Las mejores canciones de soul moderno son las que saben juguetear con el bajo, la percusión, una melodía sugerente y una voz lo suficientemente caliente, de forma que se crea una textura sonora envolvente sin por ello renunciar a la melodía.
Yo encuentro todo eso en este temazo de Erykah Badu, de su album Mama’s Gun, muy adecuado para oír en momentos relajados..
A menudo no sabemos distinguir la información en sí, del fruto obtenido tras el procesado de esa misma información. Así tendemos a evaluar el nivel cultural de alguien en función de la datos nuevos que puede proporcionarnos, sin preocuparnos de si dichos datos van acompañados de un análisis coherente o no. Se trata (tal vez) de la sustitución de la inteligencia por la memoria. En estos tiempos parece que ya no hace falta entender (palabra con la misma raíz etimológica que inteligencia) sino sólo repetir. Eso sí, con un tono y unos ademanes que dejen muy claro la seriedad y “nivel” del memorista de turno. Pero además, la concepción mercantilista de la cultura nos ha traído la necesidad (casi social) de aportar información nueva, diferente, sorprendente, lo que obliga a quien quiere seguir manteniendo una imagen de persona culta a focalizarse en áreas poco exploradas, en muchas ocasiones áreas reservadas a estudiosos especializados. Así, para cultivar una imagen de persona erudita sólo hacen falta dos cosas: una memoria sólida y un extenso acerbo de datos inconexos sobre temas banales, especialmente anécdotas históricas. No es fácil, pero es mucho más sencillo que cultivar el intelecto, intentar sacar conclusiones o por lo menos hacerse preguntas (en definitiva dudar, que no es malo) a partir de la información digerida. De la otra manera, qué duda cabe que cualquiera (usted y yo) podemos salir cultamente airoso de cualquier conversación sin mostrar nuestra realidad oculta, de forma que sólo nosotros podemos saber si somos una persona que valora la cultura o un necio que sólo pretende mantener una imagen pública. Hagamos esta sencilla prueba, básica y simple pero no por ello menos efectiva: Si se alegra de que los demás sepan tanto como usted, o sólo una pequeña fracción, tal vez usted disfruta y comparte la cultura, pues la circunstancia citada sólo puede mejorar sus posibilidades de conversación y reflexión con sus congéneres. Pero si a usted le molesta, siente cierto resquemor cuando alguien adquiere por otro medio que no sea usted mismo una parte de la información que usted posee, enhorabuena: es candidato para el premio al necio del año. Puedo imaginar la alegría de algún experto bienintencionado ante el "conocimiento popular" de Hipatia de Alejandría o de Nicholas Flamel, aunque sea éste un conocimiento superficial y basado en información errónea: su aparición no hace sino aumentar la probabilidad de despertar el interés de alguien que, algún día, pueda convertirse en experto, lo que asegurará la pervivencia del conocimiento y la información correctos. También puedo imaginar el disgusto de quien, tras haberse quemado las pestañas durante años en busca del conocimiento arcano con el que poder epatar a sus semejantes, protesta airado ante la falsedad de los datos popularizados. En el fondo lo que realmente duele, es que algo tan asequible como una película de cine de noventa minutos haya aniquilado la posibilidad de una conversación en la que hacer gala de erudición, posibilidad que le habrá llevado años de esfuerzo.
Es domingo, fuera hace frío pero no tenemos que trabajar, ni hacer nada que no nos apetezca. Buen momento pues para hacer una travesía sentimental con la gran, gran Julie London, una de las favoritas de este humilde pero intrascendente blog.
La década de los setenta (la mejor sin duda en la historia de la música negra), está llena de pequeñas gemas ocultas, que dormitan agazapadas hasta que algún semidesconocido blog o radio on-line te la hace conocer. Entonces despliegan sus ondas sonoras y llegan a nuestro cerebro frescas como el primer día, limpias de polvo y paja, directas y sencillas. Como todas las cosas buenas de este mundo.
Los fabulosos Isley Brothers es uno de los grupos históricos de la música negra, con un maravilloso vocalista (Ronald Isley) y un puñado de mágicas canciones. Ésta la he descubierto gracias a la sofisticada Sensaciones sonoras.
