No he podido evitar citar en el título de este post el lema del gran Gil Scott-Heron. La revolución del siglo XXI no ocurrirá en las calles, en los barrios marginados o en los podridos foros políticos de las democracias occidentales. Si ocurre (y todavía está por ver), comenzará en la mente de los hombre y mujeres, empezando por los jóvenes y adolescentes. Y no, no es que los púberes hiperhormonados comenzarán a ignorar los placeres epicúreos que el capitalismo sibilinamente les ofrece... No, lo que ya ha empezado a cambiar es la elección de lo que se consume, que ya no vendrá determinada por un canal unidireccional en el que unos pocos capos del Sistema (léase 40 Principales, Prisa, Telecinco o lo que se prefiera) moldean el menú a elegir para engordar sus suculentas cuentas. Eso está cambiando, y estoy hablando como ya es obvio de la radio, y más concretamente de la radio fórmula, moribunda y llamada a desaparecer en breve. Modernas inciativas como LAST.FM, Pandora, los playlist de Imeem o de la propia YouTube, convierten la acción de oír música on line en una auténtica experiencia interactiva, donde algoritmos desconocidos para nosotros registran nuestros gustos, nos hacen conocer los artistas que más se adaptan a ellos, y a su vez toman nuestra opinión para introducirla en un bucle continuo de valoración en línea, de la que se aprovechan en tiempo real otros oyentes con inclinaciones parecidas. Y a su vez, cada internauta puede elaborar su propia emisora virtual, donde recopila todas las canciones elegidas y recoge los aportes de otros internautas o grupos de internautas. La radio on-line, interactiva y dinámica es un hecho, y afortunadamente, podemos de momento confiar en los bytes y en la Red para su desarrollo, en vez de en directores de comunicación panzudos, operaciones triunfo o campañas promocionadas con maletines. Todo eso tiene cada vez menos futuro, aunque en este país que se creía hasta hace poco lo más de lo más, tardaremos un poco más que el resto en dejar de ser zopencos tirando de la noria.
Actualización 06/07/08: ¿No sabes que emisora elegir o cómo encontrarlas? Puedes empezar por aquí.
Mi buen amigo Salva ha inferido, a raíz del "principio" enunciado en el post precedente, una serie de cuestiones que considero impostergable plantearse y sacar cada uno nuestras propias conclusiones:
- ¿Supone la presencia de McDonalds la instauración de la paz, o su ausencia implica un incremento en las probabilidades de guerra?. - ¿Cuál de los bandos contendientes debe cargar con McDonalds: el que gana o el que pierde?. Si es el que gana ¿no hubiera sido preferible la derrota?, ¿no indica eso que existe una especia de justicia divina? - ¿Están las guerras promovidas por McDonalds para eliminar a la competencia previa? - ¿Tienen los tendones de vaca que comemos en las hamburguesas de McDonalds efectos en la generación de endorfinas y, por tanto, en el bienestar de la población, que impliquen la ausencia de deseo de guerra? - ¿Allí donde existe McDonalds se utilizan las armas para matar a las vacas en lugar de para matar a las personas? - ¿Es el adocenamiento social causa o consecuencia de la comida basura? - ¿De verdad, pero de verdad, de la buena, quieren los países en guerra del tercer mundo acabar consumiendo hamburguesas de McDonalds?
Yo de entrada sólo tengo claro la respuesta para la última...
