A poco que se lea este blog es fácil deducir mi predilección por el soul de los años setenta. ¿Y por qué? Quizás porque fue entonces cuando las baladas soul alcanzaron un grado de sofisticación instrumental y calidad de composición no superado desde entonces. Tal vez por la enorme variedad de estilos que convivieron juntos, desde el philly sound al sonido motown setentero, desde el miami sound al p-funk, etc. Puede que por la alta densidad de elegantes y aterciopeladas voces solistas.
Y sin duda alguna porque, a poco que se pasee por internet, uno puede encontrar todavía maravillosas joyas como ésta:
Relativamente pocas personas han oído hablar de John Myatt y John Drewe, pero tuvieron su momento de infame fama a mediados de los 90 (por una de aquellas serendipias, durante la gestación de la segunda parte de "El Restaurador y la Madoninna della Creazione") cuando casi por azar se descubrió su singular modus vivendi.
Ambos formaban una sociedad de falsificación cuyos éxitos dejaron en evidencia a marchantes, coleccionistas, conservadores y "expertos" en general. Myatt, un pintor con un gran sentido del humor (y, como todo buen conocedor, muy escéptico al respecto del mundo del arte) valiéndose de su especial habilidad para la imitación estilística pintaba cuadros con el estilo de los pintores señalados por Drewe, el cual, y esta es la parte más fascinante de su estrategia, falsificaba no sólo la documentación para justificar la procedencia de las obras, sino los catálogos de, entre otros, el Victoria and Albert Museum y la Tate Gallery para justificar la presencia de dichos cuadros en exposiciones acaecidas años atrás, es decir, la documentación que autentificaba la otra documentación.
A pesar de lo interesante del planteamiento, que evidencia que para ser experto en arte no se necesita criterio alguno, lo rudimentario de sus métodos acabó por pasarles factura justo cuando Myatt había comenzado a cansarse.
Éste se ha negado siempre a desvelar cuántos cuadros habían conseguido sacar al mercado y a ninguno de sus compradores les interesa desvelar su antigua relación pues perderían, además de lo pagado, las plusvalías de una futura venta. Serán, pues, cómplices, tan culpables, ahora que lo saben, como los autores materiales, pero nadie irá nunca a por ellos pues el mercado de arte entraría en recesión inmediatamente. De modo que la próxima vez que se extasíe ante una obra de arte contemporáneo recuerde que podría encontrarse frente un genuino John Myatt el cual, por cierto, vive en la actualidad (y bastante bien, por cierto) de la venta de sus falsificaciones, éstas con su correspondiente certificado: "este Magritte es una obra auténtica de John Myatt".
CAPÍTULO 16 de "El Restaurador", novela on-line Sí, lo se, ha pasado demasiado tiempo desde el último capítulo. La verdad es que el trabajo y demás compromisos de la vida diaria me han tenido un poco atenazado. Pero aquí está...
Con frecuencia las versiones de canciones antiguas tan sólo buscan una efectividad rápida en las listas de ventas y en el bolsillo de los versioneadores. En el fondo todos ganan, ya que los autores del tema en cuestión cobran sus correspondientes royalties, y jovencitos imberbes ignorantes de la historia musical anterior a los últimos seis meses pueden creer que han descubierto algo nuevo (todo esto, desde luego, antes de que el MP3 e internet cambiaran las reglas del juego).
Sin embargo, hay ocasiones muy puntuales en que un grupo escoge un tema de entre la prehistoria musical, y consigue hacer algo radicalmente distinto, y superior.
Los casos son escasos, pero llamativos. Tal vez el más destacable es Tainted Love, obra maestra de Soft Cell versioneada (y ultrajada) en infinidad de ocasiones. Pero, de hecho, el tema no es suyo, el original es un osuro tema de northern soul que, cuando escuchamos, reconocemos de inmediato como de escaso valor, hasta el punto de que la versión de Soft Cell parece haber creado algo nuevo, y desde luego más atractivo.
No fue el único caso en que este grupo tomó prestado temas ajenos. Lo hizo también con un clásico de las Supremes, en este caso el tema original sí es brillante, pero la versión no queda por debajo.
Otro caso es el de los Comunards, que hicieron una versión francamente digna de un clásico entre clásicos del sonido Filadelfia, Don´t Leave Me This Way, que originalmente grabaran mis queridos Harold Melvin and the Bluenotes.
Y por último un caso excepcional. Nothing Compares to You es un temazo del gran Prince, cuya versión original grabara el grupo The Family. Una versión original francamente floja, y en la que nada hacía adivinar la grandeza del tema, que Sinead O’Connor desplegaría majestuosamente en 1990 con su brillante versión.
