LOST IN BABILONIA Aun siendo uno de mis autores favoritos, siempre me ha parecido demasiado obvio escribir sobre Borges. Maestro del relato corto, dedicarle un post puede ser como escribir sobre la capacidad de mojar del agua: no aportaría nada. Pero, sin que sirva de precedente, no me resisto a dejarles uno de sus más atroces relatos, cuyo clasicismo absoluto se puede constatar de forma muy sencilla: basta notar que la sociedad actual se aproxima cada vez más a la imaginada por él, hace ya sesenta y cuatro años. Todo lo demás (la prosa pura y diáfana, el elegante distanciamiento, las referencias cultas auténticas mezcladas con las apócrifas), lo pueden encontrar en cualquier manual de literatura al uso.
Pos-post: Hay voces que han criticado la presunta genialidad de Borges, tildádole incluso de autor juvenil. Es curioso, a él le habría encantado saberse encasillado en el mismo género menor que su admirado Stevenson...
“Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos. Elige buena salud, colesterol bajo y seguro dental. Elige hipoteca a interés fijo. Elige un piso piloto. Elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos un traje de marca en una amplia gama de putos tejidos. Elige bricolaje y preguntarte quién coño eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el sofá a ver teleconcursos que embotan la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de puta comida basura. Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo miserable, siendo una carga para los niñatos egoístas y hechos polvo que has engendrado para reemplazarte. Elige tu futuro. Elige la vida… ¿pero por qué iba yo a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida: elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?”
Trainspotting, Irvine Welsh, 1993, aunque obtenido deaquí
En el año 1997, un cantante novel anglo-canadiense firmaba con tan sólo 19 años por la mítica discográfica Motown ( sí, sigue existiendo a duras penas). A partir de ahí, pasó más de tres años trabajando para elaborar su primer disco, en el que tocaría todos los instrumentos, y en el que sería el compositor y productor de todas las canciones. Hasta aquí nada más que las excentricidades de un jovencito enamorado de la música negra pretendiendo emular a Prince…
Lo extraordinario fue el resultado: “The Way I Feel” es una soberana pieza maestra, donde no sobra nada de nada, y en la que, cuando nos introducimos, nos podemos sentir retornados treinta años atrás, al mejor momento de la música negra. ¿Nostalgia? ¿Revival? No, hay algo más: las canciones de Remy Shand son magníficas por sí mismas, y no porque su instrumentación o su impresionante falsete nos remita a otras épocas (que lo hace). Y la producción de las mismas es detallada, ajustada, sugerente… cautivadora al fin.
Una muestra de que se puede tomar un sonido determinado o una época musical como modelo, y a la vez hacer un LP personal y brillante. Oir “The Way I Feel” es un completo placer de principio a fin, con varias perlas que riegan el camino.
Parece ser que el señor Shand no tiene prisa, y lleva ya más de cinco años preparando su nuevo LP. Si consigue el mismo nivel que en su opera prima, la espera habrá valido la pena. Será cuestión entonces de comprobar si es capaz de una carrera coherente, o simplemente habrá sido una anomalía dentro del adocenado panorama musical que nos rodea. Mientras tanto, podemos disfrutar una y otra vez de sus brillantes canciones.
La ciencia ficción cinematográfica ha encontrado su mejor contexto en los escenarios distópicos, consistentes en la recreación de sociedades futuras caracterizadas fundamentalmente por el triunfo de elementos negativos como la opresión del tirano de turno, el recorte absoluto de libertades, la anulación de los sentimientos, la falta de espacio vital, la pobreza, y cuantos otros se nos puedan ocurrir.
Los ejemplos, muchos de ellos basados en obras escritas, son interminables e incluyen grandes películas, como Blade Runner, La naranja mecánica, Gattaca, 1984, Brazil, Doce Monos, Minority Report, V de Vendetta, etc.
