Es conocido aunque frecuentemente olvidado que la fortuna reparte el preciado don del talento sin considerar las condiciones personales de sus receptores. Por ser más concretos y prosaicos, diremos que la habilidad para (por ejemplo) escribir, componer sinfonías, cantar o actuar, no es de ningún modo garante de que el escritor, compositor, cantante o actor en cuestión sea una persona brillante o incluso mínimamente atinada en su forma de ser y de desenvolverse en la vida. Soy admirador de la obra o capacidad artística de muchas personas, con las que tal vez me costaría soportar media hora a su lado. Siempre es bueno admirar sólo la obra de los creadores, y no a los creadores en sí mismos. Esta confusión con frecuencia no afecta sólo al vulgo en general, sino a los periodistas e incluso a los propios artistas, lo que origina que a veces rocen lo patético. Y así encontramos a menudo a ídolos pop perorando sobre la situación de la infancia en el mundo, a actores comprometidos dogmatizando sobre la política imperialista de los USA, o a periodistas empeñados en considerar a cualquier juntaletras famosillo como autoridad intelectual cuya opinión sobre cualquier tema tiene validez indiscutible como opinión cualificada. Recuerdo una entrevista al escritor Camilo José Cela menos de un año después de la concesión del Nobel (yo era un tierno infante por entonces). El periodista le preguntó qué opinaba sobre la (primera) guerra de Irak, que por entonces estaba en pleno desarrollo, esperando sin duda un profundo análisis global, un adorno verbal, o por lo menos una soflama antiimperialista. Cela, con su campechanía heredada directamente del 98, le espetó: “¿Y qué quiere usted que le diga? ¡Que me parece una barbaridad!”. No contestó el Escritor-Ganador-del-Nobel, sino una persona que escribía muy bien pero que era muy consciente de no entender nada de política internacional. Lástima que su ejemplo no cundiera.
Una vez más realizamos la pequeña contribución de este blog a la originalidad del universo internet, mediante la publicación como rigurosa novedad de la novela on line "El Restaurador y la Madonina della Creazione", cortesía de su autor Salvador Bayona. Que la sigan disfrutando, tanto como lo hice yo en su momento...
Pequeñas Pausas (XII): La forma también importa Flickr es un magnífico repositorio de imágenes, de eso no hay ninguna duda. Pero su interfaz es, digamos, un poco... aburrida. En Tag Galaxy han sabido dar una vistosa relación visual a las búsquedas por etiquetas de Flickr, de forma que el propio proceso de búsqueda se convierte en algo muy, muy entretenido.
A veces cuando uno escribe un post se empeña sin querer en epatar al personal, en ser "original", en encontrar en algun lugar poco conocido de la red algún contenido que llame la atención de los internautas, para luego regurgitarlo en el blog propio. Pero no tiene mucho sentido hacer eso. Para encontrar la genialidad, basta con poner ésto:
O donde Terry Giliam, el gran Terry Gilliam, empezaba a mostrar su evidente maestría, que pronto desplegaría en Los Héroes del Tiempo, en Brazil, en El Barón de Munchausen, en... En YouTube no es posible colgar el vídeo completo por su duración, ignoro cuánto tiempo me permitirá albergarlo Vimeo. Pero mientras tanto, disfrutemos... y no es necesario encontrar para este corto de hace ya 25 años un significado adicional hoy en día, en esta época de sinvergüenzas disfrazados de poderosos financieros...
CUANDO ERA PEQUEÑO, yo creía que de mayor quería ser un gran hombre, un gran investigador o científico. Cuando fui adolescente, pensaba que cuando fuera mayor quería ser alguien brillante y atractivo. Cuando era muy joven, pensaba que quería tener una bonita casa y un buen coche cuando fuera mayor. Estaba equivocado. Ahora ya sé lo que quiero ser cuando sea mayor.
Sólo quiero moverme como ellos. Y, por supuesto, cantar como ellos.
Por algo se habla de "soul incandescente" cuando se menciona a Sam and Dave. Y escuchen ese torrente de vientos en directo (era una una gira europea en 1967). ¿Cómo no se iban a volver locos los ingleses?
De entre la amplia galería de magníficas voces negras femeninas de los años 60-70, siempre me llamó la atención una en especial, que parece haber caído un tanto en el olvido.
Me refiero cómo no a Gladys Knight, dueña de una de las voces más rotundas y hermosas del panorama soul del siglo pasado. Propietaria de una extensa carrera que llega hasta la actualidad, tuvo sus mayores éxitos en los setenta, aunque siempre me dio la sensación que la calidad de las composiciones y su éxito popular no acompañaron como debían el apabullante nivel de sus dotes vocales.
No obstante, acompañada por sus inseparables Pips, nos dejó clásicos inovidales como “Midnight Train to Georgia”, “If I were your woman” (mi preferida), o delicados momentos como "The Makings of You" cuyos archivos en stream o linkeados adjunto (ahora que Boomp3 parece haberse colgado, y con ello arruinado buena parte de mis post musicales. Paciencia...).
¿Qué fue después de los setenta de esta admirable artista? Pues el habitual segundo plano comercial y artístico que afectó a tantas brillantes solistas soul, y que no ha abandonado a pesar de colaboraciones con productores de renombre, o incluso haber participado en la banda sonora de uno de los filmes de Bond.
No obstante sigue en la brecha, manteniendo sus dotes vocales intactas, y realizando, por ejemplo, un brillante recopilatorio de clásicos americanos (Before Me), y que podéis obtener aquí (eso sí, mientras que la Unión Europea no acabe con Rapidshare y demás servicios de uploads).
En fin, una artista cuya voz ha hecho historia, por lo menos en los recuerdos y sensaciones de devotos seguidores como el que suscribe...
Podría empezar este post diciendo que Streets of Fire se autodefine como una “fábula de rock and roll”. Podría, sí, continuar señalando que la película combina sin empacho los iconos rock de los cincuenta, los brillos neón de los sesenta, la música de los ochenta, y una estética impagable de los primeros videoclips. Cóctel al que se añade un guión pueril construido a base de añadir una tras otra todas las frases y situaciones tópicas de los teen films de los años 50. Pero sería perder el tiempo. Porque basta señalar que su banda sonora es magnífica, y que sus escasos 93 minutos se dejan ver con sumo placer si uno deja sus prejuicios y acepta sumergirse en lo que los títulos prometen, una simple fábula de rock and roll, con coches rugientes, rockers motoqueros, calles mojadas y junglas suburbanas. Y da igual lo escuálido de su argumento, porque con un comienzo como éste, poco más se puede pedir:
La galería de actores es además impagable: la eterna promesa Michael Paré (que tras una breve trayectoria por el semiestrellato. pronto se hundiría en subproductos serie C) como el arquetípico héroe outsider, unos jovencísimos y lozanos Williem Dafoe y Diane Lane (qué traje el de su primera aparición, en rojo y cuero negro) y un perfecto Rick Moranis como manager musical sin escrúpulos.
Y a no perderse la pelea final entre los dos antagonistas… todo lo demás (la trayectoria de Walter Hill, su director, la colaboración musical de Ry Cooder, el dato que Diane Lane no fue doblada al cantar, etc) lo dejo para quien quiera indagar en el multiverso de la red.