Es Julio. Es veranito. El calor aprieta, y aunque muchos seguimos trabajando, la mente ya vuela a remotos lugares muy alejados de nuestros tristes cubículos laborales. Repito, es veranito, la ropa se aligera y la psicinita refresca. Por ello, y dado que de aquí a que me tome unas merecidas vacaciones a primeros de agosto voy a poder escribir muy poco,vamos a rebajar nuestro nivel de concentración intelectual, y a hacer un post veraniego, para aligerar el discurso de reflexiones metafísicas y disgresiones sesudas: Un vídeo, una canción, un pasatiempos y un libro, todos ellos ligeritos, sencillos,(casi de usar y tirar, como tantas cosas buenas de esta vida) que les dejo para quien quiera disfrutar de ello (y quien no, pues no).
Para empezar...
Mary J Blige es una diva del soul que desde hace unos cuantos años se encuentra en la cumbre en cuanto a repercusión comercial y mediática. Dotada de una magnífica voz (seguramente la más clásica del panorama de la música negra actual), sus últimos LPs tienen una característica que se puede considerar virtud o defecto según (como casi siempre) del prisma con que se mire: a) Aforunadamente podemos encontrar en todos ellos dos o tres buenas canciones con densidad musical y vocal. b) Lamentablemente, en cada uno de sus últimos LPs tan sólo podemos encontrar dos o tres buenas canciones con densidad musical y vocal. Con esta tónica la señora Blige podría estar una década más sacando discos sin mayores problemas de creatividad.. Lo que en mi caso la ha redimido de ese apego por el mainstream y la falta de riesgo, ha sido una sola versión, pero qué versión: Se atrevió a cantar un clásico entre clásicos. Mostró la inteligencia de no pretender innovar con una producción moderna ni metiendo cajas de ritmos donde no puede haberlas. Y además con su voz obtiene un notable alto donde muchas otras perecerían sin remedio. Y buscando un poco por YouTube se puede encontrar la versión en vivo, en la que MJB demuestra que tiene lo que hay que tener a la hora de subirse a un escenario.
Tenía en agenda desde hace tres o cuatro meses escribir un post sobre la interesante Erykah Badu . Felizmente, la realidad se me ha adelantado. Mi primer aviso del nuevo trabajo de la Sta. Badu lo tuve en este gran blog de (oh, cielos! ¿seré facha?) el diario “El Mundo”. Como luego leí otra referencia interesante aquí, decidí forjarme mi propia opinión, es decir, bajarme de la mula el LP (qué placer poder escribir esto sin complejos de culpabilidad legal, gracias al canon!) y escucharlo dos o tres veces.
Huummmm..,. la verdad es que coincido con los otros blogs. El disco es impresionante. Cacharrería moderna puesta al servicio del alma. Música negra en la superficie y en su esencia. Maravillosa voz, sinuosa, caliente, versátil. El disco tiene una estructura de álbum conceptual (la sombra del What’s Going On de Marvin Gaye es alargada), sin que eso aporte o reste a la calidad del contenido (un disco es simplemente una colección de canciones, y me importa poco que estén unidos por un propósito espiritual o un concepto superior). Pero en "New Amerykah: 4th world war", entre guiños e interludes entre canción y canción, descubrimos magníficas composiciones, (que saben dejar a un lado la estructura clasica introducción-transición-estribillo ya tan cansina), y una instrumentación caleidoscópica, densa, pegajosa, que se te adhiere a los tímpanos y te pone a su ritmo.
Este álbum va a ser seguramente el mejor LP de música negra editado en el 2008, y sitúa a EB como la más atinada soulwoman del momento, con gran diferencia sobre otras (estimables) colegas. Evito utilizar el gastado adjetivo "genial", porque cada vez tengo más claro que para poder asignar dicho calificativo a un libro, un disco o un polvo (no, perdón, eso no), el único método fiable es dejar pasar diez años, y entonces releer el libro, o volver a escuchar el álbum, y entonces decidir.
