Con este post comienzo una serie dedicada a aquellos músicos blancos que a lo largo de su carrera o en algún momento de ella se dedicaron a hacer música negra, vía versiones (lo más habitual) o con material propio. La crítica musical, con esa manía tan suya de etiquetar, lo llamó en su momento Blue-eyed soul (una auténtica tontería). Lo cierto es que en muchas ocasiones los mejores frutos musicales han nacido de la confluencia de las dos razas. No es casualidad que una de las mejores canciones de la historia (Sittin' on the dock of the bay)la compusieran Otis Redding y un señor blanco llamado Steve Crooper (una de las alma matter de la inolvidable Stax). El propio Prince no es negro, sino mulato. Y como alguna vez he comentado, por mucho que le pese a los puristas, el blues, el soul e incluso el gospel no están tan distanciados del country como pudiera parecer, y no son pocos los cantautores negros que han versioneado clásicos country (Ray Charles el primero). Bueno, dejemos las disgresiones a un lado y vayamos al bife: Una buena manera de empezar la serie (cuya extensión ignoro), es con un señor de prestigio bien ganado, y que además suele versionear los clásicos de la música negra con el detalle y el nivel de autoexigencia habitual en toda su obra: Ñoras, ñores, con ustedes el gran Paul Weller, versioneando el clásico por antonomasia de la black music de los setenta.
A todos los que nos gusta la música (música, eh?, no Bisbal, ni Alejandro Sanz, ni siquiera Marlango) nos resulta evidente que las canciones (las buenas, quiero decir), nos muestran cómo sus autores (o sus intérpretes, según) veían el mundo en el momento de crearlas o interpretarlas. De forma que al oírlas, podemos en cierta forma compartir en tiempo real la visión personal que de la realidad (o de una parte de ésta) tenía su autor.
Hoy voy a poner dos ejemplos que me parecen perfectos (al fin y al cabo una excusa más para colgar canciones de soul)
Sólo alguien con una visión positiva de la vida, una fe inquebrantable en la bondad del alma y un mundo interior donde la fe (en sentido amplio) ocupa un lugar preponderante (aparte de ser un genio musical claro), puede hacer una canción tan maravillosamente optimista, brillante e inolvidable como ésta.
Por otra parte, tal vez es necesario haber sido madre a los quince años, y haber dado algunos tumbos por la vida, para poder explicar ese viejo dicho de que “a las chicas nos gustan los chicos malos” sin caer en tópicos o blandenguerías sino todo lo contrario, hacer una obra maestra en forma de canción. La verdad es que decir “eres un mentiroso, un sucio tramposo, no eres bueno para mí, pero qué quieres, nadie me ha hecho sentir como tú”, puede resultar algo terrible, salvo que se cante como esta mujer lo hacía.
Los ochenta fueron (como ya se ha comentado varias veces en este blog) terribles para la música negra. Tras la maravillosa década de los 70, la saturación que produjo la disco músico, la desaparición de los sonidos corporativos (Philadelphia, Motown, etc) y la irrupción de las cajas de ritmos, convirtieron progresivamente la black music en una sucesión de clichés aburridos e intragables, sólo redimidos por el progresivo asentamiento del rap, la magna obra de Prince y algunos destellos del sonido Minneapolis.
Pero cuando se aproximaba el final de la década, aparecieron Soul II Soul. Más que un soplo, un auténtico vendaval de aire fresco. Todo parecía natural, transparente, brillante, en este grupo cuyos cerebros eran Nellee Hooper y Jazzie B (blanco y negro por más señas). Dotados de una incontestable capacidad melódica, supieron dejar en un armario los ritmos acelerados de los pastiches de por entonces, para crear una base rítmica pausada elegante y distanciada, que inmediatamente sería sería copiada hasta la extenuación por una legión de productores de segunda división (no por casualidad se la llamó ritmo soul II soul). Los sintetizadores también fueron felizmente reubicados para sustituirlos por elegantísimos trazos de piano, cuerdas y hasta viento (sí, los vientos propios del soul clásico). Renunciaron además a tener una sola voz solista, escogiendo para cada canción de entre lo más granado del nutrido panorama de divas negras de las islas británicas .Y recuperaron los coros femeninos, envolviendo, arropando la melodía y dando cuerpo y densidad a cada una de sus creaciones.
Pero aunque combines buenas composiciones, producción de primera y grandes voces, nada te garantiza el resultado, si no se logra añadir algo que ellos tuvieron a toneladas, sobre todo en sus dos primeros e impagables LPs: auténtico estilo, inspiración para hacer monumentos funk y soul que irían directos y sin escalas a lo más alto de las listas.
Soul II Soul parecían haber llegado para devolver la gracia y el perdón a la música negra. Y yo creo que efectivamente, fue así.
