Y... sí, ayer fui a ver "Ratatouille", con tres niños alrededor mío. Y sí, como a media humanidad, también me encantó, y además me admiró que la gente de Pixar siga manteniendo el nivel (superando el pequeño paso en falso que fue "Cars").
A riesgo de sonar pedante, voy a destacar tres facetas que me parece se debe resaltar en esta película:
La gente de Pixar no se obsesiona porque su animación digital sea realista al 100%. Son capaces de hacerlo, y sus films
tienen una paleta de texturas asombrosa. Pero donde hacen hincapié es
en los colores (esos tonos pasteles maravillosamente elegidos para cada
escena, que hacen las imágenes más reales que la realidad) y,
además, en el "aura" de las figuras, la textura del espacio: muchas de
las figuras o edificios de fondo están cuidadosamente difuminados, para que podamos percibir el aire.
El guión, la historia, los hallazgos. La escena final (cientos de ratas cocinando en un restaurante de lujo), es propia, reconozcámoslo, de una mente trastornada y calenturienta, pero pasada por el turmixPixar se convierte en todo un logro. Y el recuerdo infantil del crítico culinario evocado por la ratatouille recién probada, qué quieren que les diga, el punto perfecto, moraleja y cumbre de la historia.
El amor por la obra bien hecha que se trasluce durante todo el metraje. Tal vez soy ingenuo, pero tengo la sensación de que si "Rataouille"
llega tan fácilmente a los espectadores, es porque su director y su
equipo creador han vivido para la historia durante todo el proceso de
elaboración, y han sentido la película en cada fase de creación. Lo
cual no es incompatible con que Pixar se haga millonaria. El cine es al fin y al cabo un negocio que, a veces, crea obras de arte.
“Ése era un dado egocéntrico. Cayera como cayera, siempre caía de cara, y con la misma sonrisa entonaba: soy yo, soy yo. Le hacíamos las mil y una al pobre dado: lo lanzábamos desde el balcón, adentro del plato de sopa, o justo antes de que se sentara tía Albertina (105 kilos), lo poníamos sobre el banco. Los insultos de tía no nos incumbían: se los cargábamos al dado. Pero igual volvíamos a arrojarlo y zácate, caía de cara y dale cantar: soy yo, soy yo, soy yo. Una vez al Beto se le ocurrió limarle las aristas. Estuvimos como dos días sin parar hasta que quedó hecho una bolita. Vamos a ver si ahora cantás, dijo el Beto, y lo lanzó sobre las baldosas del patio. Apenas tocó el suelo, el dado empezó a decir: puta que te parió, puta que te parío. Y continuó rodando sin parar y meta cantar: puta que te parió, puta que te parió, puta que te parió.” Este es un relato apócrifo del gran Julio Cortázar. Lo conocí (al relato) y a su historia hace cinco años, a través de una revista argentina de ciencia ficción de los años setenta. Pensaba que por una vez lograría la originalidad absoluta en la blogosfera, pero Google me quitó la ilusión, ya que el relato aparece anteriormente en el blog de Luis Beltrán. No obstante lo posteo porque me gusta mucho.
Proceso por el que pulcros grupos musicales de inmaculados miembros se involucraban progresivamente en la estética extravagante de una década dorada musicalmente hablando, avergonzado a sus escandalizadas madres y cambiando sus coordenadas musicales hacia paisajes muy distintos de los originales...
- Los que triunfan son comerciales. Los que no, artistas (sublimes). El cine es Cultura, y no una inversión o un negocio. Por tanto no es relevante que a una película española no acuda nadie a verla ni que no sea rentable, si trata temas importantes y profundos. Al cine no se va a entretenerse, sino a reflexionar.
-El desnudo a destiempo es el McGuffin endémico del cine español. En toda película española se introducirá siempre un desnudo de mujer/escena de sexo, venga a cuento o no, para demostrar que en España somos más progres que nadie y que no tenemos complejos. Cuanto más cutre el encuadre de dicha secuencia, mejor (el sugerir sin mostrar es una mariconada propia de los carcas americanos y prueba inequívoca de que uno es un acomplejado).