Tenemos una concepción infantil del final, del Gran Final, como niños que juegan a dispararse con el dedo índice sin haber experimentado nunca los efectos de una bala en su propia carne. Solemos concebir el apocalipsis en base a descripciones legadas por la Biblia: Ruedas de fuego descendiendo sobre la tierra y acabando con media humanidad, una bestia con el 666 tatuado… en cualquiera de las formas que Hollywood haya querido imaginar. Sin embargo el apocalipsis, el verdadero Apocalipsis, es (como tantas otras cosas) algo subjetivo y ligado a la experiencia personal. De hecho estamos rodeados de apocalipsis personales, ajenos para nosotros pero absolutos para sus víctimas. La gente sin comida ni techo de Darfur, las inmigrantes atrapadas por las redes de tratas de blancas, las madres embarazadas que se ahogan al naufragar la patera… todos ellos experimentan un verdadero y dramático fin del mundo, sin mayor diferencia para ellos que un cataclismo cósmico que acaeciera sobre la tierra entera. Sin embargo, continuamos con nuestras vidas al lado de estos pequeños apocalipsis, sin inmutarnos. Ahítos de nosotros mismos, de nuestros buches cebados, nos alienamos en el juego infantil de imaginar finales espectaculares, por los que valga la pena haber vivido, ignorantes de la muerte cotidiana, del sufrimiento del que somos responsables.
"Comamos y bebamos que mañana moriremos", como decían los romanos. Sí, comamos y bebamos, porque para los que no tienen qué comer o qué beber, no habrá mañana.
"Estaba dándole vueltas al seis cuando se dio cuenta, de un golpe, que se había enamorado absurda y totalmente de la mujer de los ojos violetas. El impacto de las imágenes le arruinó la pericia del afeitado y estuvo a punto de costarle la vida porque la navaja resbaló sobre la piel del cuello.
Amor y suicidio era una vieja relación, una combinación de palabras conocida y artera. Indeseable pero real. La gente se enamora y luego se suicida para... para no sentirse ridícula ante el desamor. - Oiga usted, oiga usted, qué bueno verlo de pie -dijo Gonzaga, el dibujante estrella de El Demócrata-. Yo lo hacía en cama. - Gonzaga, qué agradable sorpresa -dijo el periodista bendiciendo al personaje que lo sacaba de turbias ideas. Gonzaga, que no había sido bien recibido en ningún lado en los últimos diez años de su vida, se detuvo desconcertado. Traía un block de dibujo en la mano derecha y la izquierda sostenía penosamente una Smith Corona portátil, pero que no dejaba de pesar sus buenos 15 kilos. - Yo, este... -dijo omitiendo el «oiga usted» por una vez- le traía trabajo de la redacción. Gonzaga colocó la máquina de escribir sobre la mesa y esperó mientras Manterola, que lo contemplaba en el espejo, terminaba de afeitarse. - ¿No pueden esperar a que me levante de la cama en esa cueva de explotadores? - Oiga usted, la iniciativa fue mía, pensé que la historia ésta apasionaríalo hasta la locura -dijo Gonzaga abriendo su block de dibujo y acercándose al periodista. El dibujo, que combinaba los enérgicos trazos de lápiz y las sombras en carboncillo, mostraba a un domador vestido con un uniforme de húsar imperial austríaco del siglo pasado, que esgrimía su látigo contra una docena de leones. La ilustración tenía como fondo una jaula de altos barrotes. Los leones se mostraban agresivos, varios de ellos rugían o lanzaban su zarpa contra el domador que tenía el revólver en la funda y la mano izquierda colocada rumbosamente en la cadera. - ¿Y esto? ¿Podría usted sin abusar del lenguaje de telegrama narrarme la historia? - Circo Krone, seis de la tarde, oiga usted. Domador de origen alemán, hispano-alemán. Silverius Werner Cañada. Vuelto loco por amores con trapecista. - ¿Trapecista macho o trapecista hembra? No abuse de los genéricos, Gonzaga. El aludido miró fijamente a Manterola y respondió: - Trapecista hembra, un poco puta. - Ah, bien. - Metióse jaula de leones a mitad del espectáculo... - ¿Como siempre? - Cosa normal, oiga usted. Pero en lugar de hacer número dedicóse a romperles el forro de los cojones a las fieras a punta de latigazos, hasta que se hartaron de él y se lo comieron. - ¡Carajo! - dijo Manterola. - Historia de amor inolvidable, oiga usted. Público aterrado contemplólo todo. - ¿Y por qué chingaos no lo sacaron? - Encerróse digo, oiga usted. Tiró la llave a la mierda una vez hubo entrado, cerrando candado y ya... - Vaya precisión... ¿Y cómo lo sacaron? - Oiga usted, no se me había ocurrido preguntarlo. Queda en duda. - ¿Cómo que queda en duda? ¿No lo han sacado aún? - Oiga usted, sospecho se lo siguen merendando las fieras.