Bueno, otro pedazo de historia de la black music que se nos va. Gil Scott-Heron ya no está entre nosotros. Su obra se caracterizaba por su contenido social y político y el carácter crítico de sus letras, sin embargo, eso no fue obstáculo para que supiera arropar musicalmente sus soflamas, diseñando auténticos trallazos de funky, soul y, sí, también, música disco. Dotado de una hermosa voz, su repertorio está lleno de buenas canciones, y a pesar de la dificultad del idioma para los que somos monolingües, en mi caso le tenía un cariño especial a sus canciones.
Un día descubrí que las canciones, si las usas mucho, se gastan, como los libros o las fotos. Sí, creedme, se empiezan a arrugar, sus esquinas se doblan, pierden el color original, y empiezan a ser una sombre de lo que fueron… Eso me pasó con una canción de la que usé y abusé durante años, de tanto que me gustaba. Era una balada muy sencillita cantada por un grupo un tanto particular, DeBarge. La canción era “I like it”. Los componentes del grupo eran todos hermanos, y fueron uno de los muy escasos grupos con éxito de la Motown en los ochenta. Sus canciones eran de tono pop y más bien intrascendentes, pero esta balada les salió particularmente lograda. O eso creo. Porque finalmente, de tanto escucharla al final no me decía nada, y empecé a dudar de si era o no una gran canción, o una simple melodía que se había colgado de mis neuronas, la muy tunanta.
La historia de DeBarge es más bien terrible. La Motown hizo con ellos lo que al fin y al cabo había hecho veinte años antes con todos sus grupos, es decir, hacer y deshacer a su antojo, potenciar a unos componentes e ignorar a otros, en definitiva digitar sus carreras como si fueran simples figuritas de juguete. Pero ya no eran los sesenta, sino los ochenta, y además el grupo era familiar, con lo cual estaban jugando con una cosa mucho más seria. Su epílogo fue tremendo, con dos componentes cumpliendo condena en la carcel, otros hundidos en las drogas (uno falleció), otro abrazando el misticismo… realmente triste.
Y sin embargo unos de sus vocalistas, El DeBarge, logró volver a los escenarios y hasta volver a grabar en el 2010 con buenos resultados. Rebuscando en la red encontré una actuación en directo del mismo, de hace poco tiempo, donde volvía a cantar “I like it”. Y demostraba que es un magnífico vocalista, con una capacidad para los falsetes en vivo y un dominio de sus cuerdas vocales muy difícil de encontrar en el panorama actual, en el que escuchar a una estrella en auténtico directo suele ser algo decepcionante. El vídeo tiene una pésima calidad de sonido pero lo cuelgo porque pienso que vale la pena. Fijaros, al final de su interpretación, la expresión que por un momento muestra su rostro. Seré exagerado pero parece que está diciendo "ya estoy aquí de nuevo, no me rechacéis por favor".
Además, mira tú por donde, al escucharle, la canción ha recuperado parte de su color, se ha puesto tersa de nuevo y ya la vuelvo a mirar con cariño…
Pos-post: Bueno, qué pena, la Wikipedia dice al final de su entrada sobre El Debarge: "On Valentine's Day of 2011, DeBarge's record label announced that all appearances, including a tour dubbed "Intimacy" have been postponed and that DeBarge had checked himself into a rehabilitation center, having suffered a relapse. DeBarge did not attend the 2011 Grammy Awards ceremony."
Pues sí, es una de mis debilidades, cantara lo que cantara. Ésta no es su mejor melodía (su gran clásico es éste), pero me gusta esta suave, tranquila canción.
... y aunque le quedara tan sólo un hilo de voz, seguiría reinando en la música negra. Es increíble, pero llevo escuchándolo veinticinco años y todavía, cada vez que lo oigo, descubro nuevas cosas. Cuesta creer lo que podía hacer con su voz.
El sello Motown hizo historia en la música negra, con su apabullantes equipos de composición, sus impresionantes (y anónimos) músicos profesionales, y las estupendas voces de sus cantantes solistas y grupos. Todos conocemos a su aristocracia musical: Stevie Wonder, Marvin Gaye, Smokey Robinson, The Temptations, The Supremes, etc etc, la lista es extensísima.
Sin embargo al catálogo de Motown es aun más extenso y profundo: su producción musical fue de un volumen apabullante. Y dentro de ese catálogo se puede encontrar todo tipo de (sobre todo) grupos que tuvieron (aunque no siempre) su pequeño momento de gloria, que difícilmente habrían alcanzado si no hubieran tenido detrás la maquinaria de la discográfica de Detroit. Es la "otra" Motown. Uno de esos grupos, desaparecidos en los márgenes de la historia musical, fue The Elgins. Con una solista dotada de una hermosa y cálida voz, tuvieron dos hits, que vale la pena rescatar. Oídos ahora, en esta época de hypes y sobresaturación, suenan anticuados, pausados, extraños incluso. Pero a su vez nos retrotraen al mundo evocado por todas las canciones de la Motown (siempre intrascendentes y optimistas). Un mundo, más que falso, inexistente, donde todo es melodía, euforia, ingenuidad.