Aquí les dejo un site para disfrutar de lo lindo: Video Wall se llama, pero lo que en mi opinión es más jugoso, es la página dedicada a los sketches de los Monty Python: para revisar a fondo... Video Wall- MontyPython
Era el año 1980. ..
Yo era un niñito. Mi madre nos había llevado a mi hermano y a mí a ver"SupermanII". Hacíamos cola para comprar las entradas. Pero el pesado de mi hermano insistía uuuuuna y otra vez en que mejor viéramos la película que hacían en el cine de al lado. Por aquel entonces todavía la mayoría de las salas utilizaban como reclamo aquellos carteles de grandes dimensiones hechos por artistas locales, en los que copiaban el póster de la película. Aquel cartel lo recuerdo bien: dos tipos vestidos de traje negro azulado, con camisa blanca y corbata negra, sombrero, unas gafas de sol cada uno, con unas posturas un tanto imposibles, al lado de un coche de policía boca abajo.
Corrían los primeros años setenta. La música negra norteamericana había recorrido ya una década prodigiosa (la de los 60): el sonido Motown había conseguido derribar barreras comerciales y raciales. La Stax y demás sellos independientes habían extendido la buena nueva del soul por todo el mundo, y gente como Sly Stone se aprestaba a crear un apabullante mix de soul, funk y rock que se adelantaría a su tiempo en más de veinte años.
Ursula K. Leguinha desarrollado casi toda su obra literaria entre la fantasía (Terramar) y, sobre todo, la ciencia-ficción. Sin embargo, el afortunado que lea una de sus novelas, no tendrá la sensación de estar leyendo ninguno de esos dos géneros. Simplemente sabrá que está leyendo una buena narración.
En muchas de sus obras construye detalladamente, y con pasmosa facilidad, sociedades imaginarias, mundos posibles, evoluciones alternativas de la humanidad. No obstante, lo más poderoso en su forma de escribir no es su capacidad de inventiva (como sí lo puede ser en las obras de JackVance), sino su destreza en la creación de los personajes, la forma de narrar las relaciones entre ellos, y la fácil descripción de cómo percibe cada uno el mundo que les rodea y su circunstancia personal. Es a través de estos medios como consigue transmitir el entramado de sus sociedades imaginarias, de una forma mucho más efectiva que otros autores que se extienden en soporíferas descripciones.
Aunque no he leído todavía todas sus novelas (“El mundo de Rocannon” me espera, paciente), me atrevo a hablar, sin miedo de "La Mano Izquierda de la Oscuridad" , y, sobre todo, “Los Desposeídos”.
Qué difícil encontrar una novela como ésta. Porque el planteamiento de origen (un grupúsculo de anarco-socialistas que ha crecido dentro de una sociedad capitalista se traslada voluntariamente a un planeta vecino del suyo, Anarres, árido e inhóspito, donde establecen una nueva sociedad en base a sus principios), casi garantiza el fracaso por la dificultad de llevarlo adelante sin caer en los maniqueísmos o simplificaciones que tan fácilmente acechan en este tema, o simplemente en el más mortal de los aburrimientos.
Sin embargo, Le Guin triunfa en su propósito y plasma en el papel de forma admirable la sociedad del planeta Anarres, con sus grandezas y miserias, con sus logros y sus servidumbres, de una forma que (inevitablemente) se me quedó grabada en el recuerdo de forma indeleble. Porque no habla de una sociedad triunfante o abocada al fracaso, sino de un proyecto de sociedad ideal hecho de y por personas, con todos sus defectos y flaquezas, pero también con maravillosos momentos de lirismo, de solidaridad, de amistad. Un mundo de grandes desiertos, poblados raquíticos y enormes dificultades de subsistencia, pero traspasado por la dignidad humana por encima del inhóspito entorno (o tal vez a causa del mismo).
El argumento no es sólo la descripción de esa sociedad, es muchas cosas más, pero no quiero desvelarlas.
Anarres no existe en la realidad (esto... qué es eso de “realidad”?). Sin embargo, ojalá Viajes Marsans me pudiera llevar allí en uno de sus viajes a 300 euros...