Dada la madurez que ha alcanzado este blog :-), con cifras astronómicas de visitas que se duplican cada tres meses (de hecho tengo una oferta de compra de Microsoft encima de la mesa que supera la de Yahoo), creo que ha llegado el momento de Tachan, tachaaaan, ¡Hacer el primer MEME asfaltero!, oséase, una propuesta on line para cualquiera que se quiera unir:
En concreto, se trata de que me enviéis vuestra primera frase preferida de un libro. Da igual que se trate de un clásico, de una novela rosa o de un folleto erótico (o de las tres cosas a la vez): el requisito es que sea la primera frase de un libro que más os haya impactado, cuyo poderío se haya quedado grabada en vuestras modositas neuronas de tal forma que la habéis retenido indeleblemente a lo largo de los años y las décadas.
Podéis dejar vuestra frase (o frases) en los comentarios de este post. En un mes, si alguien ha participado :-|, publicaré todos los aportes en un nuevo post, y si se da la circunstancia de que alguna frase haya sido elegida por más de una persona, sus electores serán los ganadores del premio “Fernando VII” (el más tonto de la historia), consistente en un viaje mental y literario entre la ciudad de residencia de los mismos y la ciudad de Arequipa en Chile.
Y para abrir boca y dar ideas a los desmotivados, adjunto diez de las cien mejores primeras líneas que he encontrado en esta web (porque sí, lo confieso, la idea no es mía):
1. Call me Ishmael. —Herman Melville, Moby-Dick (1851)
2. It is a truth universally acknowledged, that a single man in possession of a good fortune, must be in want of a wife. —Jane Austen, Pride and Prejudice (1813)
3. A screaming comes across the sky. —Thomas Pynchon, Gravity's Rainbow (1973)
4. Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. —Gabriel García Márquez, Cien Años de Soledad (1967)
5. Lolita, light of my life, fire of my loins. —Vladimir Nabokov, Lolita (1955)
6. Las familias felices son todas parecidas; cada familia infeliz lo es a su manera. —Leo Tolstoy, Anna Karenina (1877)
7. Riverrun, past Eve and Adam's, from swerve of shore to bend of bay, brings us by a commodius vicus of recirculation back to Howth Castle and Environs. —James Joyce, Finnegans Wake (1939)
8. It was a bright cold day in April, and the clocks were striking thirteen. —George Orwell, 1984 (1949)
9. It was the best of times, it was the worst of times, it was the age of wisdom, it was the age of foolishness, it was the epoch of belief, it was the epoch of incredulity, it was the season of Light, it was the season of Darkness, it was the spring of hope, it was the winter of despair. —Charles Dickens, A Tale of Two Cities (1859)
10. I am an invisible man. —Ralph Ellison, Invisible Man (1952)
Hay cantantes que tras conseguir tocar la gloria con las manos, logran mantenerse en un (aunque parezca contradictorio) destacado segundo plano dentro del panorama musico-comercial. Betty Wright es seguramente una de ellas.
Soulwoman forjada en los años 60, alcanzó el éxito y el reconocimiento en los años 70 (Grammy incluido), destacando un magnífico LP (I Love the Way You Love), en el que se incluía lo que sería un clásico soul para la historia, Clean Up Woman. Su riff de guitarra rítmico y saltarín, más la hermosa voz de Betty justifican su status.
Y en los años ochenta, esa terrible década para la música negra en la que primó la imagen y el márketing sobre sobre la voz y el talento, supo mantenerse con dignidad artística e incluso obtener algún que otro superventas sin caer en el pop-chicle facilón en el que se hundieron muchas colegas suyas. (Alguien pensará, ¿pero no fue en los ochenta cuando un negro vendió cuarenta millones de discos? Sí, pero lo que ese negro empezó a hacer a continuación fue blanquearse hasta parecerse al hombre elefante). Y puede resultar curioso hacer un ejercicio de comparación entre la portada del disco mencionado antes de Betty Wright, y, por ejemplo, la portada del ultimo single de Janet jackson, diva soul donde las haya.
El primero es una portada cutre de los setenta, foto desenfocada y muy poco favorecedora, color rojo chillón... pero que aun así transmite por la expresión del rostro de la señora Wright.