Pero me da a mí que en mayo del 2018 calificaré este LP como absolutamente genial...
A poco que se lea este blog es fácil deducir mi predilección por el soul de los años setenta. ¿Y por qué? Quizás porque fue entonces cuando las baladas soul alcanzaron un grado de sofisticación instrumental y calidad de composición no superado desde entonces. Tal vez por la enorme variedad de estilos que convivieron juntos, desde el philly sound al sonido motown setentero, desde el miami sound al p-funk, etc. Puede que por la alta densidad de elegantes y aterciopeladas voces solistas.
Y sin duda alguna porque, a poco que se pasee por internet, uno puede encontrar todavía maravillosas joyas como ésta:
Hay cantantes que tras conseguir tocar la gloria con las manos, logran mantenerse en un (aunque parezca contradictorio) destacado segundo plano dentro del panorama musico-comercial. Betty Wright es seguramente una de ellas.
Soulwoman forjada en los años 60, alcanzó el éxito y el reconocimiento en los años 70 (Grammy incluido), destacando un magnífico LP (I Love the Way You Love), en el que se incluía lo que sería un clásico soul para la historia, Clean Up Woman. Su riff de guitarra rítmico y saltarín, más la hermosa voz de Betty justifican su status.
Y en los años ochenta, esa terrible década para la música negra en la que primó la imagen y el márketing sobre sobre la voz y el talento, supo mantenerse con dignidad artística e incluso obtener algún que otro superventas sin caer en el pop-chicle facilón en el que se hundieron muchas colegas suyas. (Alguien pensará, ¿pero no fue en los ochenta cuando un negro vendió cuarenta millones de discos? Sí, pero lo que ese negro empezó a hacer a continuación fue blanquearse hasta parecerse al hombre elefante). Y puede resultar curioso hacer un ejercicio de comparación entre la portada del disco mencionado antes de Betty Wright, y, por ejemplo, la portada del ultimo single de Janet jackson, diva soul donde las haya.
El primero es una portada cutre de los setenta, foto desenfocada y muy poco favorecedora, color rojo chillón... pero que aun así transmite por la expresión del rostro de la señora Wright.
El segundo (la Jackson), treinta y cinco años después, es técnicamente perfecto, brillante, impactante, sí... Pero ¿qué transmite...? En mi opinión, una carga sexual evidente (lo cual me encanta), pero pasada por múltiples tamices, procesada, ajustada, aligerada, condensada... vaciada al fin y al cabo (puestos a hablar de portadas sexys, comparar con ésta otra). La portada de Janet Jackson es un maravilloso envoltorio, pero que no transmite nada... Y si dejamos las portadas a un lado y pasamos a comparar el contenido de los LPs, las conclusiones, ay, son inevitablemente las mismas...
Pos-post: Actualmente Betty Wright sigue en activo, y de hecho es la descubridora de la pujante Joss Stone.
Ruthie Foster no tiene el cuerpo de Rihanna. Ni la voz y el glamour de Beyoncé Knowles. Ni la fama y el divismo de Janet Jackson. Difícilmente vaya a ganar un Grammy, o vender millones de discos. Pero Ruthie Foster canta soul, o country traspasado de soul (que es casi lo mismo). Y lo hace con sencillez y cercanía, sin aspavientos, sin coreografías espectaculares ni una hora de maquillaje previo a cada aparición pública. Sin escotes atractivos ni parrafadas de rap entre cada estribillo. Ella sólo canta. Y sin nada de lo mencionado antes, consigue en muchas canciones reconciliarnos con la música, y hacernos volver a creer que es algo más que brillantes producciones o singles adictivos, que es algo más que dinero, productores estrella y Billboard.
