Ya es domingo. Una excusa como otra cualquiera para echar la vista atrás, y recuperar un clásico de entre clásicos de la insigne Motown. Marta Reeves tenía un pedazo de voz (no como la tontaina de Diana Ross), y si en la composición estaba el trio mágico de Lamont Dozier, Eddie Holland y Brian Holland (autores de los más memorables éxitos de la discográfica de Detroit), el resultado no podía ser otro que una canción perfecta para ponerla a tope en el equipo musical y empezar a dar saltos y piruetas. El vídeo tiene el encanto y la ingenuidad de lo antiguo, pero la canción, madre mía... toda una ola de calor es lo que me da al oírla, cuarenta y cuatro años después.
El sonido Motown siempre se produjo como los coches de las cadenas de montaje de Detroit, la ciudad que lo viera nacer: en serie. Fue una fábrica de producir éxitos, siempre con el mismo grupo de prodigiosos compositores, los mismos expertos músicos, los mismos avezados productores, con esas baterías y líneas de bajos grabadas dos veces para darles mayor profundidad y poderío. Reconozcámoslo, salvo dos o tres grandiosas excepciones, el intérprete o intérpretes importaban poco.
Una de esas excepciones fue el gran, grandísimo Marvin Gaye. Antes de que su obra elevara el vuelo y comenzara a realizar obras más personales y maravillosas (What's Going On, Let's Get It On, I Want You…), estuvo una década haciendo pop-soul intrascendente pero deliciosamente optimista para blancos y negros, es decir, puro sonido motown. Llegaron a hacerse enormemente populares sus colaboraciones con artistas femeninas, sobre todo con Tammi Terrell (una belleza negra de bien adiestrada voz) grabando algunas canciones que cuarenta años después siguen elevando el ánimo con impresionante facilidad, haciéndonos sentir por unos segundos que la vida no es tan complicada ni las relaciones tan enrevesadas. La más famosa, utilizada en más de una banda sonora es la redonda Aint No Mountain High Enough.
Pero siempre me ha gustado otra pequeña miniatura, llena de ánimo, de optimismo vital, de alegría, que te llega directo a las amígdalas por muy alicaído que estés. If I Could Build My Whole World (around you). Eso mismo…
Pos-post: Tammi murió inesperadamente por un cáncer cerebral no diagnosticado, según cuenta la versión oficial, en pleno escenario, en los brazos de Marvin Gaye. Un triste final para quien había cantado tan bien y con tanta contagiosa empatía...
Stevie Wonder tiene ya 57 años. Tal vez, sí, ya ha pasado su mejor momento musical, y sus discos no tienen la repercusión ni el nivel artístico de antes.
Pero, si hubiese que elegir las diez mejores canciones de la década de los setenta, tres o cuatro serían posíblemente de este precoz genio. Es difícil olvidar que, él, y no otro, supo experimentar sin ningún tipo de temor, abrir nuevas rutas musicales y crear una obra de una envergadura envidiable. Y a poco que rebusquemos entre su insigne discografía, podemos encontrar joyas inmarchitables como ésta:
En el 2005 editó su último disco, "A Time to Love" , que mejora el nivel de los tres últimos, y, sin ser una obra maestra, guarda más de una perla. Ya tan sólo en el single, "So What The Fuss", con sus amigos Prince y B.B. King a las guitarras, (más unas poderosas En Vogueen los coros) nos recuerda lo que es de verdad una canción, dejando en el rincón más oscuro tanta panoplia estúpida y blandengue que impera en la música negra actual.
Aún en sus horas bajas, loor y respeto a un genio de la música.