Hace algunas semanas pude leer en uno de los mejores blogs económicos, un post en el que comentaba el curioso “principio” de que aquellos países en los que se ha instalado la cadena McDonalds nunca han entrado en guerra (o por lo menos no desde que se instalara la multinacional de la hamburguesa). Esto me ha hecho pensar un poco sobre los inesperados efectos positivos que tal vez tiene el consumismo exacerbado que nos rodea, nos imbuye y nos posee. Conexión ADSL, móviles con cámara, SMS, televisión de pago, seguro médico, viajes al extranjero por vacaciones, coche nuevo cada cuatro años, Playstation, Xbox, Wii, Nintendo DS, tamagochis, fiestas de cumpleaños en parques infantiles, colonia de verano para descansar de los hijos, DVD grabador con disco duro, ordenador con chip de doble núcleo, impresora doméstica de fotos, cajita feliz para los niños, restaurant de sushi una vez al mes, Home theatre para disfrutar del futbol y las películas, IPod, por qué no el IPhone, sabores exóticos a domicilio, Gran Hermano, drogas de diseño, Operación Triunfo, 40 canales de televisión, código Da Vinci, fiesta sorpresa de cumpleaños con actuación de cómicos incluida, depilación corporal completa, excursiones en quad, los fines de semana, viajes a Nueva York por 35 euros, etc, etc, tantas cosas sin las cuales nos resulta difícil imaginar el pasar nuestras vidas, y que hace tan sólo quince o veinte años sencillamente no existían. Nos reblandecen la percepción, nos mediatizan en nuestros gustos y aficiones, nos uniformizan en nuestra visión del mundo, nos convierten en sujetos pasivos y receptores, alejan la reflexión de nuestras neuronas… pero, tal vez, nos hacen más inofensivos. Y tal vez, a medida que las sociedades menos desarrolladas van alcanzando poco a poco el nivel de consumismo del que disfruta Europa occidental y los USA, los odios raciales, la agresividad, el nacionalismo estúpido, se amansan, se moderan, y la gente empieza a sentirse cloroformizada por la satisfacción inmediata de los sentidos, que el mundo global promete y poco a poco proporciona, aunque sea a base de tarjeta de crédito, préstamo e hipoteca. ¿Será entonces algo bueno el circo que nos rodea? Mmmmmm…
“Clásico es aquel libro que una nación o un grupo de naciones o el largo tiempo han decidido leer como si en sus páginas todo fuera deliberado, fatal, profundo como el cosmos y capaz de interpretaciones sin término”
Hace tiempo que me prometí no leer a mis contemporáneos vivos, al menos mientras no hubiera leído gran parte de las obras maestras que aún me faltan por leer (y ya dijo Borges que la única lectura posible es la relectura). Esta decisión, tan arbitraria como otra cualquiera, se ha visto refrendada cada vez que me he sido infiel, por lo que, tras cada novela, arrepentido de mi reciente pecado, me prometía de nuevo fidelidad a los clásicos con un propósito de enmienda tan inconsistente como mi propia voluntad. Sin embargo, de vez en cuando sucede que uno encuentra razones para seguir traicionando sus principios y eso es lo que me ha pasado con Retornamos como sombras. Reconozco, sin vergüenza, que desconocía a un autor con el poco literario nombre de Paco Ignacio Taibo II, que resulta ser, sin embargo, uno de los principales autores en lengua castellana del momento, reconocido internacionalmente y fundador de la semana negra de Gijón. Lo que he encontrado en esta novela es una estructura delirante, un argumento desquiciado pero con la solidez que sólo un bien aprendido oficio puede proporcionar. Dicen de él que es un escritor hispano mexicano y, sin embargo, no hay nada en España que permita suponer que un español, natural o asimilado, pueda crear un universo tan rico en matices, tan divertido en su fantasía metaliteraria, tan variado en líneas argumentales, como una orgía de serpientes en pleno frenesí reproductor, de modo que sólo cabe suponer que tal catarata sólo puede proceder de su mexicano exilio y, por lo tanto, no hay mérito alguno atribuible a esta tierras. Con sabiduría pero sin la intención de que la novela corrija los errores de la naturaleza, con compromiso pero sin la carga doctrinal tan común en los escritores de cualquier militancia, y con una cara de cachondo mental con quien apetece irse de cervezas, Paco Ignacio Taibo II me ha ganado para la literatura actual, al menos en parte.
"Antes
de que nacieras, tus padres no eran tan aburridos como lo son ahora. Empezaron a serlo por pagar tus cuentas, limpiar tu ropa y escucharte hablar
acerca de la nueva onda en la que estabas. Así que, antes de emprender tu
lucha por las selvas vírgenes contaminadas por la generación de tus padres,
inicia el camino limpiando las cosas de tu propia vida."
Tengo una lista ya demasiado larga de cosas a las que me gustaría dedicarles algo de tiempo, dado el interés que me suscitan, pero que sé que no podré nunca disfrutar dado lo comprimido de mi tiempo.. El manga es una de ellas. La capacidad de síntesis de los dibujantes de comic japoneses, su capacidad de comunicación con escasos trazos, su realismo e imaginación me resultan fascinantes. Otro tema es la temática habitual de casi todos, esas sociedades post-tecnológicas, esas metrópolis grunge donde la tecnificación total se entremezcla con la pobreza, la marginación, la violencia extrema. Por no hablar de las elucubraciones pos-apocalípticas que (al menos para occidente) inaugurara Akira, y que no dejan de hacerme pensar que en el subconsciente colectivo del Japón, la bomba marcó un antes y un después (conclusión nada difícil de obtener, por cierto). Por el espacio web hay magníficos blogs en español sobre el tema (aunque algunos un poco arduos para quien no conoce el tema), pero muy interesantes por las ilustraciones que aportan. Stumbleando un poco este fin de semana dí con estos diseños que me parecen extraordinarios. Tirando del hilo parece ser que su autor es uno delos más reputados dibujantes japoneses, especializado por cierto en ilustraciones más que en tiras de comic, y que además ha aportado sus diseños para un espectacular spot de Nike con Le Bron James (eso sí es publicidad). Que lo disfrutéis (quien le guste).