En el año 1997, un cantante novel anglo-canadiense firmaba con tan sólo 19 años por la mítica discográfica Motown ( sí, sigue existiendo a duras penas). A partir de ahí, pasó más de tres años trabajando para elaborar su primer disco, en el que tocaría todos los instrumentos, y en el que sería el compositor y productor de todas las canciones. Hasta aquí nada más que las excentricidades de un jovencito enamorado de la música negra pretendiendo emular a Prince…
Lo extraordinario fue el resultado: “The Way I Feel” es una soberana pieza maestra, donde no sobra nada de nada, y en la que, cuando nos introducimos, nos podemos sentir retornados treinta años atrás, al mejor momento de la música negra. ¿Nostalgia? ¿Revival? No, hay algo más: las canciones de Remy Shand son magníficas por sí mismas, y no porque su instrumentación o su impresionante falsete nos remita a otras épocas (que lo hace). Y la producción de las mismas es detallada, ajustada, sugerente… cautivadora al fin.
Una muestra de que se puede tomar un sonido determinado o una época musical como modelo, y a la vez hacer un LP personal y brillante. Oir “The Way I Feel” es un completo placer de principio a fin, con varias perlas que riegan el camino.
Parece ser que el señor Shand no tiene prisa, y lleva ya más de cinco años preparando su nuevo LP. Si consigue el mismo nivel que en su opera prima, la espera habrá valido la pena. Será cuestión entonces de comprobar si es capaz de una carrera coherente, o simplemente habrá sido una anomalía dentro del adocenado panorama musical que nos rodea. Mientras tanto, podemos disfrutar una y otra vez de sus brillantes canciones.
Tal vez sea un tópico a estas alturas hablar de Aretha Franklin. Pero leí hace poco en algún lugar que se cumplen 40 años del LP que la catapultó a su trono, ("Lady Soul", 1968), y no pude evitar pensar en la frase que titula este post. Porque sí, Aretha es una reina en el exilio.
Lo fue todo, el alfa y omega del soul, la voz más vibrante y emotiva de la música negra, pero lleva ya treinta años sin hacer un disco soul.Su carrera fue esplendorosa desde la segunda mitad de los sesenta y durante buena parte de los setenta, con un manojo de clásicos inigualables por composición, instrumentación y, por encima de todo , por su inimitable estilo de cantar desde lo más profundo de su alma. Sparkle fue su último disco que hacía honor al género. Producido por el gran Curtis Mayfield, tenía pequeñas grandes joyas como ésta. Luego, a partir de ese momento, la mediocridad. Discos insustanciales, uno tras otro, embebidos del mainstream más insulso, perdidos en el pop absurdo y en composiciones que quieren sonar a soul. Tal vez sería difícil para ella hacer en el 2008 lo que hacía en los sesenta.
O tal vez no. Bastaría una composición simple y directa. Un bajo que marque el ritmo. Un piano sin florituras. Unos vientos omnipresentes. Y su voz haría el resto, es decir, poner el alma. Es decir, todo.
Mientras que eso no llegue (y ya le queda poco tiempo para hacerlo), sus admiradores seguiremos esperando a que la reina Aretha vuelva a casa.
Stevie Wonder tiene ya 57 años. Tal vez, sí, ya ha pasado su mejor momento musical, y sus discos no tienen la repercusión ni el nivel artístico de antes.
Pero, si hubiese que elegir las diez mejores canciones de la década de los setenta, tres o cuatro serían posíblemente de este precoz genio. Es difícil olvidar que, él, y no otro, supo experimentar sin ningún tipo de temor, abrir nuevas rutas musicales y crear una obra de una envergadura envidiable. Y a poco que rebusquemos entre su insigne discografía, podemos encontrar joyas inmarchitables como ésta:
En el 2005 editó su último disco, "A Time to Love" , que mejora el nivel de los tres últimos, y, sin ser una obra maestra, guarda más de una perla. Ya tan sólo en el single, "So What The Fuss", con sus amigos Prince y B.B. King a las guitarras, (más unas poderosas En Vogueen los coros) nos recuerda lo que es de verdad una canción, dejando en el rincón más oscuro tanta panoplia estúpida y blandengue que impera en la música negra actual.
Aún en sus horas bajas, loor y respeto a un genio de la música.