- Oiga usted -repitió el periodista sin saber si ponerse a reír o a llorar."
Madre mía, que bien lo hace esta gente. Adalides del acid jazz (ya saben, esa mezcla cool de funk, soul, jazz y pop que tan bien sabían cocinar en las islas británicas), los Brand New Heavies tienen álbumes repletos de magníficas canciones. Música negra hecha por blancos y negros, insuflaron un nuevo aire al género con un toque refinado, creativo y tremendamente adictivo. Back to love, my brother...
¿Por qué nos resulta tan atrayente la novela negra?
Tras pensarlo largo y tendido (unos tres minutos), he llegado a la conclusión de que el motivo es, en parte, el hecho de que una novela negra fiel a las normas del género nos ofrece una visión coherente y lógica del universo, o por lo menos del mundo que nos rodea. Basta con echar un vistazo a algunos de los cánones del género:
- El asesinato y las gestiones para desvelar sus protagonistas y motivos es el motor de la acción.
- No existen asesinatos casuales. Siempre hay uno o unos culpables, por absurdos que en ocasiones sean sus móviles. - Con frecuencia el asesinado hizo lo que no debía o se metió en ambientes donde esas cosas pueden pasar.
- Los canallas son canallas, sin ambages ni medias tintas, aunque a veces con un código de honor propio.
- En ocasiones el asesino es a su vez una víctima: víctima de las pasiones, de sus complejos, de sus odios exacerbados y complejos mal reprimidos.
- El protagonista no siempre es un modelo de virtud, más bien suele ser lo contrario: con un toque de desprecio por la humanidad, mirada casi siempre sesgada, una pizca de crueldad innecesaria y una visión desencantada del mundo.
- Las protagonistas femeninas suelen ser mujeres maltratadas por la vida, golpeadas por los hombres y la mala suerte. O, por el contrario, son femmes fatales, aquellas que juegan con su femineidad y aguda inteligencia para obtener sus fines y manipular a los (hombres) que les rodean.
- El escenario también es protagonista. Barrios bajos, ambientes marginales, alta sociedad corrupta y elitista, ambiente siempre urbano…
- Etc Etc
Bien, todo lo que acabo de contar de forma atropellada,¿ qué es?: Ni más ni menos que un mundo cerrado y coherente, donde los sucesos tienen un motivo y unas consecuencias definidas. En una novela negra que se precie, no existen las depresiones clínicas para su protagonista, ni el prozac. Ningún personaje vive enganchado a DóndeEstásCorazón o las desventuras de Belén Esteban, como mucho algún personaje secundario es adicto a dignos seriales radiofónicos o telenovelas. No existen muertes absurdas y sin sentido que evidencien que nuestra existencia está sometida a tristes casualidades. La violencia tiene un origen (pasional, económico, de honor…) y un fin, no es una violencia alienada (si es que se pueden juntar estos términos) motivada por el vacío de una vida sin dirección. Los amigos del protagonista le pueden fácilmente traicionar, pero nunca serán tristes anonimatos andantes.
En definitiva, frente a lo burda y alienante que es a veces la existencia, la novela negra nos ofrece un organizado y consecuente refugio para nuestras mentes, un escenario con reglas y sentido bien definidas. Aspiración muchas veces presente en mi mente por cierto.