En esta época de altruismos postizos, de manipulación sistemática de los sentimientos y de perversión de conceptos tan profundos como el de la solidaridad, a veces me da por pensar que nos costaría encontrar los treinta y seis hombres justos cuya existencia pone como condición la tradición hebraica para que el mundo siga girando.
Pablo Conde es un compañero de trabajo. Pablo ha hecho lo que muchos soñamos pero muy pocos nos atrevemos. Ha renunciado a un puesto de trabajo con proyección en una gran compañía, se ha despedido de familia y amigos, y ha dado un año de su vida para sumergirse en un proyecto basado en la entrega completa a los demás. Pablo se ha ido a Malawipor un año, a ocuparse de un hospital en una de esas zonas aisladas de todo y de todos. Desde la profunda fe cristiana, que de hecho yo no tengo, pero creo que también desde una fe profunda en el ser humano. Y está volcando sus experiencias en este blog, cuya lectura nos muestra que sí, que está encontrando lo que tal vez sin saberlo, estaba buscando... Y seguro que regresa mucho más rico que cuando se fue.