En teoría, las obras basadas en entornos distópicos cumplen una función de advertencia o aviso de lo que podría venir; pero no puedo dejar de pensar que su éxito se debe a que colman un afán que siempre ha acompañado al ser humano: el de sentirse felizmente consolado con la intuición de que podría encontrarse mucho peor de lo que se encuentra. O acaso ¿a qué creéis que se debe esa sensación de reconciliación con lo que os rodea, esa contenida alegría que irremediablemente sentís cuando aparece el The End, se encienden las luces y volvéis a la realidad tras una película distópica?
Sí, es cierto. En ocasiones la realidad, no sólo supera la ficción (eso es muy fácil); en ocasiones, supera el pensamiento, y sale al encuentro de nosotros directamente, tuteándonos.
Estaba hace pocos días elaborando mentalmente lo que iba a ser un post sobre uno de los mejores grupos de los 70 y 80, además de los reyes del pop party, The B-52's, cuando viví uno de esos momentos. Abrí uno de mis blogs de lectura habitual, y ¿qué leía? Que, dieciséis años después, los B-52's VUELVEN. Tras un final muy, muy triste en 1994 (realizando la banda sonora de The Flintstones, argh!), pensaba que lo único que podía ya era dejar constancia de mi admiración en un post, hablando de sus letras tontorronas pero inteligentes, de sus hipnóticas canciones, de las gloriosas voces de Kate y Cindy, de su actitud anti-popstar, de sus poses irónicas y desenfadadas... y pensaba colgar una hermosa canción, con letra propia de la era pre-internet:
Pero, entonces, encontré la portada de su nuevo disco. Y supe, al verla, cómo sonaría. Porque basta con verles en esa foto, con esa mirada, con su estilo de ropa de siempre, con esa actitud de cincuentones en forma que no pretenden engañar a nadie ni reinventarse. La actitud de quienes están seguros de lo que hacen, porque nunca se han tomado a sí mismos muy en serio, y por eso resultan más interesantes que tanto oráculo musical que anda por ahí suelto.
¿Cómo suena Funplex?. Lo mejor que se puede decir es que suena a ellos mismos. Y tal vez no haya dentro un Rock Lobster o un Private Idaho, pero suena bien, y suena a fiesta. Lo pueden oir en su página de Myspace. Y fíjense un poco en la letra. ¿Tonta? Seguro ¿Con ironía? También ¿Con cierto cinismo? Vuelvan a fijarse...
Marzo 2008 es definitivamente un gran momento pop: The B-52's han vuelto.
Pues sí, llevado por el sacro contexto de la celebración pascual me dio por escuchar el Aleluya (para los puristas será Halellujah) de Leonard Cohen. Y en la búsqueda de un vídeo de la canción descubrí que ese tema debe ser uno de los más versionados de la historia.
Si la interpretación del autor Leonard Cohen es muy buena, la verdad es que el malogrado Jeff Buckley acompañado solo de su guitarra hizo una maravilla Y el peculiar Rufus Wainwright demuestra su talento en una magnífica versión al piano. Pero eso no es todo amigos: pueden disfrutar de la versión de K.D. Lang, Allison Crowe, John Cale, Bon Jovi, y hasta un grupo de triunfitos (del American Idol) que cantan muy bien.
En fin, para todos los gustos. Y por cierto, que el Aleluya de Cohen la verdad es que de sacro tiene poco, si atendemos a su letra, pero es muy bonita. ¿o no?
"Por lo que a mí me toca, no me justificaré más que las otras. Recibo sin duda al señor de Valmont, y todo el mundo le recibe; pero esto es una inconsecuencia que debe añadirse a mil otras que dirigen la sociedad. Vd. sabe como yo que se emplea la vida en observarlas, en quejarse de ellas, y en practicarlas."
Pequeñas pausas (V) (links para pasar un rato) Una gran campaña publicitaria. No porque consiga su objetivo (la verdad es que lo dudo), sino por su capacidad para hacerte sentir... mejor descúbranlo/disfrútenlo ustedes.