El segundo (la Jackson), treinta y cinco años después, es técnicamente perfecto, brillante, impactante, sí... Pero ¿qué transmite...? En mi opinión, una carga sexual evidente (lo cual me encanta), pero pasada por múltiples tamices, procesada, ajustada, aligerada, condensada... vaciada al fin y al cabo (puestos a hablar de portadas sexys, comparar con ésta otra). La portada de Janet Jackson es un maravilloso envoltorio, pero que no transmite nada... Y si dejamos las portadas a un lado y pasamos a comparar el contenido de los LPs, las conclusiones, ay, son inevitablemente las mismas...
Pos-post: Actualmente Betty Wright sigue en activo, y de hecho es la descubridora de la pujante Joss Stone.
Los hermanos Neil y Tim Finn son viejos conocidos para los amantes del pop. Médula espinal de los recordados Crowded House, una vez disuelto el combo y tras algún LP en solitario de Neil, volvieron a trabajar juntos con un nombre muy imaginativo: Finn Brothers. En todos los LPs de Crowded House había dos o tres pequeñas joyas pop. En “Everyone is here” (2004), consiguen cerrar un LP redondo, un bocado a paladear por todo aquel que le guste el pop de guitarras (¿existe otro?) pero que sepa distinguir entre el auténtico pop y las babas blandengues que inundan las ondas hertzianas y la red.
Era difícil prever el resultado final. En el ecuador de los ochenta, el más visionario miembro de los Monthy Pyton se ponía manos a la obra con el propósito de filmar (nada más y nada menos) una fábula negra inspirada en el 1984 de Orwell y en el universo de Kafka. A tan arriesgada idea, añadiría algunos ingredientes “distintos”:
- Una imaginería visual barroca, irónica, asfixiante.
- Una omnipresente tecnología retromórfica, que anticipaba en cierta forma el steam-punk.
- Humor cáustico, negro, negrísimo. - Una visión ácida e hipertrofiada de la aberrante sociedad estético-consumista que ya en los ochenta nos rodeaba. - Una burocracia todopoderosa que marca todo el devenir de la vida diaria, y en el que cualquier pequeño error de registro decide tu “retirada”. - Tubos, conductos, cables, cañerías por todas partes, infiltrándose en todos los huecos, absorbiendo todo, respirando, controlando... “Hoy vamos a hablar de tuberías”, primera frase de la película y primera visión alucinada de la realidad. - Paranoia. Más paranoia. Más todavía ("aquí esta el recibo por su marido. Y aquí está mi recibo por su recibo"). - Efectos especiales afortunadamente no digitales, afortunadamente fascinantes.
Con estos ingredientes, se podían obtener dos productos: el más probable, un bodrio intragable apto para martirizar a mentes incautas. Pero un guión lleno de hallazgos y bromas crueles, y el genio de su director, hizo el milagro: el producto final fue una obra maestra inigualable, única, histriónica e histórica, impagable, agobiante, deslumbrante. Estoy hablando, cómo no, de Brazil (1984), de Terry Gilliam, la, para muchos, mejor película de ciencia ficción de los años 80 (con permiso de Blade Runner), la mejor distopía plasmada nunca en pantalla grande, y una de las más deslumbrantes y oscuras obras reflejadas nunca en celuloide (le pese a quien le pese) . La mejor forma de comprobar la genialidad de esta obra es hacer la prueba del algodón: verla (o reverla) a día de hoy, para comprobar no sólo que por ella (en mi personal opinión) no ha pasado el tiempo, sino aún más: que muchas de sus ironías, de sus paranoias, de sus crueldades argumentales han cobrado un nuevo sentido en este nuevo milenio, en el que, sí, tal vez no tenemos la pared llena de tuberías y conductos extraños como en Brazil, pero manojos de fibras ópticas, cables telefónicos y demás conexiones nos mantienen conectados permanentemente a la RED. De hecho, la película comienza con un texto: “En algún lugar del siglo XX...” o XXI, diría yo. La historia comercial de la película tiene mucho de humor absurdo. Nos cuenta el amigo Wikio que el final original del film (hiriente y cruel, desde luego), aterrorizó hasta tal punto a sus productores, que cambiaron por su cuenta el final para el mercado americano, y llegaron a retitular la película. Algo a decir verdad propio del mundo plasmado en la película. Pos-post: En la blogosfera se pueden encontrar aportes magníficos sobre la película (y críticas despiadadas). De entre los primeros vale la pena destacar éste.
Audrey Hepburn y Grace Kelly. Backstage de la 28 ceremonia de entrega de los premios Oscar, 21 de Marzo de 1956. Audrey Hepburn presentaba el oscar a la mejor película ("Marty"); Grace Kelly el de mejor actor (Ernest Borgnine).