos se merecen una buena. El odio va en alza y se aproxima la persecución sistemática.
Hasta que el sentimiento empieza a decaer, y finalmente desaparece. Los ancianos pueden respirar tranquilos, pueden seguir con sus tristes y pálidas vidas. Lo más llamativo en la novela es cómo el odio contra los ancianos de repente disminuye hasta desaparecer. Es un sinsentido, pero a la vez lo más realista de la novela. La sociedad es así, no?.
Nos podemos imaginar que esa persecución contra los viejos ha sido promovida por el gobierno de turno (Buenos Aires 1969), para tapar cualquier situación incómoda mediante un chivo expiatorio. O tal vez no ha sido así, y la banalidad de la sociedad brutal simplemente cambió de divertimento. Pocos años después de la publicación de esta novela, una persecución real comenzaba en Argentina, y dejaría más de 30.000 desaparecidos.
La historia no es sólo lo que he contado. Es además una lúcida reflexión sobre la vejezy la decadencia física, sobre lo que dejamos atrás internamente cuando avanzamos por las décadas, y sobre lo que renunciamos internamente antes aun de tenerlo vedado en la realidad. Y hay, además, una hermosa historia de amor, que me abstengo de destripar. Mi admirado Bioy tal vez me lo perdonaría, pero yo no.
Matrix fue estrenada en 1.999. Ya saben, Neo toma la pastillita roja, que le hace ver la realidad tal y como es... Pero ocho años antes, en 1.991, el querido ElvioGandolfo tuvo una visión porteña de la matrix. Y en las afueras de Buenos Aires, a principios de los noventa, no estaban para pastillitas. Tomaban terrones de azúcar con dos gotitas de "algo". Y Morfeo se llama Fiambretta... Lo pueden leer aquí. Temblad hermanos Wachowski, vuestros derechos de autor pueden saltar por los aires...
“Ése era un dado egocéntrico. Cayera como cayera, siempre caía de cara, y con la misma sonrisa entonaba: soy yo, soy yo. Le hacíamos las mil y una al pobre dado: lo lanzábamos desde el balcón, adentro del plato de sopa, o justo antes de que se sentara tía Albertina (105 kilos), lo poníamos sobre el banco. Los insultos de tía no nos incumbían: se los cargábamos al dado. Pero igual volvíamos a arrojarlo y zácate, caía de cara y dale cantar: soy yo, soy yo, soy yo. Una vez al Beto se le ocurrió limarle las aristas. Estuvimos como dos días sin parar hasta que quedó hecho una bolita. Vamos a ver si ahora cantás, dijo el Beto, y lo lanzó sobre las baldosas del patio. Apenas tocó el suelo, el dado empezó a decir: puta que te parió, puta que te parío. Y continuó rodando sin parar y meta cantar: puta que te parió, puta que te parió, puta que te parió.” Este es un relato apócrifo del gran Julio Cortázar. Lo conocí (al relato) y a su historia hace cinco años, a través de una revista argentina de ciencia ficción de los años setenta. Pensaba que por una vez lograría la originalidad absoluta en la blogosfera, pero Google me quitó la ilusión, ya que el relato aparece anteriormente en el blog de Luis Beltrán. No obstante lo posteo porque me gusta mucho.
Ursula K. Leguinha desarrollado casi toda su obra literaria entre la fantasía (Terramar) y, sobre todo, la ciencia-ficción. Sin embargo, el afortunado que lea una de sus novelas, no tendrá la sensación de estar leyendo ninguno de esos dos géneros. Simplemente sabrá que está leyendo una buena narración.
En muchas de sus obras construye detalladamente, y con pasmosa facilidad, sociedades imaginarias, mundos posibles, evoluciones alternativas de la humanidad. No obstante, lo más poderoso en su forma de escribir no es su capacidad de inventiva (como sí lo puede ser en las obras de JackVance), sino su destreza en la creación de los personajes, la forma de narrar las relaciones entre ellos, y la fácil descripción de cómo percibe cada uno el mundo que les rodea y su circunstancia personal. Es a través de estos medios como consigue transmitir el entramado de sus sociedades imaginarias, de una forma mucho más efectiva que otros autores que se extienden en soporíferas descripciones.
Aunque no he leído todavía todas sus novelas (“El mundo de Rocannon” me espera, paciente), me atrevo a hablar, sin miedo de "La Mano Izquierda de la Oscuridad" , y, sobre todo, “Los Desposeídos”.
Qué difícil encontrar una novela como ésta. Porque el planteamiento de origen (un grupúsculo de anarco-socialistas que ha crecido dentro de una sociedad capitalista se traslada voluntariamente a un planeta vecino del suyo, Anarres, árido e inhóspito, donde establecen una nueva sociedad en base a sus principios), casi garantiza el fracaso por la dificultad de llevarlo adelante sin caer en los maniqueísmos o simplificaciones que tan fácilmente acechan en este tema, o simplemente en el más mortal de los aburrimientos.
Sin embargo, Le Guin triunfa en su propósito y plasma en el papel de forma admirable la sociedad del planeta Anarres, con sus grandezas y miserias, con sus logros y sus servidumbres, de una forma que (inevitablemente) se me quedó grabada en el recuerdo de forma indeleble. Porque no habla de una sociedad triunfante o abocada al fracaso, sino de un proyecto de sociedad ideal hecho de y por personas, con todos sus defectos y flaquezas, pero también con maravillosos momentos de lirismo, de solidaridad, de amistad. Un mundo de grandes desiertos, poblados raquíticos y enormes dificultades de subsistencia, pero traspasado por la dignidad humana por encima del inhóspito entorno (o tal vez a causa del mismo).
El argumento no es sólo la descripción de esa sociedad, es muchas cosas más, pero no quiero desvelarlas.
Anarres no existe en la realidad (esto... qué es eso de “realidad”?). Sin embargo, ojalá Viajes Marsans me pudiera llevar allí en uno de sus viajes a 300 euros...